Edición 353

¿A qué brujo acudir en caso de que la no suerte no esté con nosotros?

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¿Dónde encontrar el brujo o la bruja que dé en el clavo con el sortilegio, la invocación o el rezo para que todas las fuerzas del universo se alineen a favor de lo que cada perdido ser humano del planeta quiere? Y esto me lo han dicho muy buenos brujos y brujas: dentro de uno mismo. Allí habita el mejor de los brujos.

Ahora, en el reino de los brujos y las brujas hay de todo: los que leen el tarot, el chocolate, los que hacen baños, los que  sólo soplan su aliento en el oído. En San Andrés  Isla,  Colombia, mucha gente conoció al “Brother Pepa”, quien desde su cabaña en San Luis, rodeado de muchos hijos y nietos recetaba plantas medicinales, tiraba los caracoles y le regalaba a sus consultantes una pepa (semilla), símbolo de lo que siempre está por germinar.

Fue amigo de Simón González gobernador de la isla, que logró organizar un congreso latinoamericano de brujería. Este es un buen ejemplo de brujo, que su humildad de pescador y de hombre esencial le era bendecida con la clarividencia.

En Cali, Myriam Barragán ha consagrado su vida a ser profesora de las zonas marginales de la ciudad y sacar adelante una fundación que trabaja con niños de la calle o a cuyos  padres se les dificulta mantenerlos y darles educación.

Recuerda que por su don de colocar o imponer las manos donde se alberga un dolor y sanarlos, dice ella que vivió lo peor de los tiempos de la inquisición, en el siglo 17,  cuando fue perseguida por “bruja” y le abrieron un proceso disciplinario. Ahora, afirma, es cosa del pasado y hoy con su hermandad de sanadoras consagra sus mejores horas al cuidado  y la enseñanza a los 25 niños de su fundación llamada “Brazos abiertos”.

En esta misma ciudad hace su peregrinaje un medico: Baltazar Mejía, que después de largas jornadas de convivencia con los “mamos” de la Sierra Nevada de Santa Marta  ha  logrado investigar alternativas para la curación de las personas a través de la imposición de manos y la toma de la orina, que hoy en día se trata como un movimiento mundial denominado la Biosalud.

Este medico con especializaciones en Estados Unidos, para los ojos de extraños puede tener más pinta de santo o de brujo. Y en esta fiesta de brujos y brujas, que si se mira bien no son más que personas que como gurdijeff  (el  de “encuentro con hombres notables”)  van tras las huellas de lo esencial en la existencia.

También están los tarotólogos. Laura Ossa,  quien desde niña se escondía con sus cartas, porque lo consideraban “obra del demonio”, hoy es lectora del Tarot, y desde su tienda “Dargentum”, en Bogotá, exactamente en el centro comercial Hacienda Santa bárbara lee el tarot, los vende y resume  todo su don como un sencillo acto de conocimiento constante de sí misma.

En este número trece de El Buque de Papel, en el que la suerte de ustedes los lectores y la de nosotros está echada, es decir cada quien anda aplicado a lo que mejor sabe hacer, los estamos invitando a que nos manden noticias sobre esta clase de brujos y brujas, para que los echemos a la hoguera en una sociedad que por su estrechez mental no entiende que el conocimiento que Occidente se ufanaba de poseer, es posible recuperarlo en un acto liberador  o iniciático, el cual sucede  en el instante de la lectura del Tarot, en un rezo profundo y confiado, o en la visualización de una imagen que abre puertas: las del conocimiento interior y del mundo en el que navegamos.