Edición 375

Por qué somos destructivos

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Por qué somos destructivosEzequiel Martínez Estrada, ese gran pensador argentino, da una explicación muy certera, con una buena dosis filosófica y fuerte raigambre histórica, sobré el porqué los argentinos somos destructivos o destruimos todo lo que nos pertenece.

Estrada nos ubica en los primeros viajes a ésta tierras por parte de Pedro de Mendoza y Juan de Garay, haciendo hincapié en la tripulación que arribó a la costa del Río de la Plata con el primero de ellos.

Mendoza se interna en el territorio y luego de algún tiempo va a morir a causa de una enfermedad de regreso a España en busca de víveres, de más gente y de elementos para construir más asentamientos, dejando a un grupo de sus hombres para que comiencen a sentar las bases de una aldea o pueblo.

Los deja con muy pocos elementos y víveres, en la certeza de que sus hombres podrían sobrevivir los meses de aislamiento esperando los refuerzos.

Pero los meses pasaron y los pocos alimentos se acabaron y esos hombres empezaron a pasar hambre y frío.

Los tripulantes de Mendoza y años más tarde, los de Juan de Garay, que habían venido a éstas latitudes convencidos de que iban a hallar todo hecho y lo único que debían hacer era apoderarse de las inmensas riquezas que les habían dicho que aquí encontrarían, se dieron cuenta de que no solo no había ninguna riqueza sino que debían hacerlo todo, porque no había nada y ellos, con sus propias manos, debían hacerlo todo, en muy precarias condiciones y sin ningún objetivo claro.

Ante la falta de alimentos y de abrigo, los españoles, luego de batallar, se hicieron amigos de los habitantes naturales o Indios (como llamaban a los habitantes de éstas tierras, en la creencia de que se hallaban en la India).

Los nativos – en un principio - los ayudaron, pero al cabo de algunos meses, empezaron a rechazarlos y a negarles lo que de muy buen agrado les habían cedido, a causa del mal comportamiento de los "colonizadores", que no solo se querían apropiar de las cosas más elementales sino qué, además, perseguían y mantenían relaciones sexuales con sus mujeres y, muchas veces para lograrlo, apelaban a las más viles de las violaciones.

Estas causas provocaron nuevas luchas entre ambos bandos en donde los españoles, aunque con armas de fuego, eran superados en número. Los que pudieron salvarse, huyeron hacia lugares más seguros y lejos de los Indios.

Cuando regresan las naves cargadas con todo lo necesario para iniciar el asentamiento, se encontraron con unos pocos y harapientos sobrevivientes.

Esos españoles que ya se encontraban aquí, sumados a los que comenzaron a llegar, ante las circunstancias antes nombradas y la imposibilidad de regresar a su tierra natal, comienzan a detestar la tierra que pisan y todo lo que sobre ella se halla.

Ese sentimiento de agresión hacia todo aquello que - mal o bien, poco o mucho -, se posee, se va a extender a lo largo de ésta tierra argentina.

Por qué somos destructivosY va a ser Argentina, el único país del sur de América, quien vea frustrado su pasado, su presente y su futuro.

No ocurre en Uruguay porque los hombres que van a asentarse en esas tierras tienen otro tipo de ambiciones y no va a ocurrir tampoco en Chile, dado que su tribu más importante, los Araucanos, va a ser la única tribu americana que los españoles no van a poder doblegar y los únicos que lograrán vencerlos.

Pasarán los años, los arrebatos de una Revolución de Mayo que aún se denosta, el país sufrirá una atroz guerra civil entre Unitarios y Federales (que aún perdura), una Independencia que no va a terminar de afianzarse (aún hoy, en muchos aspectos somos dependientes) y la sucesión de gobiernos que persistirán en debatirse entre Dios y el Demonio.

El propio Juan Bautista Alberdi, la mente más brillante dentro de la historia Argentina, va a declarar que: la llamada "Revolución de Mayo de 1810" cambió el poder que ejercía España sobre Buenos Aires por el poder que comenzó a ejercer Buenos sobre las provincias que conformaban a la incipiente república.

Se cambió un colonialismo exterior por uno más grave, el colonialismo interno que sometía a las provincias a una situación de vasallo del poder central, ejercido desde Buenos Aires.

En la creencia, de que para ser un gran país debemos ser influenciados por las corrientes socio-culturales de una pujante Europa, comenzamos a copiar modelos extranjeros.

Si a eso le agregamos la gran corriente migratoria de fines del siglo XIX y que llegaban desde el sur y centro de Europa en busca de grandes posibilidades, vamos a tener que Argentina repetirá lo mismo que ocurrió con los primeros adelantados y la quimera que buscaban los extranjeros cuando fueron traídos a la fuerza y engañados, como así también, la idea de esa corriente migratoria de crear su propio país en el nuestro, vamos a tener por resultado, un país en donde nunca termina de encontrar su identidad y cuyos habitantes (o una buena porción) prefiere lo que viene de afuera antes que lo de se hace o nace acá. Es decir, que ésta problemática nacional, está en nuestros genes.

Para colmo de todos los males, ese centralismo enquistado en la ciudad de Buenos Aires, que había comenzado en 1810, empieza a ser más notorio luego del derrocamiento del gobierno de Rosas, con el consiguiente perjuicio para todos y con el prejuicio de los habitantes del resto del territorio que comienzan a detestar a los que viven en la gran ciudad.

Los poderosos intereses que enfrentaron a los que desean una patria Federal con aquellos que desean un país progresista en donde los intereses económicos pasen por las manos de una minoría, hizo, hace y seguirá haciendo que jamás haya una verdadera concepción de país.

De nada sirvieron los enormes y desinteresados esfuerzos de muchos de nuestros patriotas, o de muchos argentinos preclaros, que a lo largo de la historia fueron en busca de una nación más justa e independiente de verdad.

Todo ese maremágnum de ideas y de reproches, de marchas y de contramarchas, de la corrupción a flor de piel de muchos gobernantes – varios de ellos vendidos a intereses extranjeros sin ningún escrúpulo -, en donde y casi siempre se deja lado el sentido original de "la Patria", fueron generando una idea equivocada del verdadero sentimiento

nacional y, en vez de priorizar ese sentido de Patria en procura de un crecimiento racional y de objetivos nobles para generar un "país en serio", nos quedamos con un pequeño país de características muchas veces surrealista y que provoca una humillación atroz, que no soñaron jamás los grandes nombres y hombres de nuestra historia.

Dice Ortega y Gasset: "Los argentinos viven una permanente disociación entre la imagen que tienen de si mismos y la realidad. Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis.

Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a si mismo como liberados.

Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes."

Don José de San Martín, el "Padre de la Patria", vaticinó en el año 1838:

"El problema de nuestro país NO TIENE SOLUCIÓN."

Por qué somos destructivosFinalmente, aún hoy y luego de muchísimos años de haber sido acuñada, se puede oír en algunos ámbitos a nivel nacional y, en especial, en el extranjero, esa implacable frase que señala a la Argentina como la gran potencia mundial que pudo haber sido y a Buenos Aires, como la capital del Imperio que no fue".

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ENCUESTA

  • En la elección de una compra de un producto, Usted elige:

  • a) Nacional 34%
  • b) Extranjero 26%
  • c) No le importa 28%
  • d) Averigua cual es mejor 12%
  • (Estas respuestas demuestran que la ciudadanía no está tan segura de lo nacional y, lo más grave, es que no le interesa).
  • ¿Cuál de estas razones le hacen suponer que muchas veces los Argentinos no somos aceptados?

  • a) Por nuestra manera de ser 42%
  • b) Porque buscamos intereses propios 14%
  • c) No lo sé 17%
  • d) Piensa que no es tan así 27%
  • (Los ciudadanos reconocen su propio error pero la realidad muestra que no se intenta mejorar o un cambio positivo).
  • A veces criticamos nuestra forma de ser, ¿trata usted de modificar una conducta?

  • a) Sí 33%
  • b) No 14%
  • c) No le afecta 26%
  • d) Las personas no cambian 27%
  • (Se dice que se intenta cambiar, pero la realidad cotidiana demuestra que no hay cambios profundos que mejoren nuestra conducta dentro de nuestras fronteras y fuera de ella).
  • ¿Tiene usted conocimiento de cómo fue construida nuestra historia?

  • a) Sí 22%
  • b) No 43%
  • c) Algo 16%
  • d) Es algo del pasado y que no le afecta 19%

(Estas respuestas muestran lo grave de toda la cuestión y, mucho más, viendo cómo a un buen porcentaje de los habitantes, tampoco les importa).

Está bastante claro que no hay – de parte de los habitantes en Argentina -, una predisposición substancial a un cambio que permita un mayor y mejor desarrollo en las relaciones humanas y la relación habitante – país.

La desidia, los malos ejemplos, mucha carencia a nivel económico, la falta de información, la falta de ejemplos que nacen en una familia, la falta de una cultura de amor a la patria, la corrupción que baja de los estamentos que se encuentran en los más altos niveles y qué, por lógica, deberían ser los que manifiesten un fuerte mensaje en ese sentido, son factores negativos y preponderantes de toda nuestra problemática.

Es notable ver a casi la mayoría de los argentinos que viajan al extranjero, cómo respetan las leyes, los reglamentos y las directivas de esos países y no lo hacen en el suyo propio. Algo parecido sucede cuando se dictan fuertes castigos a los infractores. Ahí sí, aunque a regañadientes, cumplen con las normas.

Las personas mayores se refieren a ese tipo de cosas como que "somos hijos del rigor". Y algo de eso debe ser cierto, porque recién entonces, se ve un cumplimiento más formal de lo preestablecido.

El rompimiento de las reglas y un "supuesto desacartonamiento", hace que una gran parte de la juventud se rija con normas que no favorecen en absoluto un mejoramiento socio – cultural.

Todas estas cuestiones, hacen que la sociedad argentina padezca el sinsabor de la frustración permanente y que los jóvenes no avizoren un futuro mejor, por lo que muchos de ellos optan por emigrar hacia otros países supuestamente más sólidos en esos sentidos.

Todo este maremágnum de falencias, lo único que hace es postergar puntillosa y permanentemente, el crecimiento y el desarrollo como nación.

Y la solución, parece que no se divisa en un corto o un mediano plazo; más bien, parece ser algo que recién se podrá ver cierta mejoría, con el paso de un par de generaciones.