Edición 365

Operadores semánticos, hombres de palabra

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Operadores semánticos, hombres de palabraComo trabajadores de la palabra, no podemos dejar pasar este 23 de abril sin mencionar el Día del Idioma. Porque los periodistas somos operadores semánticos fundamentales en el proceso de convertir los hechos en noticias.

Los hechos son independientes de la noticias porque existen de manera objetiva mientras las noticias necesitan la intermediación del operador semántico para alcanzar esa condición: un bus accidentado, con 40 personas a bordo, es un hecho que solamente se convertirá en noticia cuando sea objeto de intervención por parte de un operador lingüístico.

Los falsos positivos existieron, fueron una realidad desde el momento de la comisión de los crímenes pero solo se convirtieron en noticias cuando fueron objeto de una operación lingüística. Del mismo modo, algunos hechos se convierten en noticias que no corresponden con la realidad, porque sufren manipulaciones derivadas de la extorsión, el chantaje, las amenazas, la desinformación o simplemente la autointimidación; o la gratificación del operador por la fuente de información. Por eso, muchos hechos no evolucionan a noticia o alcanzan la condición de noticias amañadas que, naturalmente, son un aborto del Periodismo y una violación del derecho a la información.

Miles de historias de la vida cotidiana, anecdóticas o dramáticas, y muchos actos de corrupción, no alcanzan a ser conocidos por la opinión pública, pues los operadores semánticos se abstienen -de manera

voluntaria o forzosa, y motivados por distintas causas- de efectuar la conversión de tales hechos en noticias. La tradición oral de los pueblos campesinos e indígenas, rica, asombrosa, llena de mitos y leyendas, se la traga la selva para enriquecer su inescrutable enigma a causa del poco atractivo económico que representa para los operadores semánticos.

El apostolado de la palabra es y será siempre la simiente de la vida porque ella crea, propone, dinamiza los pueblos y los salva de la infamia de la mentira y el engaño. Y su antagónico, el silencio, es la muerte porque es la sombra de la complicidad, llavecitas, que prospera el mal. Somos operadores semánticos y debemos ser fieles defensores de la verdad en el proceso de conversión de los hechos en noticias, porque, de lo contrario, seremos como un sembrador que se come el grano y no lo siembra.

Y, además de simples operadores lingüísticos, debemos desarrollar un espíritu de premonición del peligro y mantener contacto permanente con las letras para pulir nuestros elementos de comunicación de tal forma que no solo seamos verdaderos sino claros, vehementes, amenos y brillantes. La palabra debe brotar de los labios o de los computadores con valentía, pero del mismo modo con belleza reveladora, pues al fin y al cabo la verdad es como una rosa púrpura, de aquellas que un día le llevamos a nuestra enamorada.

Asimismo, la palabra denunciadora debe tener su dosis de energía impetuosa y apasionada para ofrecer algo así como una caricia brutal sobre el rostro enmascarado de la mentira reiterada de quienes manipulan los hechos e intentan, con algún éxito, convertir las mentiras en verdades, para lo cual utilizan a muchos operadores semánticos traidores, incapaces, pusilánimes o veniales.

Aunque el deber de este momento histórico es la denuncia, muchos operadores practican la lisonja y entonces la gente dormida es encadenada a prototipos ideológicos que, inevitablemente, la llevan a amar su propia cadena, su desgracia, su muerte. Es la semilla del conformismo, más peligrosa e infame que el silencio.

Porque la humanidad está afligida, porque el hambre y las injusticias campean en todos los rincones de la patria, porque la bandera rojiblanca y estrellada ya se izó en nuestras propias narices, acudamos a la palabra:

Porque somos hombres de palabra, escribámosla correctamente.

Porque somos hombres de palabra, hablémosla con propiedad.

Porque somos hombres de palabra, ¡hagámosla cumplir!

PD: A propósito de quienes trabajamos con la palabra, durante una batida rutinaria que adelantó la policía hace algunos años en Florencia y ante mi ya famosa condición de indocumentado e indisciplinado feliz, los "tombos" me preguntaron: "Usted qué hace?"...todo lo que sea posible con las palabras, les contesté. Pero como no entendieron e interpretaron mi respuesta como un irrespeto, me golpearon abusivamente.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.