Edición 374

Un hospital en medio del océano

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Un hospital en medio del océano

 

A pocas millas mar adentro, el municipio de Tumaco tiene anclado el visitante más grande y generoso que haya merodeado sus costas. El Comfort, uno de los buques- hospital más grade y completo de la Armada de Estados Unidos, está de visita por el Océano  Pacífico colombiano. Tiene como misión brindar asistencia médica a 10 mil personas de escasos recursos.

En una humilde escuela de paredes sucias, techos rotos y pisos deteriorados, los miliares estadounidenses armaron improvisadas salas de servicio médico,  odontológico, Rayos X y pequeños centros de diagnóstico clínico. Los equipos utilizados en la misión humanitaria son de última tecnología, y a juzgar por el testimonio de los pacientes, nunca, que recuerden los tumaqueños, vieron tantos aparatos extraños en el pueblo. También es extraño ver tanto militar gringo en una zona incrustada en medio de una selva tropical adornada por las incesantes olas de un océano que de pacífico no tiene nada.

Un hospital en medio del océano

Niños con labio leporino son operados en el Buque Comfort. Foto Alejandro González. Buque de Papel

Aseguran los habitantes que jamás el pueblo había tenido un servicio médico tan especializado y completo, porque a decir verdad, en esta región, la pobreza, la violencia y el abandono del Estado son enfermedades tan antiguas que se enraizaron tan profundo como las viejas, escasas y gruesas  palmeras que todavía adornan las pocas  calles del  municipio.

El mar expulsa una débil brisa que no logra contrarrestar el sofocante calor que reina en cada espacio. A la sombra de un surco de palmeras cientos de personas hacen fila para poder entrar a consulta. Los nativos parecen inmunes a las altas temperaturas, muchos hacen fila bajo los rayos del sol y se les ve tan frescos como si acabaran de salir de la ducha. Otra es la historia de forasteros, citadinos y periodistas que se amparan en cualquier rama para esconderse de las implacables radiaciones solares.

Un hospital en medio del océano

Los pacientes son trasladados en helicóptero. Foto Alejandro González. Buque de Papel

En una improvisada sala odontológica tres corpulentos militares estadounidenses libran una batalla contra una muela mal acomodada en el maxilar inferior de una joven de aproximadamente veinte años de edad. Después de unos minutos de tire y afloje, de varias gotas de sudor y un desfile de instrumentos, logran el objetivo. La mujer, descansa con un respiro profundo. Es la primera vez que recibe atención odontológica, por eso, los elementos metálicos, relucientes, extendidos ordenadamente en una bandeja,  no la dejan salir del asombro.

Por los pasillos de la escuela  van y vienen altos uniformados que parecen sacados de las películas de guerra de última generación o fabricados en laboratorio. Entre ellos, varias mujeres, también uniformadas, especialistas en distintas ramas de la medicina o que desempeñan en labores de vigilancia e información. Mantienen expresiones cordiales y saludan con amabilidad a su paso. También hay varias colombianas que se encargan de la traducción idiomática.

Un hospital en medio del océano

El Comfor se mantiene anclado a pocas millas de Tumaco. Foto Alejandro González. Buque de Papel

Una visita especial

Minutos después del medio día, cuando el sol aún despliega toda su energía, y, antes de empezar el descenso hacia el horizonte azul del Pacífico, Juanes, el invitado más añorado por los tumaqueños, desciende de una camioneta “cuatro puertas” de vidrios polarizados. La gente se abalanza sobre él con el fin de tomarse una foto o, simplemente, lograr en medio del tumulto, un autógrafo que recuerde un día que desde ya es inolvidable. Famosos así, no se ven con frecuencia en un pueblo asediado por la indiferencia y atrapado por el olvidado.

La ceremonia de inauguración comienza con las notas marciales del himno nacional de Colombia, seguido del himno de los Estados Unidos, que entona una banda de guerra estadounidense. Terminado el acto protocolario, el embajador, William Brownfield, hace su intervención, resalta los objetivos altruistas de la misión, y como es costumbre, finaliza con un cometario cómico que despierta unísonas carcajadas.

Un hospital en medio del océano

Juanes, atento con las dramáticas historias de los pacientes. Foto Alejandro González. Buque de Papel

Apretujado por los seguidores que no le pierden el  paso, el Paisa recorre uno a uno los salones de clase acondicionados como consultorios. En cada cuarto los soldados, que no ocultan la admiración por el intérprete de la “Camisa Negra”, como si se tratara de un mando superior, le dan un parte de victoria de cada una de las misiones.

En el patio de recreo donde queda la cancha de futbol, Juanes, improvisa un breve concierto donde es extraño oír las notas musicales de canciones como la “Camisa Negra o “Me enamora” armonizadas por una banda de guerra gringa. Una pequeña de diez años más o menos, lo acompaña en la interpretación y se gana la admiración del público que agradece con un copioso aplauso.

Un gigante en medio del Pacífico

Después de 10 minutos navegando mar adentro en dos lanchas de la Armada colombiana, por fin nos acercamos al Comfort. Verlo de cerca es estar frente a un gigante de miles de toneladas de peso, de una altura comparada a las de ocho pisos y de 250 metros de longitud que se mantiene a flote con sutiles movimientos horizontales en medio del océano. Las olas pegan con violencia contra el gigante y de regreso sacuden con fuerza la pequeña lancha donde permanecemos sentados que, a decir verdad, parecen de juguete.

Un hospital en medio del océano

Este moderno helicóptero apoya la misión humanitaria en Tumaco. Foto Alejandro González. Buque de Papel

Cada quien se ingenia cómo saltar con éxito a los botes auxiliares que cuelgan de inmensas grúas instaladas en las zonas laterales del barco. Poco a poco subimos a la plataforma tirados por gruesas cadenas. Algunos marineros dan la bienvenida a bordo  y nos guían entre pasillos interminables hasta el restaurante donde nos ofrecen gaseosa para debilitar la sed.

Una teniente colombiana que presta servicio militar como enfermera en el Ejército estadounidense, es la encargada de guiar el recorrido por el Comfort. Junto a ella Juanes y el embajador Brownfield ponen atención a las explicaciones técnicas con las que cuenta cada sala hospitalaria. Las de cirugía son modernas, de espacios grandes y se apoyan con tecnología de última generación. Los salones de odontología tiene las mismas características, los cuartos de recuperación, nada tienen que envidiarle a cualquier hospital nuevo de nuestro país. Con tanta infraestructura técnica a flote, se entiende por qué Estados Unidos es el país más poderoso del mundo.

Un hospital en medio del océano

Diez mil personas se beneficiaran con tratamientos médicos plenos. Foto Alejandro González. Buque de Papel

El sol empieza a deslizarse sobre el horizonte con sutileza. A las 5:30 de la tarde el cielo se tiñe de amarillo intenso y cada segundo se va transformando en un rojo reluciente que colorea las gigantes nubes que custodian el mar.

En la noche, cuando la oscuridad del cielo se traga el horizonte, tan sólo se alcanza a ver en la penumbra una delgada línea dorada formada por los escasos faroles del pueblo que permanecen encendidos. En el helipuerto del barco Juanes improvisa un concierto. Lo acompañan músicos de uniformes camuflados pertenecientes a la Armada estadounidense que amenizan con sus guitarras momentos especiales en medio del océano. El Gigante sigue zarandeándose, pero en medio de la algarabía sus movimientos pasan desapercibidos.

Un hospital en medio del océano

Para muchas personas era la primera vez que recibían tratamiento odontológico. Foto Alejandro González. Buque de Papel

Al dia siguiente, en las primeras horas de la mañana, el helicóptero que acompaña al Buque Hospital desembarca a los pacientes traídos desde el pueblo. Varios de ellos son niños nacidos con labio leporino que serán operados antes de que la naturaleza y la falta de recursos terminen condenándolos a una vida de penurias.

En una región donde la violencia guerrillera, las masacres paramilitares y la lacra del narcotráfico son el pan de cada día, la visita del Comfort y los novecientos tripulantes, no deja de ser un alivio para centenares de personas humildes, que después de varias décadas de sufrimientos, ven en el horizonte un gigante blanco cargado con buenas noticias.