Edición 363

La Clemencia de Tito: último drama de Mozart

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La Clemencia de Tito: último drama de MozartLa Clemencia de Tito, última ópera de Mozart, es quizá la manifestación y profundización del testamento final de todos los temas dramatúrgicos en la carrera de este prodigioso compositor austriáco.

Cine Colombia transmitió en directo la única producción de La Clemencia de Tito que ha hecho carrera en el Metropolitan de Nueva York desde 1984. 'Celos, venganza, regicidio'; una historia clásica sobre las cosas que hacemos por amor. Como publicó The Wall Street Journal, "ésta es ciertamente una de las mejores ofertas del Met esta temporada". Será retransmitida en simultánea nacional el próximo 12 de enero de 2013.

Y en el elenco, todos son estrellas: la soprano letona Elina Garanca -quien regresa al Metropolitan tras dar a luz- será Sexto, un papel masculino escrito para voz femenina. Barbara Frittoli canta como la vengativa y ambiciosa Vitelia; Giuseppe Filianoti es el emperador romano, epitomía de la bondad; la soprano británica Lucy Crowe cantará un aria y un duet, únicos del papel de Servilia, y Kate Lindsey estará en el otro papel masculino, Annio.

El misterio de La Clemencia

Mientras terminaba el manuscrito de La Flauta Mágica, en julio de 1791 Mozart recibió una oferta generosa: componer una ópera para la coronación del emperador austriaco, Leopoldo II, como rey de Bohemia, para el 6 de septiembre de ese mismo año. Todo parece indicar que, luego de un adelanto cuantioso, la compuso en 18 días. Desde entonces ha reinado la suposición de que La Clemencia de Tito fue una mera tarea, no tan buena, hecha a la carrera y sin la inspiración que caracteriza cada una de las tres grandes óperas que compuso con el libretista Lorenzo Da Ponte: Las Noches de Fígaro, Don Giovanni y Così Fan Tutte.

Pero es difícil oír La Clemencia de Tito y creer que el genio de Salzburgo iba a dejar de serlo justo en la cúspide de su madurez creativa. El filósofo Slavoj Zizek dice que no puede ser una mera coincidencia el hecho de que Mozart estaba terminando La Flauta Mágica cuando concibió La Clemencia. Según él, ésta es el anverso, la verdad oculta a la sombra de la Flauta, "la obscena y reaccionaria realidad política" de lo que en La Flauta es magia.

La Clemencia de Tito: último drama de MozartMozart era masón, un "Illuminati" y un hombre sumamente consciente de las ideas políticas y morales de su época. Si La Flauta Mágica es la crítica a la iglesia, a los 'hombres que no cuestionan el establecimiento', La Clemencia de Tito puede ser la resignación a que, como siempre habrá poder y éste es por naturaleza injusto, debe ser únicamente un ejercicio constante de clemencia. La Flauta, por ejemplo, podría llamarse "La Clemencia de Sorastro". De hecho, "el canon completo de las grandes óperas de Mozart se puede leer como un despliegue del motivo de la dispensación y la misericordia, del perdón en todas su variaciones", como escribe Zizek.

Así era la ópera en 1791

Vuelve al Met la única producción de La Clemencia de Tito que haya presentado el prestigioso teatro, la de Jean-Pierre Ponnelle (1932-1988). Éste productor de ópera francés estableció su reputación luego de su montaje de El Barbero de Sevilla con Claudio Abbado en el Festival de Salzburgo, en 1968. Hoy es considerado uno de los directores escénicos más importantes del siglo XX.

En una de sus puestas en escena más aclamadas, Ponnelle concibe La Clemencia de Tito como se habría visto en la época de Mozart. La escenografía es clásica, con edificios romanos de mármol que comienzan a desbaratarse, sugiriendo la inminente caída del imperio. Pero el vestuario es del siglo XVIII para insinuar las ideas de la Ilustración que menciona el libreto. Pese al estilo hiper-tradicional, la escenografía es minimalista: utiliza lo mínimo para crear, con ayuda de la iluminación de Gil Wechsler, efectos sencillos pero convincentes, como cuando se incendia el palacio o tras los cambios de escena.

El director musical es Harry Bicket, un especialista en música antigua conocido por su fidelidad a la época. Admitiendo que le lleva la contraria a su antecesor, James Levine, Bicket redujo la orquesta de 16 violines a 6, pero tuvo que elevar el foso para que el sonido no se perdiera en un teatro tan grande como el Met. Y dice que cada vez se aleja más del estilo grande a uno de época, y que incluso comienza a utilizar instrumentos antiguos: cornos sin válvulas, la flauta dulce, la tiorba (de la familia d e los laúdes) y violines con cuerdas de gato.

*Con información de Toc Talk, oficina de prensa.