Edición 353

Los recuerdos y los sueños

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Los recuerdos y los sueños "Todos tenemos una máquina del tiempo.

Lo que nos lleva al pasado son los recuerdos.

Lo que nos lleva al futuro son los sueños."

Alexander

El tiempo nos gobierna, es la hipótesis que plantea Alexander a Emma, a Mara y al Holograma detrás del muro de la Biblioteca ultramoderna, después del robo del anillo azul y el disparo del ladrón que le arrebató la vida a su prometida en el Parque junto a la imagen del ángel de la muerte. Es la escena escalofriante repetida que nos presenta la cinta de La máquina del tiempo de Simon Wells.

Todo puede suceder en un instante y podría pensar cualquier científico o soñador que un instante no puede servir de base a la pérdida de su amada. Un instante es insignificante a los ojos de un filósofo, de un matemático, de un mercader o de quien tiene un revólver en el momento del forcejeo. No se alcanza a pensar, a valorar una vida o el amor que unos momentos antes se había consolidado.

¿Por qué una empresa floreciente puede caer en la quiebra por una transacción mal negociada en un instante de ceguera financiera. ¿Por qué hay sucesos, como la primera guerra en 1914, que se encienden o se apagan con la muerte de una persona? ¿Por qué el hombre no puede reversar, como dice la ley, un hecho a su situación anterior, cuando este se invalida por la muerte? A más no poder, se ordena indemnizar.

Somos unos esclavos del tiempo mientras estamos sobre este planeta, aunque no existiera el reloj. Podemos estar besando la mejilla de carmín de una doncella y exhalar el último suspiro sin que el reloj marque la hora. El amor, las promesas volarán de inmediato hacia la región de los recuerdos y de allí ya nadie los podrá hacer regresar hacia el presente. El ingenio del humano no ha fabricado hasta ahora otra máquina más potente que el tiempo que traza una línea separatoria entre el pasado y el futuro.

La Historia se ha encargado de guardar en una caja la imagen de los recuerdos y los ha recogido en libros. El cine y la fotografía han guardado imágenes desgonzadas de hechos y seres vivos en su nacimiento o en ocasiones singulares. Pero no han podido competir con el inexorable tiempo. No han podido revertir a la realidad

presente a esos cuerpos con carne y hueso, cejas y venas con sangre en ellas, sonrisa y carcajada. Todo ha quedado en el puro y mero recuerdo.

Más cerca está el tiempo de hacer realidad los sueños. El soñador sobre un sillón o en su lecho podrá intentar escaparse de puntillas del tiempo para meterse como Alicia en su sueño dentro del espejo. Mas el tiempo estará presente en la oscuridad marcando los linderos entre la realidad dormida y la mente que delira. Sin embargo, no será tan tirano e inexorable y le dará plazo al soñador para que dé forma y vida a sus utopías y al poeta en su intento de insuflar un mundo en el poema.

Mientras gozamos de millones de instantes y el tiempo corre es posible amar, viajar, caer y levantarse, planear, soñar. No podremos atrapar ni un minuto ni prolongar la dicha o repetirla al otro día. Sin embargo, el tiempo sigue siendo un tesoro dentro del cual vivimos y tendremos que hacer el pacto de esperarlo y compartir con él nuestros amados sueños.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.