Edición 364

Verborrea presidencial

PDFImprimirCorreo electrónico

Verborrea presidencialIgnoro cuál es el término que identifica el caudal de palabras inconexas y monotemáticas emitidas por una mente fuera de control. Desde hace dos días y a cualquier hora, el presidente de Venezuela interrumpe las programaciones nacionales de radio y televisión para desplomarse como una catapulta, durante tres o cuatro interminables horas, sobre la intimidad de los radioescuchas o televidentes del país.

Uno de los puntales del éxito de Chávez durante sus trece años de gobierno, consistió en su capacidad de comunicación y enganche con las masas.

De extracción popular, conoce los atajos que conducen al corazón siempre esperanzado del sector más vulnerable y marginado de la sociedad. Lo que no pudo lograr durante el abortado golpe de estado que planeó y ejecutó en 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, lo consiguió mediante un melodrama mediático donde en forma insana comparten tiempo y público palabras pertenecientes a la jerga popular, coplas picarescas, evocaciones cursis, ademanes de orilla, promesas populistas, gritos, refranes o invocaciones a figuras milagreras de la mitología popular, todo oportunamente abonado con uno que otro pasito de baile joropero, infaltables derechazos "al imperio y a la oligarquía" y expresiones desobligantes contra "los escuálidos de la oposición".

Verborrea presidencialHasta ahora esto representó una fórmula eficaz. Los rebaños de rojo y los no escasos grupos hastiados de la corrupción que lo antecedió, lo escuchaban embelesados. Pero como todo discurso precisa de la sustancia que lo acredite, su charlatanería omnipresente terminó convertida en una presencia, inoportuna para los menos e inexplicable para los más.

Además de irrespetuoso, es inhumano someter al televidente o al radioyente a esta interrupción constante de sus programas favoritos. La televisión y la radio constituyen la única diversión de un pueblo encerrado en su casa después de las seis de la tarde por la inseguridad que campea en la ciudad o impedido de salir a divertirse por falta de dinero en una Caracas donde la pobreza prolifera y el costo de la vida se incrementa cada día.

Verborrea presidencialLa cara monstruosa del presidente, su rostro que a duras penas se identifica como tal entre redondeces patológicas, contribuye a hacer más patética esta oratoria sin causa. Sea cual fuere la dolencia que lo aqueja, parece que hubiera saltado de la piel del cuerpo a la mecánica cerebral. Su conducta, más extraña que nunca, denuncia la desesperación del náufrago. Logros innegables del régimen, como el aumento de las pensiones y los recursos primarios para la salud, se esfuman a la vera de este desbarajuste colosal presente desde la protesta desesperada de los obreros de Guayana hasta el clamor sin deudos de las desguarnecidas aldeas en los puntos más remotos del mapa nacional.

Los maestros protestan y Chávez habla, los médicos se exilian y Chávez habla, Sidor y Pedevesa se hunden y Chávez habla, el hampa desbordada no tiene tiempo para contabilizar sus muertos y Chávez habla y habla interminablemente como un robot parlante o un loro amaestrado.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.