Edición 364

“Hubo exceso de celo en nuevo Plan Decenal Educativo de Colombia”

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Siempre se ha dicho que uno de los medios de ascenso social, al menos el más legal, es la educación. En Colombia se sueña con un país en el cual la educación, gratuita y de buena calidad, esté al alcance de todos. Se piensa en ese día en que estudiar no implique que la familia tenga que hacer grandes sacrificios económicos y no tenga que poner en una misma balanza colegio y comida y escoger cuál pesa más.

 Pensamientos oníricos y un tanto utópicos si vemos que en la realidad colombiana el analfabetismo llega a ser del orden del 8.6%, lo que indica que más de tres millones y medio de colombianos no saben leer ni escribir, en una era en las que las telecomunicaciones, se supone, están al alcance de todos.

Mejorar en temas como cobertura, calidad educativa, acceso y permanencia en el sistema de educación, uso de nuevas tecnologías de información, entre otros temas, fueron tratados por una comisión de colombianos que fueron invitados por el Ministerio de Educación Nacional, para diseñar un plan que guíe los destinos de la educación en Colombia durante los próximos diez años.

En este grupo de personas denominados “comisión de Sabios” – ¿cómo Caldas?- tuvo la oportunidad de participar otro Francisco, no el sabio prócer, sino Piedrahita, actual rector de la Universidad ICESI, de Cali.  El rector no es botánico, como Caldas, pero sí Ingeniero industrial. Además del nombre coincidente, ambos pensaron en su momento en lo que debería ser la educación y las posibilidades de trasformación social que puede tener un país que educa a su pueblo. El Buque de Papel habló con Piedrahita para conocer su postura frente al denominado Plan Decenal de la Educación, en el que está embarcado el Gobierno.

-Concretamente, ¿qué es el Plan Decenal de Educación?

El Plan es un mandato legal que dice que se debe elaborar una bitácora cada diez años para orientar la educación en Colombia. Tiene una característica que hace que el nombre de “plan” sea un poquito exagerado, en el sentido que es una guía indicativa. Entonces, eso es ya una contradicción, porque los planes son planes; un plan indicativo es más una recomendación al Estado –no al gobierno, porque es de cuatro años, y la aplicación del plan es de diez- para que lo tome el gobierno de turno y los departamentales y municipales. El plan debe ser participativo, y este lo fue. Lo que hicieron esta vez fue crear una estructura. La gerencia del Plan Decenal estuvo a cargo de Juan Manuel Vélez, y él, con su equipo de asesores, fueron los que se encargaron de impulsar el plan apoyándose muchísimo en el uso de tecnologías por Internet.

-¿Cómo fue la dinámica de construcción del plan 2006-2015?

Hubo varias etapas. Una primera, donde nos invitaron a diez personas, que resultamos ser once, para producir un documento, cada uno por su cuenta, de lo que consideraba los diez retos más importantes de la educación en Colombia durante los próximos diez años. De allí salieron entonces esos documentos, y por trabajo del grupo del plan decenal, se escogieron unos diez temas generales para plantear una discusión virtual que se dio entre octubre de 2006 y enero de este año. La discusión se hizo por Internet, se pusieron las propuestas, se expusieron e invitaron a instituciones a participar, y llegaron de todo tipo, empresas, universidades, diferentes sectores, todos aportando, comentando, criticando.

Después de eso vino otro paso que fue, con base al texto inicial –resumido y debatido- hacer una selección de lo que se llamaron “los diez temas finales”, para la elaboración del Plan. Ese proceso también tuvo muchas etapas, que pasaron desde la conformación de mesas de debate plan, de unos propósitos, de unos objetivos específicos con respecto a los temas tratados, unas metas y unas conclusiones, hasta foros que se abrieron por internet y unas consultas telefónicas,  con apoyo el de entidades estatales y privadas. Esas conclusiones se consignaron en documentos y se debatieron en una Asamblea Nacional, de cuatro días de duración, con reuniones específicas y grupos de 30 personas en cada una de ellas.

No obstante, el resultado final terminó siendo una cosa demasiado larga, extensa, difícil de presentar, difícil de digerir, con muchas repeticiones. Es una construcción “a miles de manos”, que hace que las cosas sean imperfectas, pero muy ricas al mismo tiempo, como la de la participación amplia.

-¿A esa participación amplia se debe la densidad del texto?

Sí porque se vuelve una negociación. Usted no se imagina lo que significa negociar una frase entre treinta personas en una sala y después para llevarlo a la plenaria con 120. Todo el mundo quiere una palabrita, o esto que me gustó a mí, y en mi opinión, hubo una insistencia de los organizadores excesiva en la palabra consenso, que tiene cierta contradicción porque en el plan se enuncia eso que se llama consenso, pero que en realidad es una suma de disensos. Construir consenso entre 120, 100 u 80 personas en ocho horas es simplemente imposible y ese fue el problema al final, porque se le restó mucha neutralidad al gobierno, al ministerio y a la gerencia del proyecto.

-¿Se puede hablar de neutralidad cuando se quiere ser políticamente correcto y dar cabida a tantas cosas y es tan marcado que se quieren incluir todas esas cosas y darle participación a todos?

No sé si la expresión es “políticamente correcto”. Prefiero hablar de “exceso de celo” en la búsqueda del consenso; la búsqueda de consenso, cuando es en tiempos muy cortos y en grupos tan grandes y diversos, se vuelve el derecho al veto.

CALIDAD EDUCATIVA

-Un tema que usted plantea es la calidad en la educación, ¿se puede hacer una diferencia entre ver la educación como una empresa, en términos administrativos, y verla como un negocio en el que todo se vende o todo se reparte?

Más que negocio es negociado con los recursos públicos. Yo con la palabra negocio no tengo problema, porque los negocios pueden ser legítimos; lo que pasa es que negociar con la plata pública sí está prohibido, es antiético  inmoral y eso es lo que han hecho muchos. También hay mucha “contratitis”. Un buen ejemplo es el de Medellín, cuando en una semana el alcalde de la ciudad, Sergio Fajardo se sentó su Secretario de Educación por comunas, con todos los rectores de las instituciones educativas, y revisaron logros, vieron los más enredados, los casos de éxito, firmando con cada uno planes de mejoramiento de las instituciones educativas; eso es liderazgo, eso es darle importancia a la educación, atacar los problemas por donde hay que atacarlos; pero aquí, en Cali,  no ocurrió. El titular de la educación jamás se le ocurrió reunirse con los profesores y hacer planes de mejoramiento.

Además, las cosas no se van a cambiar si la sociedad no es consiente del problema, de la oportunidad, y de la educación, como una gran oportunidad de movilización social, de transformación social y económica. Hoy, todo el mundo cree que la educación es buena, pero no entiende la diferencia entre educación de calidad y la de por salir del paso. Me aterran las encuestas que hacen en Cali y siempre toda la sociedad califica entre bien y muy bien a la educación. Debería ser al contrato, porque lo que hoy se entiende por educación es de mala calidad. Aquí hay un problema de estándares dentro de la misma sociedad, que no tiene un buen punto de comparación.

-El plan anterior fracasó porque los gobiernos no hicieron caso a las recomendaciones consignadas en el documento ¿cómo hacer para que con este nuevo plan no suceda lo mismo?

Una de las preocupaciones con el plan de ahora es qué pasará. Se habló de mecanismos de seguimiento, pero también es un tema complejo porque es la misma sociedad la que debe empoderarse de hacerlo. Hay varias ideas: una idea es montar un observatorio del plan, crear una comisión permanente, mecanismos de Internet y de participación social.

-¿Para dónde cree usted que va la educación en Colombia partiendo de su participación en la construcción del plan y las conclusiones que éste arrojó?

Sí el plan se cumpliera y sí las intenciones de los participantes del plan se cumplieran, pues estaríamos transformando al país. Hay una visión muy ambiciosa de un país educado equitativamente, pero justamente existen problemas de equidad y participación en la educación. Mientras unos muchachos pueden asistir a instituciones educativas buenas, muy buenas o muy superiores, como las llama el ICFES en resultados, la cobertura es reducida. Aquí en el Valle del Cauca es un cinco por ciento de quienes pueden acceder a esa educación. Si tenemos un millón de muchachos en edad escolar, ¿qué ocurre con los otros novecientos cincuenta mil? Entonces el problema de equidad es serísimo.

-En 1993 García Márquez, en el texto final sobra la “comisión de sabios” a la que se le invitó a participar, señaló que las condiciones estaban dadas para una transformación de la educación y no fue así, con todo esto que hemos hablado ¿usted cree que ahora sí están dadas las condiciones para ese cambio?

Yo no creo que las condiciones estén dadas. Muchas  personas tienen claridad sobre lo que debería pasar, pero si esa claridad  no se refleja en las acciones de los gobernantes, pues no lo estarán.

A pesar de las buenas intenciones, escepticismo es la palabra constante del ingeniero Piedrahita al referirse al nuevo Plan Decenal de Educación. Dice un viejo adagio popular que “quién no conoce la historia, está condenado a repetirla”, y cuando se haga el balance de este nuevo intento, en una década, no se podrá hablar sólo de metas cumplidas o incumplidas, sino de qué tan embrutecido, o no, está el pueblo colombiano.