Edición 363

El jugo de sandía al lado del palacio Miraflores

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El jugo de sandía al lado del palacio MirafloresEl ambiente estaba caldeado. No sólo por los 35 grados centígrados sino por la ebullición que se sentía, al morir un régimen tradicionalista, del estatus quo, con un anciano presidente como Rafael Caldera, y el ascenso del antiguo coronel golpista, protagonista del "caracazo" del 27 de noviembre de 1992, y quien ganaba cada día más fuerza para llegar a la presidencia de Venezuela.

La avenida que conduce desde el aeropuerto internacional de Maiquetía hacia Caracas estaba plagada de afiches alusivos al llamado Polo Patriótico, la suma de movimientos independientes y pequeños, que se aglutinaban en torno a la figura del carismático ex militar (fue dado de baja en el argot militar y salió de prisión luego del golpe, para refugiarse en Colombia a donde llegó en 1994 y se tomó fotos con los aún militantes del extinto M-19 devenido en la Alianza Democrática, en proceso de cimentación de sus aguas profundas, dolorosas e históricas como el rechazo que aún permanece por la toma del Palacio de Justicia en 1985).

La basura electoral y la incertidumbre de la poca gente que estaba en las calles ratificaban que algo estaba cambiando. Era domingo, tarde, en una noche que se negaba a morir y que estaba embriagada del triunfo electoral de Chávez; una noche que ya había sumido a la ciudad en el silencio y la oscuridad, la misma que bajó horas antes desde el cerro de El Ávila, la montaña tutelar caraqueña.

El jugo de sandía al lado del palacio MirafloresHacía parte del grupo de periodistas colombianos de diferentes medios que viajamos al primer encuentro oficial del recién elegido presidente colombiano Andrés Pastrana. Moría octubre de 1998 y por esas coincidencias de agenda, el saliente gobierno atendía al nuevo mandatario colombiano que empezaba su trasegar de 4 años. Fue coincidencia que el día marcado por el protocolo fuera horas después de uno de los mitines más grandes en la historia de la ciudad, hasta ese entonces. Chávez había montado en tarima. Y la ciudad olía a orín, a sudor, a mugre revuelta, a trago, a vómito, a pólvora de los miles de voladores estallados, pero todo se mezclaba con perfume de jazmines y rosas del Teatro Teresa Carreño, al lado del Hotel Hilton.

Todos, cuatro hombres, dos mujeres dentro del mismo apartahotel, llamar a recepción y solicitar despertarnos a las 5:00 a.m. Dormimos poco, porque había que estar en punto en el lobby para que los transportes nos llevaran hacia la base militar Francisco de Miranda, en medio del centro de la ciudad, donde sería el acto protocolario de la visita presidencial colombiana. No hubo desayuno.

El jugo de sandía al lado del palacio MirafloresAllí vimos a Caldera debilitado (y vivió once años más, hasta un 24 de diciembre de 2009, cuando su corazón dijo no va más). Y Pastrana con muchas expectativas al igual que el país con un proceso de paz anunciado desde la campaña y que nunca despegó; más bien fracasó, como con hechos que cortaron la gira abruptamente. Ese día todo iba bien, pero cuando ya estábamos de regreso al Palacio Miraflores, la comitiva colombiana anunció el retorno al país de inmediato. El jefe de prensa de Casa de Nariño, Otto Gutiérrez, o su segundo en ese entonces, Samuel Salazar, no soltaban prenda. Hasta que todo se supo: las Farc había atacado y tomado la base militar de Mitú, capital del departamento del Vaupés –fronterizo con Venezuela. Era el 1 de noviembre y de inmediato los periodistas también hicieron lo posible por retornar, cambiar vuelos, etc. El resultado: 16 agentes de la policía asesinados, 61 más secuestrados y entre ellos el comandante de la base, coronel Luis Mendieta, quien fuese uno de los símbolos del secuestro por décadas por parte de este grupo ilegal. (Ya en libertad, hoy es general en retiro de la República y vive en el exterior como agregado militar de Colombia en España).

De inmediato nos comunicamos con los jefes en Radionet y propusimos qué hacer. En ese entonces la cadena radial 24 horas era muy fuerte y contaba con todo un equipo de periodistas y corresponsales que estaban haciendo bien la tarea.

"Más bien quédese unos días y busque una entrevista con el presidente o con Chávez, si puede", me decía al otro lado de la línea Ayda Luz Herrera, nuestra jefa de redacción.

El jugo de sandía al lado del palacio MirafloresY eso sonaba a reto. Me quedé. Y comencé a mover los contactos a ir al palacio de Miraflores, en medio de ese calor que todo lo paraliza. Bogotá, pese al calentamiento global que en ese entonces se consideraba mito, no sobrepasaba de los 20 grados. Hoy perfectamente los termómetros han registrado 27 grados.

Busqué a los jefes de prensa (había más de uno) hablé con ellos, conversé con los colegas venezolanos que cubrían la casa presidencial y daban datos, pero no aportaban un directazo con los encargados. Y una vez los contacté comenzaron con el trabajo demoledor de cansar al periodista.

Todos los días me estacionaba en la puerta del Palacio a las 8 de la mañana. Preguntaba en la guardia y me decían secamente que esperara Pasaban las horas y nada. Hasta que, y conminado por los milicos, me tocó ubicarme en la acera del frente, donde, como en todos nuestros países hay de todo tipo de comercio: restaurantes, bazares, tiendas de ropa y "El Palacio de la Arepa y del jugo", mi oasis en ese desierto informativo y de aguante. Por pocos y devaluados "bolos" (bolívares) calmaba el hambre física, no la informativa.

Ya amargado, cambié de estrategia y comencé a contactar a los comandos del Polo Patriótico, con el fin de llegar a Chávez. Fue otro estrellón contra una pared. Las amenazas de grupos de derecha contra sus dirigentes y ataques contra los cuadros directivos marcaron que desde el inicio, Chávez viviera rodeado de esquemas exhaustivos de seguridad que nunca lo dejaron hasta su deceso. Se marcaba cada vez más la polarización del país.

Hasta que el 5 de noviembre en el palacio, pero de la arepa, el encargado, Luis, con quien hicimos migas, me recomendó tomara el jugo de sandía. ¿¿¿Jugo de patilla??? Sí, de sandía o patilla. Y frío. Ganador, y mucho más si combinaba con una arepita con carne desmechada.

El jugo de sandía al lado del palacio MirafloresYa me habían dado la orden de regresar. Absorto en que no pude completar la misión, al frente, en Miraflores llegó una caravana de camionetas con los vidrios polarizados. El chip del periodista se activó y salí disparado. Algo me decía que iba a lograr por lo menos un saludo para Colombia. El cordón de seguridad se estableció rápido y de una de las camionetas descendió Hugo Chávez. Con paso ligero alcanzó la garita. No iba a llegar. Grité ¡coronel Chávez, coronel Chávez! Pero el hombre ya se estaba perdiendo. De repente frenó su marcha, giró su enorme cuerpo y al verme, atiné a gritar "un saludo para Colombia, para la radio colombiana...". Tan solo alzó la mano, hizo el saludo militar, sonrió y desapareció cuando el cordón de seguridad lo impulsó hacia arriba por las escalinatas de mármol que llevaban hacia la vieja puerta lateral de Miraflores, de vidrio y madera (seguramente del siglo XIX).

Me devolví al otro palacio, donde Luis me esperaba con un nuevo jugo de patilla, y que supo diferente, con el sabor cuando el fracaso se convierte en éxito, así fuese en ese momento personal.

Imágenes tomadas de:

Diario Matutino Cambio de Puebla, El Mundo, Terra, Diario la Voz, Correo del Orinoco, Corresponsales del Pueblo, ElEspectador.com, Excelsior Especiales, Empresate, Contra Injerencia, Odisea Azul, CMHW, Octavo Día, Ultimas Noticias, El Republicano Liberal, Directorios Zulianos,