Edición 368

Colombia está polarizada, otra vez

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Colombia está polarizada, otra vezNueva encuesta muestra baja popularidad de Santos

De nuevo el país se gobierna con encuestas pagas por los medios de comunicación que han sido durante toda su vida institucionales presidencialistas y nada neutrales. Hablamos de la encuesta de esta semana llamada eufemísticamente "Colombia opina", donde el actual mandatario, Juan Manuel Santos, obtiene un 47% de imagen favorable.

Y este guarismo que envidiarían otros mandatarios de América demuestra que en su segundo año de Gobierno, el bajonazo en el sondeo, con respecto al 80% que obtuvo en la misma encuesta hace un año, es abismal.

No obstante otras cifras que ponen al país a opinar, supuestamente, y a escuchar a periodistas, analistas y políticos decir tantas sandeces juntas, como su imagen desfavorable (48%), líos en la gestión internacional (71% desfavorable) devolución de tierras a las víctimas (50% desfavorable) inversión social (50% desfavorable) seguridad (desfavorable), economía (44% desfavorable) y desempleo (25% desfavorable), sí queda ratificado el regular momento de gobernabilidad que tiene el Presidente. Y es aquí donde voy a centrar el análisis; algo que debe tomarse entre líneas.

El primer mensaje que debe quedar en claro, es que estas encuestas siguen siendo sofismas de distracción, tanto para quien quiere seguir apareciendo como el mejor presidente de todos los tiempos (llámese como se llame) o para dejar en evidencia cómo hace de mal las cosas, el otro, la contraparte, al que se quiere joder.

Decir que "Colombia Opina" con una muestra de 1.009 personas supuestamente encuestadas vía telefónica (para estratos 4, 5 y 6 de la población) es decir la minoría con empleo decente y estable, supuestamente informado y consumidor de medios y de comercio, y otro tanto (no lo dice la ficha técnica) entrevistado en las calles y en los estratos 1, 2 y 3, refleja una debilidad estadística que ofende. 1.009 encuestas es menos del 1% de los 44 millones de colombianos. Nunca escucha uno a algún vecino, tendero, comerciante, desempleado, vendedor ambulante, o incluso, profesional y colega laboral, de estrato 3 o 4 contestando el sondeo de marras. La excusa de siempre es que hacer una gran encuesta, con una muestra representativa es costosísimo. Y ahí muere el tema, sin reconocer que hoy, con las plataformas digitales o las redes sociales se tendría un verdadero reflejo de lo que piensa la opinión pública, y no lo que le conviene a ex gobernantes o intereses de turno. De entrada, y como han sido todas las encuestas, como las del ex presidente Álvaro Uribe, quien acentuó esta forma de gobernabilidad, o mejor, de escudo, de teflón que no dejó que se le pegaran los problemas, como los escándalos de corrupción a su alrededor o de cuestionamiento personales y favorecimientos a sus secretarios privados, o ex ministros, como Andrés Arias y el desfalco millonario del programa Agro Ingreso Seguro, son manipuladas y manipulables.

El segundo punto a dejar en claro es que este último sondeo o encuesta fue adelantado por los medios de comunicación del poder económico y político colombiano. Saber: la Revista Semana es de Felipe López, mayor accionista y cabeza del grupo López, hijo del fallecido ex presidente Alfonso López Michelsen, y como dice Hugo Chávez (como parte de su populismo) "es de la rancia oligarquía colombiana".

Colombia está polarizada, otra vezNi qué decir de la cadena radial RCN radio, su subproducto La FM y RCN Televisión, pertenecientes a la Organización o grupo Ardila Lulle, del empresario de gaseosas, Carlos Ardila Lulle, que desde comienzos de los años 80 entendió que el poder de un grupo económico radica en tener un medio de comunicación propio y poderoso y por eso invirtió millones en fortalecer una de las cadenas radiales pioneras en Colombia, como era Emisora Nueva Granada, convertida en RCN RADIO.

Es bien conocido y como lo registró la voz popular, que RCN, con su poderoso canal de televisión y aunque en radio no es el más escuchado, pero sí tiene influencia política, es conocido como "Radio Casa de Nariño", el acróstico que refleja la cercanía del medio con la casa presidencial colombiana, especialmente durante los dos gobiernos de Uribe Vélez.

Y aquí se nos activa el tercer punto entre líneas y que se basa en realidades: Uribe Vélez es el gran contradictor del presidente Santos. Se ha ventilado por todos los medios, los arrodillados y los medianamente independientes, los miles de tweets de Uribe en contra de Santos y sus políticas y que ya llegaron al punto del enfrentamiento. Es bien conocido por la opinión pública, informada y no, que Uribe creyó tener en Santos a su ungido o heredero de sus dos gobiernos, y le salió el tiro por la culata, algo que Santos, también de la rancia oligarquía, le marcó desde su primer encuentro en Casa de Nariño, el 8 de agosto de 2010, un día después de ganar las elecciones con abrumadores 9 millones y medio de votos, la más alta de la historia colombiana, por encima de Uribe Vélez, quien se considera el "mesías", "el elegido" para refundar a la patria. Allí se mostró el verdadero talante de Santos, que es gobernar para su grupo reducido y elitista, con sus intereses económicos abiertos y recomendaciones, como los manejos de publicidad y pauta estatal para empresas de sus allegados, por ejemplo, un negocio bien pulpo, dejando de lado, a los recomendados por Uribe.

Porque, la pelea es algo más que celos políticos o manejos del Estado o visiones encontradas en gobernabilidad. La pelea con seguridad va más allá de los tweets encendidos y coléricos de Uribe sobre la inseguridad, sobre el crecimiento de las guerrillas, sobre los ataques a las poblaciones, etc, etc, etc. La pelea es de plata y de recomendados, de que Santos no le hizo caso al primero para nombrar a ministros amigotes o sus funcionarios cercanos, o contratos multimillonarios en concesiones para "Uribe and Co", o que no intervino en la Fiscalía para que investigaran a su círculo cercano, hoy prófugo de la justicia o encarcelado. El conflicto llegó al tinglado que Uribe quiso desde el principio y que Santos hábilmente había rehusado entrar: el de la confrontación directa. Uribe es un tipo de talante camorrista, de capataz de chacra, de arrear ganado y domar caballos, de "darle en la jeta (boca), marica", como cuando echó a patadas a un asesor de casa presidencial. Santos nunca le respondió directamente ninguna de sus afrentas, ni invitaciones a la pelea, sino que lo hizo en forma sutil, diciendo que Uribe es su mentor, que es el mejor presidente colombiano, que es su amigo y que se equivocaban quienes querían verlos enfrentados, claro, sin reconocer que es el propio Uribe el que instiga para que esto suceda. Pero el aguante de Santos se acabó de una forma impensada con lo ocurrido en Buenos Aires: el supuesto atentado terrorista que se iba a cometer contra Uribe en el Gran Rex y que el mismo ex mandatario denunció a rabiar (y sus idiotas útiles de los medios), haciéndose pasar como víctima de las "fuerzas oscuras" que lo persiguen todos los días, todas las noches y allende fronteras. Al final de la batahola se supo que fueron dos bombillas explotadas, días antes de la presencia del mesías en el teatro y la pólvora de mediano poder, resultó ser los restos de las luminarias. Ahí sí, los medios colombianos ni Uribe Vélez dijeron algo. No hubo tweets, ni confidenciales, ni chismes convertidos en noticias. Tan solo Santos abrió la boca por el caso y comenzó a mostrar en público su disgusto ante la campaña uribista en su contra y contra Uribe, echando vainazos o críticas que todo el mundo sabía eran contra su predecesor.

Y desde allí, el presidente Santos está respondiendo con populismo. Lo de su consejo popular en el Cauca, depaColombia está polarizada, otra vezrtamento (provincia del occidente) que vive desde hace décadas un conflicto bárbaro étnico y de guerrilla y narcotráfico, tratando de imitar a Uribe y sus comités comunales, fue un estrepitoso fracaso. Quiso demostrar presencia estatal estando en medio del conflicto y ese chistecito les costó la vida a tres militares del avión derribado por la guerrilla y que el Gobierno se apresuró en tapar, esconder y menos reconocer. Quiso llevar anuncios de inversión social pero el reparto de las regalías petroleras se politizó groseramente en el Congreso que le metió mano. Y ahora, sale en otra de sus correrías políticas tratando de demostrar gobernabilidad y respondiendo al sondeo de esta semana, afirmando que "las encuestas dicen cosas que a veces no son ciertas". Es decir, nos da la razón y en la frase que reza que "las encuestas las gana quien las paga".

La estrategia de Uribe es política: nadie debe dudar que será candidato presidencial para 2014, enfrentándose a Santos que le gusta el poder y buscará la reelección, el monstruo constitucional restaurado por el congreso de bolsillo de Uribe. Y desde ya debe marcar diferencias (Santos fue su ministro de Defensa y con golpes a la guerrilla evidentes). Y lo está logrando. Volvió a polarizar al país, a decir que Santos y los que lo apoyan son malos y mis enemigos, y yo, Uribe, soy el salvador, el mesías y los buenos están conmigo. Una actitud tan típica de sus dos gobiernos y de los tiranillos o dictadorzasos que han plagado el continente o las páginas de la historia. Hitler decía lo mismo cuando llegó a la cancillería germana en los 30 y antes de desatar la persecución y masacre contra su propio pueblo (Lean la historia de la Kristalnacht, por ejemplo). Y lo peor es que la gente sigue creyendo en esas salidas guerreristas y en sus tweets (uno de los de mayores seguidores en el país).

Santos cayó en el juego, demostrando un poder que no tiene, populismo en alza, o enfrentando, sin hacerlo directamente, a quien lo está jodiendo a punta de redes sociales. Y lo peor, es que los hechos son tozudos: el desempleo sigue, la inseguridad sigue (como lo era en épocas de Uribe. Abajo el sofisma que el tipo pacificó el país. Sería interesante conocer la estadística de ataques a poblaciones, secuestros y terrorismo en sus 8 años, y las cifras no son tan diferentes a las de gobiernos anteriores o posteriores. Las matemáticas no mienten), la inestabilidad continúa, el crecimiento es paupérrimo, y lo poco que quedó se le entrega a manos abiertas, como a los chilenos y sus bancos de pacotilla o a multinacionales del oro que van a arrasar con la biodiversidad amenazada.

No soy uribista y menos santista. Soy colombiano, como millones, que no caemos en ese jueguito tonto de los políticos y sus medios de comunicación y me aterro de ver el mar de especulaciones y gobiernos a punta de encuesta. Haciendo el paralelo, es como si Clarín sacara encuestas sobre favorabilidad, imagen y gobierno de Cristina. Me imagino que los resultados serían desastrosos para la mandataria. O en caso contrario y así debió suceder: ¿cuántos gobernantes han montado a pelo de sus gobiernos y ganado dinero, coimas, contratos, a punta de imagen manipulada en encuestas fantasmas? Y la rueda sigue...