Edición 371

Dragón y Año Nuevo

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Dragón y Año NuevoLa República de China está iniciando otro año. El Dragón tradicional, que anda vestido de amarillo y rojo, sobre hombros y pies de hombres, está corriendo por el imaginario del pueblo y del mundo. Es su símbolo cultural. Evoca a todos los elementos de la Naturaleza, prosperidad en la economía, la familia, la fuerza y la alegría.

La presencia del Dragón, como la serpiente, para ellos es de buena suerte. Será por eso que en la foto reluciente no lo vemos encabritado, con la lengua afuera y echando llamaradas de fuego amenazantes.

La imagen que la publicidad ha lanzado a los medios muestra al coloso Dragón con un cuerpo fuerte, acerado y amedallado, con una cresta roja y con barba respetable. Su continente es grave y sereno y mira hacia adelante como avizorando el porvenir. Su boca está cerrada, sin apretar los dientes y sus ojos brillan en la noche como los luceros. No tiene brida. Está suelto y da la sensación de que a su ritmo también marcha toda su Nación como un monstruo con orgullo.

China es hoy un pueblo que ha ido evolucionando después de la Revolución en Marcha que pregonó Mao. Aunque sus condiciones sociales tienen profundas diferencias con las occidentales, es la Nación más floreciente del planeta. Su economía es la mayor del mundo, es la potencia más sólida y posee riquezas culturales e industriales, ciudades enormes y su población sobrepasa en mucho a la de cualquier país del mundo.

En verdad, China es un gran Dragón que ha invadido el comercio, la construcción y la banca. A donde uno dirija los pasos o la mirada, allá encontrará las huellas y los ojitos rasgados inconfundibles de su sello. Made in China ve uno en vestidos, zapatos, gorras, Ipads, móviles, memorias, chips y hasta en el fondo del plato de la sopa.

Vemos asombrados cómo construyen hoteles de 30 pisos en un mes, con prueba de sismoresistencia y vías de trenes en grandes longitudes, en un año. Sube uno a un bus, a un tren, a un metro y miles de chinos van con sus bolsos cargados a la espalda o comen las galletas, arroz y bebidas que cargan desde su país. El gran cuerpo de miles de millones de habitantes de ese país asiático en forma de dragón tranquilo camina enfrente de nosotros y nos agarra la mano y se nos mete en los hogares.

China ya no es ese país de parias y desarrapados que nos mostraba la radio allá por la época de Stalin y la Cortina de Hierro. La imagen del enorme tanque en Beijing con un niño atravesado que pedía apertura y libertad pareciera que ha mejorado. Ya el Dragón rojo y de cien pies ha morigerado su brazo, y sus agallas las ha enderezado hacia la producción y la venta de vehículos, manufacturas, ropa, comida. Es un gigante que se mueve y ha llegado pujando a la cima del poder económico. Su moneda, el yuan y el jiao, es fuerte aunque las bolsas de Occidente no la mencionan mucho.

El Dragón se ha puesto vestido de hombre de calle, de joven industrioso, de empresario boyante y anda con su cuello ondulante y paso decidido. Shanghái, Hong Kong, Beijing, Shenzhen, Tianjin, Chengdu, Qingdao nos muestran el poderío y pujanza de sus torres y sus gentes. En el cielo brillan luces de bengala y juega rondas la pirotecnia.

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