Edición 371

A la carga, fue el grito de Gaitán

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A la carga, fue el grito de GaitánHace ya 54 años que una o tres o miles de balas mataron a Jorge Eliécer Gaitán. Eran tantos los odios y los rostros que lo aborrecían. Aunque detrás de él estaba la multitud que lo seguía como perro faldero.

Gaitán fue algo así como un dandy, un galán criollo. Como pudo ser en Inglaterra Oscar Wilde. Elegante, de caminar erguido, de verbo fulgurante y puño cerrado. De ruana o de camisa blanca almidonada, de mirada limpia y sonrisa franca, con el pantalón de paño arremangado en una cancha de tejo. No importaba si estaba en el Hotel Temel o en el Granada, en la tienda de la esquina tomando una Bavaria o en el mercado dominguero de Soacha comiendo morcilla acompañada de chicha de maíz.

Así, al salir de su oficina en la carrera 7ª con 8ª lo vio Roa, con el estómago listo para el almuerzo y los pasos decididos para el discurso en el Faenza. No tuvo compasión y le descargó por tres veces el cañón que tenía preparado. Como lo hacen los sicarios. Sin pensar, amaestrados para maldecir, voltear la espalda y salir corriendo acobardados.

A la carga, fue el grito de GaitánGaitán, el abogado criminalista, el tribuno encendido e incendiario, el humanista cundinamarqués, murió por su pueblo a los 45 años. No le alcanzó la vida para brindarla en el plato de la Presidencia de la República a sus descamisados a quienes amaba." El gobierno colombiano tiene la metralla homicida para el pueblo y la rodilla puesta en tierra ante el oro americano". "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal." "El pueblo es superior a sus dirigentes". "Yo no soy un hombre, soy un pueblo". "El pueblo unido jamás será vencido". "Si avanzo, seguidme. Si me detengo, empujadme. Si os traiciono, matadme. Si muero, vengadme", fueron las oraciones que más predicó en sus giras y concentraciones en plazas y teatros.

No fue arriero antioqueño ni fue herrero pero llevó siempre en su mano el zurriago para fustigar a la oligarquía y para marcar la cara a quienes robaban el erario. Su garganta no tuvo descanso ni su voz calló para tronar contra la inequidad social y la explotación de los trabajadores o para defender el patrimonio colombiano como en el caso de las Bananeras.

Los políticos de su época lo apartaron de su compañía y lo vetaron para participar en la IX Conferencia Panamericana que se celebró en marzo, un mes antes de su sacrificio. Se estaba tramando ya el castigo mortal por estar de lado del pobre y hambriento.

A la carga, fue el grito de GaitánDespués de tanto tiempo, hoy se están abriendo las puertas para la VI Cumbre de las Américas en Cartagena y las palabras y puño de Gaitán se asoman por entre las murallas: "Un pueblo no se construye con balas, pero si se destruye con hambre".

Su gesto, su legado y su talante enhiesto seguirán siendo un símbolo vivo que recuerde que la sangre de un mártir que murió por salvar la democracia, no puede quedar en el olvido. Gaitán ahora sí debe ser invitado de honor en esta VI Cumbre panamericana y sus peticiones de equidad deberían ser postulados necesarios en las conclusiones del certamen.

En: http://es.wikipedia.org/wiki/Bogotazo

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