Edición 352

Diálogo non sancto con un filósofo

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Con un desconocimiento básico y reconocido sobre lo que se viene como reforma a la educación colombiana, con el llamado Plan Nacional que prepara el gobierno, el Decano de Filosofía de la Universidad del Valle del Cauca, Juan Manuel Cuartas Restrepo afirma que tal y como van las cosas, se van a cambiar los paradigmas y razones de ser de los colombianos frente a la educación, la ciencia y la tecnología.

“Es como si fuéramos flacos, y el anunciado Plan nos ordena ser gordos, sin preparación, sin transición, sin debate sobre los riesgos, oportunidades, desventajas al respecto”, afirma.

-Quisiera conocer de primera mano sus apreciaciones sobre el Plan Decenal de Educación…

No es tan sencillo responder a su pregunta, porque no tengo ningún conocimiento sobre ese plan. Tengo la impresión de verme involucrado en uno, en el que acaso juegue algún papel la filosofía, pero sin entender de momento si se trata de darle a la educación un tiempo para pensar en ella misma, o por el contrario, diez años de supervivencia.

-Como se ha anunciado, el Plan es una propuesta del gobierno para transformar el perfil de la educación en Colombia ¿Qué opina al respecto?

Con eso me está diciendo muchas cosas. Transformar perfiles puede significar la modificación de la corporeidad de los colombianos, como si fuéramos un pueblo de flacos que pasamos a ser gordos en nuestro perfil. Y al tratarse de la educación, puede usted imaginarse lo que sucederá, porque la educación son los hábitos que adquieren las personas con el conocimiento y los saberes.

-¿Habrá alguna diferencia entre el ser profesional y el ser tecnológico que se busca oficializar, porque de hecho, muchas universidades privadas ya lo aplican en sus pensum?

Siempre que se piensa en programas de renovación de la educación se despierta un interés exacerbado por las tecnologías. La reflexión, entre un trabajo altamente productivo y una formación técnica, va siempre de la mano. Se dejan de considerar los saberes que fundan una comprensión de lo humano, una reflexión sobre los valores y el intercambio.

-El Plan busca ser una propuesta que ampliará la cobertura en las instituciones educativas, afirma el gobierno…

Sí, ampliación de cobertura, que lleguen muchísimas personas a los espacios educativos, que nadie se quede por fuera. Este es un ideal político importante y tiene que ver con la administración educativa. No se trata precisamente de construir más escuelas y universidades, sino de conseguir un mejor rendimiento de los equipos de docentes, pero ante todo de los administradores, que la misma planta física se ofrezca en diferentes jornadas, en fin. En los mejores términos el plan es importante, pero se pierde la perspectiva de otros asuntos que mueven la sociedad y la cultura.

-¿Qué papel jugaron los alemanes que vinieron con una de las primeras reformas educativas aplicadas en Colombia, en el siglo 20?

Los pedagogos alemanes, con su inmenso compromiso con un ideal de formación; aquello fue muy importante para Colombia. Los saberes se involucraban con la cultura. De allí procedió esa generación humanística que formo médicos, abogados, ingenieros grandes conocedores de las letras, las artes y las filosofías. Pero al día de hoy, un plan decenal de educación no implicará por supuesto la formación humanística. Un médico será un técnico, lo mismo que un abogado y un ingeniero, profesionales que suspenden su entusiasmo por el conocimiento y no vuelven a leer un libro en el resto de su vida activa. Esto por supuesto es una exageración, pero la tecnificación en la educación implica este tipo de resultados.

-¿Qué papel juega la filosofía para usted y con respecto al Plan?

En un proyecto didáctico como el que afronta hoy la filosofía en Colombia hablar de un decenio, como lo plantea el Plan, es poco, primero porque aunque nadie lo crea, cada vez son más los cupos que se ofrecen a los jóvenes de las distintas regiones para que prueben sus entusiasmos con la filosofía. Por su parte la filosofía se ha dimensionado como una gran disciplina que dialoga con las ciencias, con las artes, la política, la religión, la sociología, la historia, en fin. Y este diálogo reclama mucho más que diez años, porque de este diálogo depende la posibilidad de curar esas cegueras doctrinarias de las décadas anteriores, cuando se asumía que el filósofo era un idealista o un revolucionario con peluca y con casaca.

En una bella obra de teatro de Federico García Lorca titulada “Así que pasen cinco años” se vuelve sobre los mismos problemas y los mismos personajes después de un quinquenio. En 10 años veremos si las tecnologías nos han hecho inhumanos. No lo considero así. En cualquier caso para la filosofía hay allí una tarea: la humanización de la tecnología, acaso sea ese nuestro aporte al citado plan.