Edición 365

La brecha entre pobres y ricos es más que un abismo

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La brecha entre pobres y ricos es más que un abismo¿Cuántos pobres hay en Colombia?, le preguntamos al Dane. Seguramente la respuesta está de acuerdo con el dato de la inflación. O con el índice de los Precios al consumidor.

Nos dirá que en Colombia los pobres no llegan a los dos dígitos sobre el porcentaje del número de habitantes en el territorio. Nos tratará de embolatar diciendo que los ricos son el sector más productivo. Que los pobres no producen sino que significan un gasto porque el gobierno emplea demasiados recursos en ellos. Que las carreteras están en muy buen estado pues los pobres no viajan en avión, que los hospitales cubren cualquier enfermedad de modo integral y que los alimentos no suben absolutamente durante el año. A lo más un 0.14. Y que los pobres también van a la Universidad porque tienen ese derecho.

Y echará las cuentas de estos gastos: Para los pobres el Estado gasta en Salud, en Vivienda, en subsidios de Acción Social, en Educación gratuita en preescolar, primaria, bachillerato, en restaurantes escolares. Ah, y en premios para quienes obtienen medallas en campeonatos mundiales. Y en empleos decentes por medio de las cooperativas y bolsas de empleo. O, por lo menos, les ayuda a conseguir un carrito para vender helados o chicles o baratijas sobre un metro de tela en la calle y que no los persiga la Dian y la policía para quitarles su modo de ganarse la vida.

Sí, como no. ¿Será que un pobre se gana aunque sea el mínimo? Será que con su caja de chicles y dulces atada al estómago consigue recoger al fin del día, de a cien pesitos, la cantidad de diez mil pesos y devolverse cansado a su covacha donde lo espera su mujer y sus hijos? Diez mil por día, sin descanso, con una aguadepanela por desayuno, le pueden rendir al mes unos 300 mil pesos. ¡Noventa menos que lo que dijo un representante a la Cámara que le bastaría a él para sostener su familia, con su mujer y dos hijos! Con eso hasta pueden ir a la Javeriana o a los Andes, – ¡ni a vender cigarrillos frente a sus puertas! -.

Esas son las cuentas que no dicen los padres generosos de la Patria en la campaña para que los pobres les den el voto. Solo les mandan con alguien un tamal y 20 mil pesos y ya obtienen el favor ciudadano. La verdad es que mientras un parlamentario recibe en dietas y auxilios más de 22 millones de pesos al mes, gana 41 veces más que lo que devenga un obrero en su salario mensual legal mínimo, menos lo que le descuentan para pensión y salud.

La distancia es más lejana que la de un rey a un mendigo. Y los empresarios y el gobierno están pregonando que este es el país de la prosperidad y que en Colombia hay una democracia y una economía envidiables.

Estas son las noticias-regalo de Navidad que nos trae la prensa. Después de que Anif y la Andi habían anunciado que irían a avalar un 5% de aumento en el salario mínimo hoy se han arrepentido y ofrecen un 4.75% para bajar la propuesta del sindicalismo que pide un 8%. Con tantos años de levantarse de la mesa, no se ha aprendido en Colombia a negociar. Y ya vendrá el decreto que sabemos y la pataleta. De nada sirvió que el Vice dijera "si a las empresas les va bien, es apenas natural que a los trabajadores también". Ya el Banco Popular dio una pauta: aumentó el 7.5% a sus trabajadores que iban a entrar en huelga.

No hay tierras suficientes para producción agrícola, no hay industria propia pujante, la balanza comercial está en un punto muy bajo para las exportaciones de productos manufacturados. Ni siquiera el café. Sólo figuran el petróleo, el carbón, el níquel, el oro, el platino, casi en manos extranjeras. Y el empleo es raquítico y mal pago. La distancia entre los pobres sin dinero en el bolsillo, sin educación ni tierras y los ricos, un 7% de la población en Colombia, es inmensa y deplorable.

*Miren y lean: http://www.eleconomista.es/economia/noticias/3582864/12/11/2/Los-ingresos-de-los-espanoles-mas-ricos-son-once-veces-mayores-que-los-de-los-mas-pobres.html

http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-315168-industrializacion-un-espejismo

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