Edición 365

La hazaña de las Farc

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La hazaña de las FarcEl día de ayer amaneció nublado para el hombre en Colombia. Cuatro seres humanos cayeron abaleados sin poderse defender de la furia de otros hombres. Sus ideales de hacer justicia por manos propias dieron su fruto.

Una guerra civil que iniciaron ya hace más de 50 años ha llegado a estos resultados. José Libio Martínez, Elkin Hernández, Yesid Duarte y Álvaro Moreno han caído por culpa del silencio de los buenos y de la insensatez de los insurgentes. Todos en Colombia tenemos algo de responsabilidad con estos muertos.

También Robin Hood, romántico, tuvo sus ideales. Luchó entre los bosques de Sherwoods "con espadas y sueños. Su tarea era defender a los campesinos y pobres de la voracidad de los nobles. Con una flauta, con baladas y su arco en la espalda, se enfrentó a los poderosos de su época. Esa es la simple historia. Más tarde lo harían Gandhi, Luther King y otros. Y consiguieron resultados con poesía, silencio y amor sincero. Ellos no utilizaron cañones, ni aks47, ni cilindros de gas para asaltar bancos ni poblaciones inermes.

El corazón se revuelve y el hígado, escuchando desde más de 50 años la cantaleta vieja de que las armas nos darán la libertad y que el odio hará lo que no hacen el gobierno, el congreso y las autoridades en un país. El buen Camilo Torres, se quitó la bata negra y la cambió por un fusil de boca de hierro. El buen Fidel encerró a su pueblo en una isla de cristal y la aisló del mundo. El buen Stalin regó más sangre y no pudo cambiar el rumbo del planeta. Más hace la miel que el vinagre para atraer las moscas.

El obispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve lo dijo hace unos días. La sal que se echa sobre la sangre que sale no es un buen remedio. Parece que el león herido, como el toro de lidia, es más peligroso que cuando duerme en la selva. La muerte de los dirigentes con bombas y sorpresas no es el gran remedio para curar el mal. La guerrilla pareciera que le está poniendo precio a la baja de sus jefes y a la caza de sus miembros. La guerra nunca ha dejado satisfechos a vencedores ni a vencidos. La violencia es mala desde cualquier óptica que se mire.

Ni el gobierno puede ponerse a cantar victoria con sus gestas de Odiseo, Orión o como se llamen. Ni la guerrilla puede seguir diciendo que lucha por el pueblo cuando secuestra o cuando abalea mujeres, niños, poblaciones pobres. Mostrar las fotos de los muertos, poner las cabezas de los vencidos ensartadas en un palo es costumbre de los bárbaros antiguos y conquistadores ingratos de recordar. Regar con sal la tierra que pisan o bombardear sus campamentos desde los tucanos. El gobierno legal no puede asimilarse a las tretas de los enemigos. Enemigos hermanos. Enemigos humanos. Esto más bien parece un negocio redondo de armas con escaramuzas sin sentido.

Robin Hood ya dejó de ser quien una vez defendió sencillamente. Ya los nobles no existen en nuestro medio ni el país soporta la inequidad. Esa es la verdad. La democracia, la igualdad, el respeto mutuo es la canción que todos entendemos. La guerrilla debe entender que las fieras no pueden ser carneros ni carne de cañón. El Gobierno no puede ser otra guerrilla más grande que use la inteligencia para asemejarse a los forajidos de antaño. Hablar sin máscara, sentarse a la mesa, conversar sin esconder las intenciones es la única forma de entenderse entre humanos.

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