Edición 352

Cuando el cachaco fue coronado ‘Rey Vallenato’

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En abril de 2006, Beto Jamaica un bogotano de nacimiento, se trajo para nuestra ciudad el trofeo como el mejor acordeonero del Festival, logrando vencer en ese momento a muchos de los mejores interpretes costeños del género vallenato.

 En la noche de un 30 de abril, en medio de esa tierra de gigantes, un humilde pero valiente acordeonero bogotano, entregó lo mejor de su talento para ser coronado como el ‘Rey Vallenato del año 2006’.  Luego de cuatro días de competencia y uno entero dedicado a la final, Alberto ‘Beto’ Jamaica dejó a un lado el cansancio de la jornada y utilizó sus últimas fuerzas, para tocar su acordeón de una manera magistral, tanto así que logró convencer a un importante jurado y a ese exigente público costeño.

Hoy, tres años después de su gran triunfo, Beto Jamaica no ha perdido la sencillez que lo caracteriza. Amablemente quiso compartir con nosotros un poco de su vida, de su historia musical, de sus travesías por el mundo del vallenato y de esa experiencia inolvidable que lo marcó para siempre.  El punto de encuentro para esta entrevista no pudo haber sido mejor: un café situado en El Chorro de Quevedo, lugar emblemático del barrio La Candelaria en el centro de la ciudad.

Ese día llegué un poco temprano, tal vez por ansiedad o tal vez porque quería contar con el tiempo suficiente, para darle una ojeada al lugar y cuadrar en mi mente el mejor sitio en cual hacer la entrevista y para tomar las fotos. Justo a la hora indicada un hombre de camisa negra, jeans y zapatos informales se bajó de un taxi, cargando en su mano derecha ese estuche negro con cierres dorados en el que guarda uno de sus seis acordeones.

Me saludó de mano y me quedé detallando por un instante su tez blanca, sus ojos claros y la composición de sus manos, esas con las que toca el acordeón y las que alguna vez le sirvieron para ganarse la vida como “ruso” (constructor).  En el orden de prioridades, tomamos las fotos antes de que el sol se nos fuera, con el acordeón colgado en su pecho justo en el lado del corazón, Beto posó una y otra vez para la cámara.  Luego de tomar las fotos suficientes entramos al café y allí en medio de una agradable conversación empezó a responder a mis preguntas, contándome su historia, de la manera como se narra una grata experiencia a un amigo más.

Conociendo al ser humano y artista

– Hasta el día que fue coronado Rey, ¿cuántas veces se había presentado en el Festival Vallenato y en qué ocasiones fue finalista?

En mis 44 años de vida he participado en el Festival en varias ocasiones. Primero, estuve dos años compitiendo en la categoría de aficionado y después trece años presentándome en la categoría profesional.  La vez que gané fue mi segunda final, pero de los quince años en la competencia llevaba ocho quedando entre los cinco semifinalistas.

– ¿Cómo un bogotano aprendió a tocar el acordeón?

Llevo 25 años en esto del vallenato. Desde muy joven tenía un grupo musical en el que tocaba la guacharaca, la caja y la guitarra. Cuando pasaba los 20 años de edad empecé a interpretar el acordeón, porque el acordeonero que tocaba con nosotros no lo hacía muy bien. Entonces, tratando de mejorar sus acordes le pedí que me enseñara y poco a poco le fui tomando el gusto, hasta que logré aprenderme cinco canciones, me entusiasmé con esta labor y ahí me quedé.

– Siendo cachaco y no costeño, ¿por qué escoger el vallenato para su vida artística y no otro género musical?

Yo vengo de una familia de ocho hermanos, en la cual todos escuchaban diferentes tipos de  música: unos oían baladas, otros salsa, boleros, torbellinos y hasta rancheras, gracias a eso aprendí de toda la música pero siempre me interesé más por el vallenato, porque mi hermano Pedro Jamaica llevaba a la casa música de Alfredo Gutiérrez, los Hermanos Zuleta y Luis Enrique Martínez, de esta manera fue que conocí a esos titanes y quise seguir sus pasos.

– ¿De qué forma le sirvió haber sido Rey Vallenato, para impulsar su carrera musical?

Antes de ser Rey Vallenato ya había participado en más de 50 producciones musicales como invitado de algunos artistas, pero mi gran sueño siempre fue grabar mi propio disco, poder verme en la carátula.  Gracias al reconocimiento que me dio el ganar el Festival lo pude hacer y hasta ahora de mi producción musical “Rey de mi Folclor”, se han vendido más de 4.000 copias.  La corona de Rey Vallenato me ha llevado a ganarme un muy buen espacio a nivel profesional, además del reconocimiento de la gente.

– ¿Cuál era la opinión que tenían los otros participantes de usted, lo molestaban por ser cachaco o tal vez lo veían como un aficionado más?

La mayoría de los costeños me dieron su apoyo, porque para ellos era impresionante ver a alguien del interior tocando y viviendo el vallenato de la forma en que a ellos les gusta.  ¡Claro que nunca falta una que otra crítica malintencionada o un feo comentario!  Una vez un señor se me acercó y me dijo que me admiraba mucho, cuando yo le pregunté ¿por qué? me respondió:  “Porque usted sabiendo que nunca va a ganar acá, sigue viniendo todos los años”.  Yo creo que en el momento en el que me coronaron rey le pude haber dado la mejor respuesta a su comentario, ya que ese tipo de cosas le dan a uno más fuerzas para seguir adelante.

– ¿Qué se siente estar sobre una tarima frente a ese exigente público costeño?

La gente del público que va a ver el Festival es muy conocedora del talento, porque llevan los años de la vida asistiendo al evento.  Ellos llegan a la plaza, se sientan en las sillas o en las partes donde haya espacio y con su infaltable botellita de whisky ‘Old Parr’ se ponen a oír el vallenato, con un oído tan bien entrenado que se dan cuenta si uno se equivoca y siempre hacen unos comentarios muy acertados al respecto: “Ese se equivocó de nota, este otro no está tocando bien los bajos, ese muchacho hace muchos gestos al tocar…”. ¡El público es un crítico tremendo, está en la jugada de todo!

– ¿Cómo hace para seleccionar el repertorio que va a tocar en cada segmento del Festival?

Uno lleva algunos temas pensados con tiempo, otros los sugieren el de la guacharaca o el que toca la caja, después los empezamos a ensayar en una casa y en otra, donde generalmente hay críticos que le dicen a uno: “Esta canción me gusta, esta no le queda bien”.  Incluso la historia de la puya con la que gané es muy chistosa, porque me la envió como tres meses antes un compositor de Valledupar que se llama José Triana, la canción es ‘Toca Cachaco’.

La escribió con la inspiración de mi historia como cachaco en el Festival. Al comienzo no me gustó porque venía a capela, entonces la arregle y la perfeccioné y aunque no era mi intención tocarla, la empezamos a practicar y fue la que selló con broche de oro mi triunfo y por eso está en mi producción discográfica.

– ¿Qué opinión tiene de la llamada “Nueva Ola” del vallenato?

Pienso que el vallenato como todo en el mundo y como todo en la vida tiene que cambiar, evolucionar, eso es lo más normal.  Yo admiro mucho el vallenato antiguo, me encanta, pero también me gusta el vallenato moderno, los muchachos que están tocando ahorita, llevan nuestra música al exterior y son jóvenes que tienen talento y que traen ideas nuevas, creo que eso le ha servido mucho al vallenato.  Si el vallenato se hubiera quedado únicamente en el estilo de los maestros viejos, tal vez no había progresado tanto ni tomado tanta trascendencia.

– ¿Qué piensa de la gente costeña?

Los admiro mucho, porque fueron ellos quiénes crearon esa música tan linda, siento hacia ellos un profundo respeto y un gran cariño, tanto que cuando gané les dediqué mi corona, nunca con motivo de ofenderlos, sino de decirles:  Yo sólo soy un frutico pequeño de ese árbol grande, de ese palo de mango que hay en medio de la plaza ‘Alfonso López’, yo soy un frutico del folclore y ustedes son el gran folclore, porque inventaron el vallenato, lo promocionaron y lo hicieron grande.

– ¿Qué es lo que más le gusta de la Región Caribe?

No sólo el vallenato, también la comida costeña, me encanta el pescado preparado de todas las formas, además disfruto comer un buen sancocho de chivo a orillas del río. Me gusta bañarme en el río Guatapurí, porque el agua fría es deliciosa en ese calor, allá todo el mundo arma su parranda y su sancocho a la orilla del río.  La gente es muy hospitalaria y cariñosa, me gustan sus costumbres, lo espontáneos que son, cómo dicen las cosas sin tapujos y pienso que son personas excelentes.