Edición 355

Montevideo, Uruguay, un chico país con gran historia

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Montevideo, Uruguay, un chico país con gran historiaA las 8:45 a.m. partimos hacia el país oriental a bordo del barco Atlantic III con más de 200 pasajeros. Uno de sus empleados nos había alertado que nuestro boleto era para primera clase y fuimos a la sala VIP, a desayunar y luego a la elegante recámara del buque-bus. Sus máquinas eran silenciosas y rápidas y nos llevaron por las aguas del Río de La Plata en una hora a la bella ciudad de Colonia con su faro.

Hacia las tres de la tarde, por una autopista rápida y bien señalizada, nos dejó el ómnibus en la Estación de La Tres Cruces. Un taxista nos recogió y recomendó el hotel Plaza Forte, cuatro estrellas. Queda cerca de la Plaza que alberga el monumento al héroe nacional José Gervasio Artigas y tiene como fondo el Palacio Salvo que fue en su momento el edificio más alto de Suramérica con 90 metros. Juan nos mostró tres habitaciones y escogimos una de 75 dólares, con derecho a desayuno buffet. La elección no pudo ser mejor.

Montevideo, Uruguay, un chico país con gran historiaAlmorzamos en la esquina próxima en un restaurante en donde Alex nos ofreció el menú del día. Ternera a la plancha con ensalada y copa de vino tinto para mi novia y petit bife chorizo con ensalada y copa de vino blanco para mí. Luego salimos a conocer el Teatro Solís con escenario remodelado y dotado de una acústica reforzada con cubierta de vidrio exterior. Al frente, en la esquina de la Plaza reposa una estatua de Enrico Caruso quien dio un concierto allí, nos lo contó después Raymundo Larrobla.

A las cinco de la tarde entramos a Pasiva a refrescar la garganta con un porrón de cerveza, y dos panchos. Mi novia optó por un agua aromática. Y seguimos nuestro camino entrando a perfumerías, oficina de turismo en busca de algún souvenir y un lugar para ir a mirar y oír tango. Nos decidimos, por fin, a terminar el lunes en El Milongón en compañía de una pareja brasileña en la mesa y un elenco de una docena de artistas que cantaron, tocaron y bailaron tango, milonga y candombe.

Montevideo, Uruguay, un chico país con gran historiaEl martes amaneció haciendo sol. Nos recogió de nuevo en su van Raymundo Larrobla, exquisito guía y contador de las memorias que guarda esta cuna de la historia oriental. Me conmovió la obra de Los Cuatro Orientales. Son los últimos aborígenes Charrúas que también sucumbieron en la carnicería de los conquistadores. La niña que reposa en brazos de la madre tuvo el nombre de Mónica y no se sabe de su vida y paradero.

Fue entretejiendo la ruta por plazas, calles y avenidas con anécdotas, leyendas y hechos de personajes y lugares. Y hasta nos comentó en detalle el juego del truco. Nos llevó hasta la plaza matriz con sus 67 plátanos de hojas imperiales que inundan el suelo en otoño. Allí está una fuente en el centro con gárgolas, querubines, nombres de héroes e imágenes que registran el pensamiento de los fundadores de Montevideo. Aparecen la escuadra, el martillo, la serpiente y otros símbolos de la masonería.

Por el camino de detuvo a narrarnos la historia de masones y alquimistas famosos. Recordó las dos visitas, casi seguidas del papa Juan Pablo II a Montevideo. En una de ellas fue hasta Piriápolis, famoso palacio construido por el ingeniero Francisco Piria. Se dice que el papa se llevó de allí el Grial que la logia guardaba en un espacio encerrado en tres puntos angulares dotado de gran energía*.

Montevideo, Uruguay, un chico país con gran historiaPasamos por la parte vieja de la ciudad. Son unas diez cuadras cuyas casas de construcción hermosa en su totalidad están vacías y corren peligro de derrumbarse. Lo mismo ocurre con la edificación de la Estación antigua del tren, cerca de la Plaza de Mercado. Nos mostró el palacio que construyó el ingeniero José Belloni y los monumentos en bronce a La carreta en el Parque Batlle y a la Diligencia en el exclusivo barrio El Prado.

Pasado el medio día y después de tres horas amenas, nos despedimos de Raymond quizás con la misma nostalgia de quienes han bebido de una fuente insondable.

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