Edición 353

Petro para Bogotá, gran Ciudad-Estado

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Petro para Bogotá, gran Ciudad-EstadoEl 30 de octubre Gustavo Petro recibió el voto de miles y miles de ciudadanos que sentían hervir su sangre ante el descalabro del gobierno de Samuel Moreno. Y porque Bogotá es el termómetro de lo que sucede en todo el territorio nacional, este hecho se convirtió en un fenómeno que todos miramos con esperanza.

Petro llega al palacio de Liévano no por el voto de sus partidarios, no por el voto de los exintegrantes del M19. Más de medio millón de habitantes de esta metrópoli latinoamericana ofrecieron su confianza a quien se atrevió a oponerse al expresidente Uribe y mostró sagacidad, firmeza y contundencia en sus razonamientos y propuestas en los debates públicos. Los ojos de Colombia han estado puestos en cada movimiento del exsenador ahora alcalde electo.

Gustavo Petro encuentra a la ciudad como una cacerola de huevos revueltos y podridos. Por todas partes cebolla, ajo, tomates, huevo y hasta uñas. Las calles repletas de huecos y de carros, las finanzas desordenadas con un cabildo que se autodestroza, con unas empresas de servicios ineficientes, con un desarrollo urbanístico caótico, con unas instituciones cuestionadas y clientelistas.

Con una belleza parecida a la Florencia en los tiempos de los príncipes y unas barriadas parecidas a los suburbios de la Roma de Nerón. Faltaba solo un Catón censor, un hombre de costumbres adustas, transparentes, de ideas claras y voluntad de hierro. Que no le temblara la mano ante la rienda del caballo brioso que son sus contrarios. Y Petro se comprometió a serlo.

Difícil tarea para este hombre, padre de una familia corriente, para un batallador sin más armas que su palabra y su ejemplo. Sin más amigos que el pueblo-pueblo porque las mal llamadas castas políticas solo esperan caerle en un momento de descuido. Le saldrán salteadores en su camino, porque esa es la señal de la política.

Petro deberá cuidarse de no convertir la Alcaldía en un fortín de sus excompañeros de lucha. No deberá tener como consejera a la medrosa Prudencia. Más bien, deberá oír siempre a la señora Osadía. Deberá aprovechar este momento de efervescencia y calor, como lo hizo Lula en Brasil. Es la oportunidad que no encontraron Gaitán ni Galán para ayudar a una población tan manoseada y sufrida.

Ya han comenzado las zancadillas. Sus directrices, sus decisiones han de ser muy bien pensadas. Nadie le conoce sus consejeros, pero deberá tenerlos y de seguro que tendrán que ser muy capaces. La Osadía tiene sus riesgos, sobre todo en economía, pero no será improvisada ni pecará de precipitada. En todo caso, deberá ser diferente del dejar pasar y dejar hacer a que nos tenían acostumbrados.

Vendrá en 15 días el inicio de su mandato. ¿Será que veremos muy pronto unas calles fluidas, una ciudad ordenada y segura, unas instituciones eficientes con unos verdaderos gerentes, como la EPM paisa con servicios integrados? Bogotá se lo merece y Colombia esperará con ilusión que llegue este primero de enero y se empiecen a cumplir unas promesas por primera vez en la historia, sin que aparezca la cola del lobo del clientelismo y la mentira.

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