Edición 371

Puerto Carreño bajo las aguas

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Puerto Carreño bajo las aguasEntre árboles caídos, tejas de zinc colgando de los cables del fluido eléctrico y telefónico, como si fueran prendas de vestir, y la baja señal de la telefonía móvil, daba la sensación de estar en los años en los que se usaba velas para alumbrar y que la idea de comunicarse de una forma distinta a las cartas era imposible.

Miramos nuestros pies dando pasos sobre unas rocas granilíticas de color oscuro que más tarde nos contarían que se trataba, nada más y nada menos, que del afloramiento rocoso del Escudo Guayanés, compuesto por fragmentos con forma de mesetas que se extienden en el territorio colombiano por unos 250.000 kilómetros cuadrados por los departamentos del Vichada, Guainía, Vaupés, Guaviare y Caquetá.

Puerto Carreño capital del departamento del Vichada recibe a los funcionarios de la Unidad de Gestión de Riesgo, en medio de una emergencia que no se presentaba hacia más de 25 años. El 24 de octubre de 2012 un gran vendaval que superó los vientos de 50 kilómetros por hora y que dejó a su paso árboles caídos, casas destechadas, postes de luz en el piso y más de 4 mil personas afectadas, recordó a los carreñenses lo variable que puede ser el clima y la importancia de estar preparados, trabajando siempre y constantemente por comunidades menos vulnerables.

Puerto Carreño bajo las aguasEn la sala de crisis local, instalada en el puesto de mando de la Policía Nacional de Puerto Carreño, inician las labores de recopilación del EDAN, programación de la atención por barrios y organización del centro de acopio que alojaría las toneladas de asistencia humanitaria de emergencia que estarían por llegar. Sentados a la mesa, vemos los rostros de conmoción de las personas que hacen parte de las entidades operativas, del alcalde y del gobernador y las nuestras mismas.

Seguido al envío de información de afectación consolidada a la Unidad en Bogotá y la solicitud de AHE para la atención de la emergencia, dos camiones esperan parqueados frente a la alcaldía el momento de arrancar y entregar las soluciones a las personas más afectadas. Es así, como cada recorrido nos lleva a cumplir con el deber y razón de ser de la UNGRD y a descubrir nuevos caminos que conducen a dos mil millones de años atrás. Donde estábamos parados y donde la naturaleza se hizo sentir antes era un pedazo mínimo de todo un continente llamado Pangea.

Llegando al barrio Punta de Lajas y después de la entrega de ayudas, don Luis, quien coordinaba a las personas que apoyaban por parte de la Cruz Roja Colombiana, nos llevó a una piedra gigante y nos señalo el Orinoco, el vasto río que después de casi 3 kilómetros ya es Venezuela. Comienza a explicarnos que en la época que ellos llaman verano, el río baja su caudal dejando una especie de suelo arenoso libre que se calienta con los rayos del sol que en esa época superan los 45 grados centígrados, y la cual se convierte en la playa de los carreñenses.

Puerto Carreño bajo las aguasSin ser esto suficiente, nos señala una vez más como a este pequeño y acogedor municipio lo rodean tres ríos, al norte el Meta, al oriente el Orinoco y al sur el Bita, cada uno de ellos fácilmente identificables cuando navegando se ve el cambio de color entre un río y otro.

Llega una noche más en la sala de crisis local, se revisa el avance de la atención, metas por alcanzar y acciones a seguir en la mañana siguiente. La atención de los siguientes barrios nos deja conocer aún más de sus riquezas. Primavera y Tamarindo son dos barrios que crecen en los bordes del afloramiento del Escudo Guayanés, y por los que sus extrañas piedras dan firmeza a nuestros pies. El personero del municipio, Johan, nos explica que dicho suelo hace parte del Escudo Guayanés, que recorre parte de Colombia, Venezuela y Brasil. Indica que cada vez que el río Orinoco y Meta crecen, se filtran sus aguas sobre las rocas provocando remolinos, que con la persistencia que solo tiene el agua forma círculos perfectos, que buscan parecerse a los cráteres de la luna.

Finalizando las labores de ese día que se fueron entre la entrega de ayudas, perifoneo de información útil a la comunidad, la lucha de los bomberos y la Defensa Civil con un panal de abejas, la tala de árboles caídos por parte del Ejército y la Policía y la adecuación cada vez mejor del centro de acopio, la curiosidad que nos hace tan humanos nos lleva a caminar cerca de dos kilómetros entre las mesetas rocosas que colindan entre Colombia y Venezuela, hasta llegar al Cerro de la Bandera, lugar emblemático de los carreñenses. Puerto Carreño bajo las aguasEn la cima del cerro parece que el alma se renovara con tan solo respirar, cerrar los ojos y al abrirlos poder ver el extremo más occidental de Colombia, "El Picachu" (es como el Punta Gallinas de La Guajira), sin duda es indescriptible.

Con la tranquilidad que produce trabajar por una comunidad afectada por un evento natural, la vida nos recompensa y nos permite una vez más, deleitar los ojos del alma viendo las Toninas (delfines rosados) que saltan del río Orinoco al río Meta, que dicho así, parece que el salto fuera grande, pero no, ese "salto" es una línea de color, el río más clarito es el Orinoco y el más oscuro es el Meta. Increíble pero cierto.

Son cada uno de estos secretos de nuestro país que nos impulsa, a seguir en la construcción de comunidades menos vulnerables, más resilientes y con una adaptación al cambio climático que vaya en la misma dirección de la conservación de las maravillas de la tierra que nos dejó Pangea.

*Periodista de la Unidad de Gestión de Riesgo, entidad encargada de la atención y prevención de desastres en el país.