Edición 353

Zipaquirá bajo tierra

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Zipaquirá bajo tierraZipaquirá es un municipio que está ubicado a 50 kilómetros de Bogotá. Es ampliamente conocido por la explotación de sal y por ser un destino turístico que seduce por su arquitectura colonial, comercio, variedad de restaurantes y por poseer uno de los lugares más extraordinarios de Colombia como lo es la Catedral de Sal.

El día destinado era el domingo. Hora 11:07 de la mañana. Lugar de la cita: Terminal de Transporte de Bogotá. Como cualquier mortal me dirigí hacia el modulo rojo, compre mi tiquete y sin pensarlo me instalé como rey en el bus que me llevaría por primera vez a la Catedral de Sal. Visitar este lugar se había convertido en un verdadero reto, después de intentos fallidos, clima revoltoso o compañías las cuales no les parecía lo suficientemente atrayente esta parada, por fin iba en camino.

Zipaquirá bajo tierraLa sensación de cuando el viento de la sabana roza intrépidamente mi cara es único, mas cuando el señor conductor inicia una bestial batalla contra el tiempo, lucha en donde él y su bigotudo ayudante triunfaron ampliamente, ya que en un poco más de una hora mi cara de forastero enfrentaba sin miedo a la Ciudad de la Sal.

Los síntomas de hambre ya eran visibles en mi demacrado rostro, era el momento de emprender la búsqueda de un buen restaurante y Zipa es la Torre de Babel de los olores y sabores, compuesto por ofertas gastronómicas como: carne a la llanera, pollo asado, mazamorra chiquita, fritanga, arepas o postres, que saciaran todo tipo de hambre por feroz que esta fuera.

Con la barriga llena y el corazón expectante, mi destino era la tan conocida Catedral. No había vuelta de hoja estaba en la boca del lobo y no iba a retroceder. Lo primero que percibí fue ese olor azufrado y una oscuridad que me recordó las llegadas tarde a cine. Con dificultad escuchaba lo que vociferaba la guía, estaba pendiente de no caer en ningún precipicio indeseable, pero poco a poco el camino se hizo más claro ya que la luz incandescente de las esculturas hacían sublime el sendero.

El recorrido se hacia cada vez más llamativo y celestial, luces de colores penetrantes y un frío subterráneo que inundaba mis viejos huesos.

Zipaquirá bajo tierraPor fin al frente: la cruz enorme de más de 30 metros de altura que invita al recogimiento y a la sorpresa, y cómo no a la pregunta de cómo hicieron para traerla o ponerla allí. La guía con su grito se apresuró a resolver y callar cualquier comentario: la construyeron allí mismo, tallada sobre la roca que esconde el mineral. La vieja mina es ahora una atracción turística nacional e internacional. (Aunque no falta el que diga que la de Nemocón, la población vecina y que también tiene una estructura subterránea en las antiguas explotaciones departamentales del mineral, es más bonita).

Acudir a este espectáculo natural debería ser una obligación como ir a la cuidad de La Meca por los menos una vez en la vida, el resto lo descubre usted. Inundado de suvenires y una sonrisa nerviosa, me hice el firme propósito de descubrir otras de las maravillas que tiene este país llamado Colombia.