Edición 367

Crónica de una muerte anunciada

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Crónica de una muerte anunciadaEscrito de una gestora cultural que tuvo que soportar la actitud discriminatoria que aún sigue anclada en el pasado y en la intolerancia.

No sólo porque el taller que me impidieron compartir fue, precisamente, el de arte dramático, Teatro del Oprimido, en el marco del proyecto de comunicación comunitaria de Suba, financiado por la Alcaldía Local y ejecutado por la Asociación Valorarte en el marco del Convenio N° 043 de 2012. La discriminación es dramática y a quien discriminan siente que se le muere un poco algo por dentro.

Ya es mucho lo que me han discriminado en 41 años de vida por mujer, por negra, por pobre, pero aún no me acostumbro a que me den ese trato. Ojalá nadie se acostumbre. Sigo sin olvidar que en una clase cualquiera el profe Ursino Vega, cursando segundo de primaria en las Concentraciones Escolares El Parnaso, nos explicó por qué la dignidad es un supravalor, por qué es el valor por excelencia, por qué está encima de tantos otros valores.

En los setentas no daban clase de ética, valores, ni nada de esas cosas relacionadas con la formación ciudadana de las que tanto se mientan hoy día en los colegios, y fue en un colegio, el Externado Caro y Cuervo de la localidad de Suba, donde el coordinador Ciro A. Sierra G. no tuvo empacho en decirme que el taller no iba porque tenía rapada la cabeza.

Ahí entendí por qué las adolescentes negras de su institución educativa estaban blanqueadas; lo que no puedo definir es si lo hacen por decisión propia, presión social o racismo rampante.

Cualquiera que le haya puesto la cabeza a un secador de pelo y luego a una plancha, debería sentir terror, sobre todo cuando se siente cercano el calor cerca a la oreja en lo que intentan alisarte esos pelitos que la rodean y que persisten en atrapar con el aparatejo hirviente.

Crónica de una muerte anunciadaMi caso fue peor: no bien había superado los cólicos de la menarquia, había superado la infancia, época en que es hasta pintoresco lucir negra, y ya me estaban aplicando un químico que alisaba el cabello que quedaba tan chuzudo que obligaba, de todas formas, a la terapia de rulos y secador para darle una forma ondulada tan ficticia como la técnica misma.

Las amigas con escasos pasos en eso del feminismo, insisten en que las planchas de ahora están diseñadas para que la superficie candente no toquen ninguna parte de la piel: peor aún, estiran tanto los pelitos que al final muchos de ellos se quedan en el cepillo o la peinilla que los arranca de un tironazo.

Me niego a torturarme y a permitir que me torturen. Soy una mujer negra con identidad propia, soy la única que decide sobre su estética y ni me interesa saber a quién no le guste, sólo exijo que me respeten tal como yo lo hago con el resto de la humanidad.

Repercusiones

Me acabo de enterar que de ñapa, como decía mi abuela, se cayó toda la programación de talleres en el colegio aquel. Mi primera reacción, errónea por cierto, fue sentirme culpable por dos segundos eternos, porque sé que con mis compañer@s nos hemos comprometido bastante con esta oportunidad de compartir lo poco que sabemos. Por mi parte leí en cuatro días más de seiscientas páginas relacionadas con Teatro del Oprimido, experiencias y ejercicios de Augusto Boal y el genio, en mi opinión, de este tema en Colombia, mi maestro, Otto Manrique, el payafrito, del que aprendí buena parte de lo que hasta ahora sé y he practicado sobre arte clown y política.

Pero no me debo sentir culpable (nadie se debe sentir culpable cuando le discriminan) por ser quien soy ni verme como me veo. No es capricho ni producto de la casualidad que con mis amigos, pero sobre todo con mis amigas, evitemos comprar ropa nueva, ir a la peluquería o estar consumiendo cuanto producto nos impongan unas leyes del mercado en las que no calamos.

Consumir sólo lo indispensable es una decisión política responsable con un planeta del que ya estamos consumiendo el 120%, lo que conlleva a que haya lugares del mundo (y en el mundo, la localidad de Suba), en que la gente está aguantando hambre.

Crónica de una muerte anunciadaNosotras nos cortamos el cabello unas a otras, o nos pasamos una vela como en el antiguo Egipto o en Chiriguaná si se nos abren las puntas del pelo. En algún momento tendremos que institucionalizar el trueque permanente que hacemos de prendas de vestir, pues vivimos enamoradas de los chiros que tienen la una y la otra.

Mi estética debe ser y es producto de mi decisión. Quien se sienta con derecho de opinar respecto a ella es un abusivo. Quien me mire maluco porque no cumplo con la norma, me agrede. Quien no me permita trabajar por ella, vulnera mis derechos.

Otra vez trata de asomar la culpa porque no sólo yo me quedé sin trabajo sino que dejé sin él a todo un parche que quiere levantar la voz. Su diversa voz. Culpa. Esa es la primera reacción que tiene una mujer cuando le pegan, cuando la insultan (los piropos son insultos que faltan al derecho que tenemos al respeto) o nos violan: sentirnos culpables por caminar, vestirnos, maquillarnos, como lo hicimos, provocando al violador, al abusivo, al hombre dueño de la calle y lo que se encuentre en ella.

Eso es lo que nos repite una sociedad inmersa en el sistema patriarcal cuya ideología es el machismo: somos culpables de que nos violen, nos golpeen y nos asesinen por tener la mala fortuna de haber nacido mujeres y por esto no tener derecho a voz y casi que ni voto.

Mi culpa. Es tanto lo que lastima, violenta sicológicamente cualquier forma de agresión, que yo, siendo una mujer, negra, víctima de diversas formas de violencia, con años de formación política, que recurrentemente pienso el lugar que quiero tener en el mundo y desde donde proyectaré mi voz, pensé por dos segundos que era yo la victimaria mía y del equipo de formadoras/es con el que estamos sacando adelante esta fracción del proyecto de Comunicación Comunitaria. ¿Cómo se sentirá una mujer que por un día quiere descansar de los tacones de plataforma y que el marido "al que pertenece" la haga sentir o le gritara "fea"?

Crónica de una muerte anunciadaObviamente el daño va más allá. Para alguien que contesta correos electrónicos desde su iPad debe ser poco importante que haya perdido el dinero por transportarme en el sistema Transmilenio y no a luka en cheto, por llegar media hora antes al taller para que él me dejara esperando.

En esa media hora que a la larga le pesó más a él que a mí por ser el mal ejemplo a los ojos de sus estudiantes, dos profesoras que salieron por una puerta que decía "Pre-escolar", se daban golpes de mentiras, jugaban a golpearse e insultarse a medias. La naturalizada violencia simbólica que a mis amigas, mis parceras, y a mí nos espanta porque decididamente hemos excluido de nuestras vidas cualquier forma de violencia.

Este profesor Ciro A. Sierra G. ni debe saber de qué le hablo, porque habrá una barrera entre él y yo, por cómo me veo, si nos encontramos por los azares mismos de la dinámica de la calle, porque no le interesa enterarse de las otras construcciones del lenguaje que se dan en ella. Para él no fue importante un taller de comunicación comunitaria. A él no le interesa que las sociedades se definen por el tipo de comunicación que manejan. Él mantiene una comunicación unidireccional y no le interesa lo que piense o pueda llegar a verbalizar su comunidad..., en caso de que se le permitiera.

Las sociedades se definen de acuerdo a la forma de comunicarse que tienen y, o eligen, mentó Reinaldo Suárez, mi compañero del Colectivo Palabras Mágicas y de la vida en el primer taller que se hizo en el marco del convenio ya mencionado.

Es una lástima que las comunidades en Suba no sean conscientes de la valiosa oportunidad que están dejando pasar sólo por no priorizar cualquier posibilidad de formación en comunicación. Es indispensable que nos formemos en comunicación si queremos cambiar paradigmas sociales.

Que por el rapado que me hicieron de un lado en la cabeza, dijo. Que la línea de la rectora (nunca mencionó cuál es su línea) es bastante conservadora y ella es radical con eso de que los muchachos tengan el corte bajito. No hay corte más bajo que rapado, pero yo soy mujer y él decidió que era mal ejemplo para sus estudiantes.

Una semana después de tomar la decisión caí en la cuenta de que voy a tener muchos problemas por lo que fue más una decisión pragmática: me rapé porque desde que me impusieron alisarme el cabello no volvió a brotar pelo de muchos de los folículos pilosos de mi cuero cabelludo. Ser una mujer estereotípicamente bella se paga hasta con la salud.

Crónica de una muerte anunciadaPor fortuna, hoy tengo la posibilidad de demandar por discriminación y reclamar la protección del Estado del que hago parte, ya que ¡por fin! existe una ley que me ampara. Debo hacer el ejercicio para enterar a las personas de cómo se lleva a la práctica poner fin desde lo legal a cualquier forma de opresión. Esta situación debe sonar todo lo duro y persistentemente que haga falta para que nunca más a una persona se le niegue la posibilidad de trabajar por la influencia que tengan sus decisiones estéticas en su apariencia externa.

Qué bueno haber tenido la posibilidad de discutir con las y los estudiantes las implicaciones que tiene hacer algo tan, aparentemente, osado como que una mujer se rape la cabeza total o parcialmente. Discutir qué pasa con quienes se salen de la norma, con lesbianas, con grafiteras/os, o cualquier ser que elige manifestarse de manera diversa. Es una pena no haber tenido la posibilidad de discutir los diversos temas que incluye la formación en comunicación comunitaria que promueve la Alcaldía Local.

- ¿No le leyó usted la propuesta del Teatro del oprimido?, porque me está oprimiendo -, le dije al coordinador del Colegio Externado (¿exterminio?) Caro y Cuervo.

- Seguramente -respondió éste sin el menor empacho.

No da ni pena violentar a través de la discriminación. Eso está naturalizado. Por mi parte sólo quería tener la posibilidad de compartir un taller de Teatro del oprimido o, en este caso, de la oprimida. Así como para que vayan viendo la importancia de mentar a las mujeres dado que no son las mismas las opresiones para unas y otros. Tener la posibilidad de comunicarme con ustedes y enterarles de lo que está sucediendo en la localidad, lo asumo como mi conquista.

Imágenes tomada de: Qiibo.com, Posracialidad, CNNExpanción, Taringa, Ciudad Capital.