Edición 369

Los Libros

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Los LibrosMirando mis libros, recuerdo cuando los libros eran atesorados, cuando la gente los exhibía como otros exhibían trofeos deportivos o diplomas políticos o académicos. Eran casi pergaminos amarillentos colgados de anaqueles polvorientos.

También recuerdo que ser prestatario de un libro significaba cercanía con el propietario. Sí, los libros se prestaban, y había un gran temor cada que uno los prestaba porque, decían, se corría el riesgo de perder el amigo y el libro.

Los LibrosLos libros, hace años, venían rodeados de misterio. No de los descubrimientos o novedades que en ellos se explicaba, no, sino del misterio que encerraba el pensar en el libro que sucedería al que se acababa de leer. Recuerdo amigos que te decían "es que ha salido un libro", "hay un libro nuevo que dice...". Basados en ese misterio, la gante armaba argumentos, creaba teorías inexistentes y sueños no despreciables. Todo sostenido en los pocos libros que llegaban a los rincones lejanos.

Es más, en esos rincones, los profesores malos tenían el recurso de guardarse el contenido de los libros sin peligro a que sus estudiantes lo aprendieran o lo usaran contra la conformidad de la vida. Los buenos, en cambio, compartían sus libros y, muchas veces, terminaban perdiéndolos. Claro, sin temor a que hubiesen perdido nada.

Los LibrosHoy los libros son el recuerdo, la memoria de muros que pocos quieren ver. Ya no sirven para pretender, ni hacen parte del comentario de los esnobistas. La red, con su limpísima blancura, los mandó camino de las pocas bibliotecas y de las librerías que se quiebran cada día. En las casas, ya no se exhiben con el orgullo de otros días, ya no se mencionan en las comidas como muletillas para matar las charlas aburridas.

Los libros, pacientes, esperan la llegada del pintor de brocha gorda y el mampostero del pueblo a que los barran camino del reciclador y, de allí, rumbo a la fábrica de toallas y papel higiénico.

Imágenes tomadas de: Educación y T.I.C., Pequeñas estrofas de la vida, The Happening