Edición 367

Back to the Gym

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Back to the Gym Dicen que ser ama de casa es el oficio más desagradecido del mundo, pero aunque estoy de acuerdo, hay otro que le hace competencia en lo ingrato: el ejercicio. Obviamente trae miles de beneficios para la salud, pero no importa si lleva toda una vida haciendo deporte, sólo basta con que deje varias semanas o meses de practicar dicha actividad, para que sienta que nunca lo había hecho en su vida.

Eso me pasó este año. Dejé diez meses de ir al gym y, cuando decidí reiniciar, lo hice en una clase de yoga donde me di cuenta que parecía una muñeca de caucho, pero oxidada. Todas estas facultades de flexibilidad, adquiridas con los años en clases de yoga, stretching y pilates, simplemente ya no existen. Lo peor es que había señoras de edad que hacían los ejercicios mejor que yo y a mí me tocaba acudir a la forma simple de cada una de las posturas y, obviamente, en un número menor de series a los demás asistentes de la clase.

Pero bueno, ya estoy acostumbrada a que esto me ocurra en la vida. De la niña que era una 'dura' jugando tennis, no queda nada y por eso no me gusta ni contarlo. ¿Quién me va a creer que fui campeona de tenis si cuando cojo una raqueta y una bola parezco, más bien, Édgar Rentería? Sí, el resultado es que la bola, si estoy de buenas, llega a la otra cancha, pero si no, sencillamente, como si estuviéramos en el Triángulo de las Bermudas, desaparece. Así que quedé con más pinta de beisbolista que de tenista.

De la niña que patinaba todos los días al frente de la casa, que hacía el ángel, la vuelta campana y patinaba hacia atrás en patines de cuatro ruedas, queda hoy una adulta que tambalea subiéndose en patines en línea y, al lograrlo, termina aferrada a una baranda.

Retomando el tema del Gym, lo peor fue el día que volví a hacer spinning. Como es costumbre, en cualquiera de estos lugares siempre me encuentro con gente que he conocido en otro gimnasio. Eso me pasó con el profesor que me reencontré en mi nuevo gym y me exigió igual que antes. Lo que él no sabía era que llevaba casi un año sin hacer ejercicio y que, cuando lo conocí, estaba en el tercer piso. Ese día alcancé a ver a mi abuela llamándome al otro lado del túnel.

Coincidió que, por esos días fue la entrevista de Lance Armstrong, criticado por todo el mundo, menos por mí porque, realmente, sentí la necesidad de consumir EPO para poder terminar la dichosa clase y llegar a mi casa con vida.

La siguiente clase me fue mucho mejor, no precisamente por mejorar mi rendimiento físico. Tampoco conseguí el EPO por tratarse de una mezcla de sustancias muy sofisticadas, sino que cada vez que el profesor decía que le aumentara la resistencia yo simulaba hacerlo. Por lo tanto, terminé la clase sin una gota de sudor y quedé lista para otra, como en los viejos tiempos.

Pero la modalidad de Body Combat logró lo que, hasta el momento, otras clases no habían hecho conmigo y fue despertar mi buen estado físico. Creo que mi instinto agresivo fue el que logró que, a punta de puño y pata, sudara y sacara toda la adrenalina que hay dentro de mí, que no es poca, aclaro. Ahí sentí que volví a nacer, sensación que me duró poco menos de tres minutos después de acabar la clase, cuando se me fueron las luces.

Ahora ya nada es como antes. Uno ya no puede ajustar su vida al horario de clases, sino al revés. Así que, basada en esta realidad, tuve que asistir a una clase de "Súper ABS" y yo me pregunté a mí misma qué tenían de súper las abdominales y mi respuesta la reconfirmé al finalizar la clase: nada. Yo lo que no entiendo es cómo en 1 hora que equivale a 60 minutos es posible inventarse tantas clases de abdominales para repetir en series de 30. Lo que destaco del profesor es su creatividad y la forma de prolongar el tiempo porque esa hora parecen dos y, lo peor, es que sigue siendo una.

Otra de las desventajas de dejar de hacer ejercicio es que los músculos que, después de tantos años de esfuerzo, se habían logrado tonificar, hoy parecen una gelatina. Así que vuelve y juega. Pero bueno, seguiré trabajando por recuperar mi estado físico, lo que me preocupa es que, cuando me esfuerzo un poco más de la cuenta, me da un hambre incontenible...muy difícil de aguantar, pero no tengo alternativa diferente si quiero ver resultados y volver a ser una deportista consumada.