Edición 359

La lluvia del olvido

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La lluvia del olvidoLas dos hijas del afamado fotógrafo periodístico Manuel H., Amanda y Margarita, corren con baldes de colores al momento de detectar una gotera nueva en el techo de la casona número 7-22, en pleno centro capitalino, sobre la Calle Real, como le decían la Carrera Séptima antaño.

Su angustia no es para menos: la estructura del techo está prácticamente expuesta y el armazón de casetones de guadua y bahareque, mezclado con ladrillo está a punto de venirse al suelo.

La casona de corte republicano es una de las últimas que queda en el sector y en su primer piso funciona una droguería; en la esquina. El segundo, es donde Manuel Humberto Rodríguez Corredor, Manuel H, el fotógrafo de la Bogotá de los 40, 50, 60, 70, 80, 90, 2000 y hasta 2009 tuvo su estudio.

La lluvia del olvidoLa casona pertenece a Corpacero cuyos dueños permitieron que Manuel H trabajara allí durante 5 décadas, retratando no sólo a la ciudad, a sus toros, a las reinas, a los deportes, sino también a los políticos que desfilaron por sus lentes. Es jueves a mediodía y el aguacero que por esta época castiga la tierra a la hora del almuerzo, provoca un temor que se siente en las dos mujeres y Manolín, o Manuel -para que no se ponga serio- el nieto de Manuel H y quien también estuvo con el "chino", como el decía Amanda a su padre, hasta sus últimos momentos al frente del estudio.

Un chorro de agua helada amenazaba a un transformador de 220, y hubo que colocarlos encima de dos bloques.

La lluvia del olvidoTrapero en mano y balde limpiaban los charcos que comenzaban a formarse. Al lado, en un cuarto estrecho que sirve de desembocadura a un estrecho corredor está el archivo central de esta historia, de la ciudad y del país: más de 500 mil negativos de fotografías a blanco y negro y más de 150 mil a color. Aún no se sabe el registro de diapositivas, otra de las pasiones de Manuel H. "Esto es lo que me angustia. El archivo del trabajo de toda una vida de mi padre y que es de la ciudad y del país está a punto de perderse. Y nadie nos da una mano, ni siquiera una llamada. Nadie manifiesta su solidaridad aunque sea y nos ayuda a mirar qué solución adoptamos. Nosotros exigimos que la ayuda que se brinda para otros temas respetables, pero no de tanta trascendencia, también llegue y preserve 70 años de historia, retratados como decía mi padre, capturados en instantes", afirma enérgica Amanda.

La lluvia del olvidoMás tranquila, pero también preocupada, Margarita asegura que la prudencia es mejor en estos casos, a medida que vuelve a la rutina de enfrentar los aguaceros, así como al olvido.

Supe por otras fuentes que el distrito, a través del Museo de Bogotá, y el archivo, les hizo una propuesta para crear una Fototeca con toda la obra de Manuel H. Y cuando todo estaba listo, los abogados de la entidad le indicaron que si hacían el trato perderían todos los derechos. ¡Qué respuesta tan leonina y falta de...! Los hijos y nietos de Manuel H. son sus herederos, no solo de lo normal, como apellido, rasgos y esa dulzura propia de los bogotanos de antaño, sino también de la obra metódica, insistente y casi monástica del fotógrafo, que tiene unos derechos de autoría y de usufructo, que terminan hasta 100 años después de su muerte. Así está estipulado en la legislación internacional de derechos de autor. Entonces la tal ayuda, no lo fue. Y sigue tronando afuera. Asustador.

La lluvia del olvido"Los negativos de diferentes tipo y medidas de cámara están guardados en bolsitas que no es lo adecuado para su preservación. Nos dicen ahora que nada. Que no hay el presupuesto. Todo lo ponen en cifras, pero no hay una ayuda real para conservar y tomar una decisión rápida. Esta es la historia de Bogotá y como tal debe ser respetada y rescatada", indicó Margarita.

Y hasta el momento no hay nada qué hacer. Solo hilvanar estas líneas para que a través de las redes sociales lleguen y muevan la fibra de alguien con poder de decisión que empuje el carro del apoyo, privado o público, para conservar lo que está amenazado, no sólo por el agua, sino por la humedad, los hongos y demás riesgos que atacan sin piedad a los negativos de celulosa guardados en plásticos, y donde el registro de nuestra ciudad, aún inédito, sigue sin ser conocido. Claro, propuestas y decisiones que no sean tan... que pretendan quitar a los herederos del gran fotógrafo lo que les corresponde, por derecho, por izquierdo, y por sentido común, el menos común de los sentidos.