Edición 368

Más allá de Frida Kahlo

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Más allá de Frida KahloLa historia de la modernidad se está volviendo a escribir, esta vez tomando en cuenta a los artistas de esta parte del mundo.

La forma en que el mundo mira el arte de América Latina está cambiando. Ya no es solo prehispánico y colonial. La modernidad es protagonista de un creciente interés internacional. Ya no como algo exótico o folclórico. Se trata de un redescubrimiento, de volver a narrar la historia del arte moderno incluyendo los logros y contribuciones de los artistas latinoamericanos.

El cambio es especialmente latente en Estados Unidos. Hasta hace poco, las miradas se centraban casi que exclusivamente en una pareja de mexicanos: el muralista Diego Rivera, con su realismo social, y su esposa Frida Kahlo, quien desarrolló una obra personal que mezcla elementos de su dramática vida, sus sueños y de la cultura popular de su país. En un distante tercer lugar aparecían los lienzos surrealistas del cubano Wifredo Lam. Era como si, literalmente, miraran de reojo al sur de sus fronteras.

Más allá de Frida KahloY si la visión de los norteamericanos era limitada, la del resto del mundo se reducía a Frida. Mari Carmen Ramírez, curadora de arte latinoamericano del Museo de Bellas Artes de Houston, lo llama "el fenómeno Frida Kahlo", que "oscurece" el arte de esta parte del mundo. Se refiere a que, aunque la mexicana desarrolló una obra fascinante, "no pueden usarla como un emblema para toda una región. Es absurdo".

Esta situacion hace que un grupo de apasionados académicos y curadores, más o menos desde los años 80, impulsen este redescubrimiento. Los resultados son papables en las paredes de museos y galerías, en investigaciones y los precios en las subastas.

Así, por ejemplo, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York dedicó retrospectivas a tan solo tres creadores latinoamericanos durante el siglo XX. Fueron las de Rivera, el exiliado chileno Roberto Matta y el brasilero Candido Portinari. Esto, pese a que el museo ha adquirido arte de la región desde su nacimiento en 1931, contando con una de las más completas colecciones de su tipo en el mundo.

El nombramiento de Luís Pérez-Oramas, como curador de arte latinoamericano en 2006, marcó un punto de inflexión en el MoMA. Le siguieron la gran retrospectiva del venezolano Armando Reverón –la primera de un latinoamericano desde 1967–, la muestra conjunta del argentino León Ferrari y la brasilera Mira Schendel y la retrospectiva de mitad de carrera del artista contemporáneo mexicano Gabriel Orozco.

Junto a museos y curadores, los coleccionistas son los otros engranajes que impulsan este redescubrimiento. Entre ellos destaca Estrellita Brodsky, quien aporta los fondos que soportan las curadurías de arte latinoamericano del MoMA y la Tate Modern, de Londres.

Más allá de Frida KahloAún más decisiva es la labor pionera de Patricia Phelps de Cisneros. En los años 70, comenzó a articular la más importante colección privada que cada año recorre el mundo con el propósito que "América Latina haga parte del léxico universal del arte".

Y es que Europa y América de Norte desconocían, de acuerdo con Pérez-Oramas, que desde los años 30 del siglo XX en la región hubo una continuidad de las vanguardias europeas y una trasformación de ese legado en interesantes formas artísticas. Es decir, la abstracción geométrica, el minimalismo y el conceptualismo no fueron movimientos artísticos exclusivos de europeos y norteamericanos. Incluso se habla de investigaciones pioneras de latinoamericanos en estos campos.

Por ello Ramírez centra la atención en artistas que trabajaron en Brasil, Venezuela y Argentina, en donde estos movimientos alcanzaron un alto grado de sofisticación. Y entre los nombres que más acaparan exposiciones y estudios, además de Ferrari, figuran los brasileros Hélio Oiticica y Lygia Clark; y los venezolanos Gego, Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez.

Oiticica desarrolló una polifacética obra alrededor del color y el espacio; desde sus primeras pinturas constructivistas, hasta las singulares capas y banderas para bailar samba de los años 60. Por su parte, Clark se interesó por el rol del espectador en el arte, creando objetos manipulables o variadas experiencias artísticas que lo involucran activamente. Ambos son tempranos precursores de la instalacion, el happening y el performance.

Más allá de Frida KahloEn los años 70, Marta Traba llamó genio a Gertrud Goldschmidt, la artista venezolana conocida como Gego. Tuvieron que pasar más de tres décadas para que el mundo empezara a notarlo. En su obra –imposible no destacar las Reticuláreas–, la línea desnuda adquiere movimientos orgánicos, pero de un modo diferente al de sus contemporáneos cinéticos. Es un proyecto tan personal y original, que es difícil de catalogar.

Precisamente, también son protagonistas los cinéticos venezolanos. En su momento una figura de renombre mundial, Soto revolucionó la manera en que interactúan espectador y obra valiéndose de formas geométricas, colores planos y elementos extrapictóricos como alambre, plástico y madera. Mientras que Cruz-Diez se interesó particularmente por el color e investigó como es percibido por el ojo humano, creando sofisticados efectos ópticos.

Ferrari fue pionero explorando las calidades plásticas de la caligrafía y el lenguaje, planteando escribir el dibujo en los años 60. También están sus controversiales piezas de contenido político, muy certeras al transmitir mensajes, como cuando puso de manifiesto la relación entre religión y violencia con la escultura Civilización cristiana y occidental.

Es así como el mundo está viendo más allá de Frida Kahlo: dejando a un lado estereotipos y reivindicando a algunos de los grandes maestros latinoamericanos del siglo XX. Lo mejor es que aún queda mucho por redescubrir.

* Trabajo cedido por el autor. No genera costos para ninguna de las partes. Es solo con carácter convenido, pedagógico e informativo.

Pie de fotos.

  • 1.Pintura 9 de Hélio Oiticica
  • 2.Reticularea de Gego.
  • 3.Pentrable de Jesús Soto.
  • 4.Civilización cristiana y occidental de León Ferrari.