Edición 365

Queremos tanto a Gloria

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Queremos tanto a GloriaApreciada Gloria:

Como la Glenda cortazariana, el perfeccionamiento de Gloria nos perfecciona y perfecciona al mundo. Y le ruego no tome esta cita un tanto paródica como una ironía, porque las ironías desde antes de nacer tienen como destino el alma y concretamente herir el alma, que es muchísimo más sensible que el cuerpo.

De eso me cuido. La cita, le aseguro, es un pequeño homenaje a su poder creador, a la inimitable y sabia arquitectura de sus frases que en cualquier materia se ajustan de modo perfecto y bello a las ideas y a la intención expresiva.

Pero voy a la materia de mi carta. Vivo agarrado con todos cuantos me envían esas historietas lacrimógenas, como esta del niñito hambreado que vive una realidad opresiva. Sospecho de ellas que tienen una infraestructura fantástica (en este caso, quiero decir mentirosa) con un propósito maniqueo: seguir parcelando el mundo social e ideológico en dos únicas mitades: nosotros los buenos, los de la izquierda. Y ustedes los malos, los de la derecha. La teoría moderna del discurso habla de la ilocución y aunque mi ignorancia al respecto es casi enciclopédica (y vuelvo a Cortázar), alcanzo a vislumbrar que el creador no puede evadirse de sus propios propósitos literarios y extraliterarios.

Pero en cuentillos muy bien ilustrados como este, el creador no solamente tiene intenciones discursivas. Es ambicioso. En el fondo, con un mínimo esfuerzo se le rasga el velo: desea manipular nuestra sensibilidad, nuestra compasión, llevarla de aquí para allá, en un vaivén bien calculado para al final proporcionarnos la gran cucharadilla: los ricos son unos h.p., todos los pobres son buenos, la culpa es del sistema, etc, y mil etcéteras más.

El discurso de izquierda ha insistido tanto en estas posturas, y ha sido tantas veces refutado por la realidad, que cuando uno se tropieza con ellas, no puede evitar un sentimiento de náusea.

La izquierda, aun cuando dice beber en las fuentes ideológicas de mayor contundencia dialéctica (desde las de Hegel hasta las de Fidel), en sí misma adopta un porte petrificado: no cambia, su vocación por estas visiones sectarias de la realidad es más un tópico religioso que una propuesta racional. Nuestra patria, Gloria, se desangra bajo los auspicios del catecismo marxista y los cánones de Harvard, el neoliberalismo y también etcétera.

La democracia, esa que Gustavo Petro en sus buenos tiempos calificaba de "burguesa", ofrece algunas posibilidades de remediar situaciones como las del cuentico informático de marras. No obstante, dejando de lado el pesimismo de los fundamentalistas marxistas, no será fácil el logro de esas banderas. Pienso siempre que la presión de las bases populares y un cierto liderazgo de la clase académica consciente, pueden hacer avanzar nuestra democracia hacia excelentes conquistas sociales, sin tener que asesinar miles de personas.

Queremos tanto a GloriaCreo no equivocarme al recordar que Cuba, para dinamizar su estancada economía, ha tenido que permitir granjitas particulares capitalistas; el dogmatismo nacionalizador de Mao en China, debieron cambiarlo por vulgar capitalismo exportador. Y ay, me parece que fue ayer cuando Ortega dijo en Nicaragua que iba a crear unos kibutz donde todos trabajarían en beneficio de sus prójimos. Que les dé tantico la espalda y verá que ya están los antiguos sandinistas trabajando en beneficio de su billetera.

Para mí lo básico es que en Colombia ya arrancamos con una democracia, defectuosa es innegable, pero como la realidad es tan terca (insiste a cada instante en no comportarse según el catecismo izquierdista), ella a cada momento histórico dice y dirá cuál lucha –no necesariamente legal pero pacífica—hay que librar para solucionar en orden prioritario nuestras problemas.

¿Usted está en Venezuela? Trasmítame su visión de la realidad de allá y confrontamos. En el ínterin, le envío un ejemplo de historietas testimoniales mías, que va a publicar en una antología la ACE. A ver qué opina. Un abrazo para mi reina.

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