Edición 363

Artificios y cotidianidad dentro de un hotel

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Artificios y cotidianidad dentro de un hotel Hay muchos hoteles con vista al mar en el mundo pero quizás solo uno como ese barco incrustado al frente de la Avenida Santander en la ciudad de Cartagena. Allí en una casa resguardada por unos muros blancos de formas coloniales se encuentra el Hotel Bellavista.

En este lugar habitan varios personajes que viven por meses y años junto con trabajadores y turistas que vienen por pequeñas temporadas, se trata de uno de los primeros hoteles de La Heroica. Su entrada en las mañanas es un punto de encuentro de vendedores de tinto, pescadores y de los mismos huéspedes. El capitán de esa pequeña ciudadela, laberíntica y de 70 habitaciones en versiones sencillas, dobles, por meses y por Artificios y cotidianidad dentro de un hotel días es Enrique Sedo un francés que habla costeño y que se considera parte del inventario del hotel, junto a su hermana Monique han sido testigos del peregrinaje por este hotel de seres anodinos e ilustres.

Su madre, la señora Eugenia Talazac lo adquirió hace 65 años y desde entonces el Bellavista hace parte de los recuerdos y de la vida de quienes llegan a Cartagena aventurándose en algún proyecto noble y descabellado.

Artificios y cotidianidad dentro de un hotel Compartiendo esa herencia esta la comunidad multiétnica y diversa que circula entre los corredores del Bellavista. Herederos de un lugar en el que el tiempo se modela con el lento y dibujado pensamiento de los que allí adentro imaginan realidades paralelas. Si Thomas Mann hubiese pasado por el Caribe colombiano quizás habría recreado su novela Muerte en Venecia entre los laberintos de este hotel, sus reflexiones y preguntas sobre la belleza las habría resuelto y encontrado en cosas primitivas y rústicas.

Artificios y cotidianidad dentro de un hotel Su manifiesto sobre la belleza no estaría en los rasgos de un joven andrógino italiano sino en las toscas y talladas formas de mestizos, mulatos y zambos; no la habría buscado en las formas rectas de la arquitectura veneciana sino en los entramados del árbol de caucho donde se posa en las mañanas una iguana y que da sombra en el amplio patio del hotel. La belleza estaría extraviada entre las señales que le trae al pensamiento la brisa del Caribe.

En el vecindario del Bellavista están un dibujante de figuras carnavalescas que vuelan por los techos de una ciudad colonial, una arquitecta que gestiona una expedición para Artificios y cotidianidad dentro de un hotel seguir restaurando las terrazas en Ciudad Perdida, un italiano experto en el conflicto del medio oriente, el profe de Liricas del Caribe, un pequeño empresario que hace poemas, una filóloga que desbarata poemas e hizo con eso una tesis doctoral, un refinado peluquero, una cantante de jazz, una pareja de tango que algunas tardes en el bautizado salón de los tulipanes, donde están las pinturas de muchos los que han pasado por este hotel, atajan el devenir danzando. Allí convive y se cruza lo imaginado y lo real. Las modulaciones de lo que se crea con el rugir de la avenida con sus busetas tronando champeta y regeaton.

Artificios y cotidianidad dentro de un hotel Allí dentro todo sucede lento, las paredes lloran de la humedad y una fauna de palomas, gatos y lagartijas zigzaguean por sus paredes, la lentitud la rompe la dicharacheria y el encuentro con los vecinos con los que se inaugura cálidas tertulias.

Este Hotel es una metáfora de la Colombia. Un país que lo sostiene los actos improvisados de su gente que arreglan cosas con lo que tengan a la mano, que se resiste a todo por mecanismos de sobrevivencia instintiva que desatan risas, actos de efusividad, encuentros y también bombas y balaceras. Un territorio geográfico y Artificios y cotidianidad dentro de un hotel cultural que lo puede sostener una mística confianza en los actos de la creación y la imaginación.

La huella de esos actos que le proponen al país proyectos, Festivales, que se unen a través de Colectivos los seguiremos encontrando en los próximos foros de DIATRIBAS, para imaginar a Colombia no solo desde este rincón del Caribe sino para hacer de este acto una profesión diaria que siga proponiendo nobles destinos.