Edición 353

Cartagena de Indias entre la desolación y la utopía

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Cartagena de Indias entre la desolación y la utopíaComo una burbuja que se infla y se achica hasta que explota así son los días en esta Cartagena de Indias que es, en pequeño, el reflejo ampliado de todo lo que sucede en Colombia.

Explotan las olas del mar, la gente con su modo arrebatado de decir las cosas, el sonido bestial que sale de los parlantes de las busetas; hay una legendaria con unos cachos en su timón, que no cobra a los pasajeros que se le midan a cantar sobre algunas de las pistas que lleva. Lo que también explota hacia dentro es la impotencia de asistir todos los días al espectáculo de un país que se mantiene en un prolongado juego político perverso que no resuelve los problemas estructurales.

Cartagena de Indias entre la desolación y la utopíaEl largo memorial de agravios sigue vigente desde las épocas de los próceres de la independencia. En el listado están las formas blandas de control político a través de la cooperación internacional, el robo de los recursos públicos, los balcones reino de la opulencia que miran de reojo los barrios pobres, el reino del rebusque en el que se encuentra desde una exquisita arepa de huevo hasta un resucitador café de 200 pesos vendido por hombres de rasgos ancestrales que caminan todos los rincones de la ciudad sin descanso, un sistema de transporte que circula como si se tratara de una batalla entre busetas, la basura que crece como la hierba. Entre los pliegues de este cuadro inacabado y el viento viajan historias que no solo son mágicas sino desoladoras.

Cartagena de Indias entre la desolación y la utopíaLo mágico está en el modo que tiene su gente de adentrarse en sus memorias, en el sol naranja que despide la tarde a los rebuscadores. La desolación la suelta de un sopetón una chofer de taxi que grita: esta ciudad da vergüenza. Entre lo mágico y la desolación se abren camino varias experiencias y organizaciones que se ponen en tareas que nadie asume.

Ciudad Móvil, un centro cultural instalado en el barrio Getsemaní que se ha ido convirtiendo en un laboratorio donde dialogan distintas experiencias artísticas; la Fundación tu cultura que propone un encuentro con la comunidad de San Basilio de Palenque y su proyecto de mantener vivas sus tradiciones, lengua y músicas. La Cartagena de Indias entre la desolación y la utopíaFundación Nuevo Periodismo que adiestra a periodistas en el artesanal y cuidadoso ejercicio de la escritura periodística; el Festival de Cine de Cartagena que es un punto de encuentro de jóvenes talentos que arriesgan nuevos modos de narrar en el cine; Funcicar que promueve las buenas prácticas en las políticas locales; el Colegio del Cuerpo, referente para los procesos de inclusión desde el arte; La Fundación Tocando Puertas que facilita procesos de formación e intercambio para los músicos de la ciudad. El listado lo completan los ejercicios solitarios de ciudadanía responsable que uno que otro vecino propone y otras iniciativas como la del Mercado Cultural del Caribe, que promociona ese amplio repertorio de experiencias artísticas y culturales que circulan en este territorio.

Cartagena de Indias entre la desolación y la utopíaTal vez si un día en Colombia todos esos que asumen las tareas que le corresponden a un buen gobierno se juntan para arriesgar e imaginar juntos un proyecto, se le podría hacer contrapeso al país del olvido y el despelote que permite el juego perverso de los políticos, incluida la guerrilla que negocian el destino de una sociedad que tiene en sus gestores, artistas, líderes sociales que no tramitan con lo ilegal, empresarios honestos la alternativa para un país imaginado desde la orilla de la ética y la estética.