Edición 359

Huracán: el último equipo de barrio del mundo

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Los actos conmemorativos de los 100 años de creación del club atlético Huracán, de Argentina continúan. Y como en pleno vendaval de homenajes, palabras, libros, fiestas, uno más nos llevó a la Feria del Libro de Buenos Aires, que va hasta el 12 de mayo y que va ya por su edición 35.

Este club, que no sólo es fútbol, sino otros deportes, como boxeo, baloncesto y actividades sociales para el barrio de Parque Patricios, en Capital Federal, nació como todos los de este corte hace un siglo, y que se volvieron famosos, eso sí, por toda la carga histórica de sus equipos de balompié.

 Incluso su marca, su nombre, se extendió a otras latitudes, como a Medellín, en Colombia, donde en el incipiente fútbol profesional hubo un onceno con el mismo título, pero como ventisca, desapareció rápidamente,

En el recinto llamado Juana Manuela Gorriti, una de las poetas mayores gauchas, estaban las figuras vivientes del Huracán campeón del 73, recordado porque ganaba y bailaba a sus contrarios, incluyendo a los encopetados River y Boca, como el “loco” René Housseman, campeón con Argentina en el 78, y quien ha tenido muchos líos con el alcoholismo. Pero la locura de los cientos de hinchas que se agolpaban para el conversatorio se dio con el reciente técnico, Ángel Cappa, que tiene a Huracán jugando bien y ganando, en especial, que le devolvió la esperanza a un club, que para otros hinchas de los llamados cinco grandes del balompié argentino, “es chico”.

Pero ellos no se inmutan cuando uno les dice eso. Al contrario, sacan pecho y afirman que son el último equipo del barrio, de la bohemia, que existe en el mundo. Todos los demás son máquinas de hacer plata, y el espíritu deportivo se acabó.

Cappa lo recordó, de sus charlas constantes con Alfredo Di Estéfano, gloria del fútbol y presidente emérito del Real Madrid español. “Don Alfredo me dijo que cuando acepté ser el técnico de Huracán iba al club con menos plata en el mundo y donde podía vivir de nuevo la ilusión que tengo de salir campeón. No se equivocó en ninguna de las dos (risas)”.

¿Y qué es lo que tiene un hombre ya grande o mayor como dicen por aquí, con muchos años de recorrido en el fútbol como jugador y técnico, pero sin glorias enormes o triunfos rimbombantes, para hacer que un equipo sin tantos nombres esté jugando como juega actualmente?

La respuesta la da con una sonrisa, al recordar que su carrera como futbolista empezó en Bahía Blanca, en el club Villa Mitre, hasta que una rodilla le dijo no más. Y en vez de quejarse comenzó a aprender, a crecer aprendiendo de los hombres del fútbol que lo rodearon y nutrieron del buen fútbol, del balón al piso, del “tiki tiki”, o “toque-toque”, pero productivo, no hacia los lados y hacia atrás, que tanto criticamos de la escuela Maturana, Bolillo y compañía en Colombia.

Rememoró además la década perdida del fútbol argentino, la del 60, que era “horrible” y de solo meter y patear contrarios, más parecido al rugby que al balompié, hasta que llegó ese tornado encabezado por Cesar Luis Menotti, y su Huracán del 73, que buscó reivindicar las raíces del fútbol gaucho, el de Pedernera, Rossi, Moreno, Labruna, el del fútbol bien jugado y con gusto, si se quiere, con elegancia.

“Sólo así afirmé mis convicciones, pero jugar igual al del 73, como me dicen ahora que lo hacemos es imposible. Es una suerte tenerlo como ejemplo, pero las condiciones son otras. Lo del 73 es irrepetible, no les llegamos ni a los cordones de los zapatos”, afirmó Cappa, en medio del aumento de decibeles en los cánticos de los asistentes al recinto ferial, y a medida que crecía también el fervor. “Vení, vení, mi caro amigo…que de la mano, de Ángel Cappa, la vuelta vamos  dar…”

Cappa es un hombre tranquilo, no dado a excesos, pero convencido de su visión de jugar, de su discurso, de su filosofía, claro, que también debe cambiar y evolucionar, como reconoce. “Y sigo aprendiendo. Charlo con los técnicos mundiales, del Barcelona, del Arsenal inglés, soy un alumno aplicado. Y aquí estoy, a mi edad teniendo este sueño. No sé si salimos campeones, pero sabemos a qué jugamos”, concluye.

Por el Siglo de los Siglos

Turno de hablar para otros hinchas reconocidos del equipo, como el cantautor de tango Horacio Ferrer, quien se encargó, luego de sus palabras, de cerrar el evento con un show que en calle Corrientes debe costar una buena plata.

“Más de 50 pesos por cabeza”, me confiesa mi amigo y técnico de fútbol en la facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el periodista Gustavo Catalano, a quien también le tocó subir al escenario a hablar del libro que lanza el próximo 14 de mayo, titulado “Por el siglo de los siglos”, el recorrido periodístico y de reconstrucción de ese Huracán del barrio y de los clásicos con su archirrival, San Lorenzo de Almagro, cuando éste último aún se hallaba en Boedo, barrio aledaño a Parque Patricios. Es más, uno no sabe cuando se pasa del uno al otro.

Catalano afirma que su libro es un recorrido periodístico, más que una hilación cronológica del tiempo. No lo veía hacía dos años y el azar quiso que nos encontráramos alrededor de su “globo”, el emblema del equipo y que se usara, a su vez, para recordar la gesta del aviador argentino Jorge Newbery, quien a bordo de su globo aerostático llamado Huracán, logró pasar los Andes a comienzos del siglo 20. Por si fuera poco, me contó que va a ser papá primerizo, en noviembre.

En la charla también hubo tiempo para las frases de cierre, tan acostumbradas al tango y que hacen parte de la esencia argentina, y que se lleva en las venas; el “chamullo”, dirán otros.  Alguien recordó como José Manuel Moreno, “el charro”, aquel mítico jugador de la “máquina de River” y que también pasó por el Independiente Medellín de Colombia, ya viejo, dijo sobre el fútbol: “el fútbol y el tango son dos hijos de la bohemia y no lo deben perder nunca. El día que dejan de serlo se pudren. La ‘guita’ (plata) pudre”.

Finalmente, Ferrer cerró la charla con estos versos, que reivindican que esto del balompié no es sólo correr detrás de una pelota o hacer las cosas con las patas. La vida es como el fútbol, o el fútbol es como la vida. Depende de cómo lo quiera ver. Es una filosofía: “con las manos se hace el arte, la pasión y la oración ¡Suerte que nos diste el fútbol hecho con los pies, señor!