Edición 354

Tiempo para construir símbolos juntos

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Tiempo para construir símbolos juntosPodríamos decir que somos una sociedad predecible sino fuera por el esfuerzo creativo e intelectual de muchas personas. Vislumbrar senderos pasa por observar y asistir a lo que piensan hombres y mujeres de la cultura y el arte.

Hay un país, que es como la otra cara de la luna, que va siguiendo los pálpitos, intuiciones y la ruta conceptual que le propone los creadores, investigadores y gestores. Y es por esa zona de encuentro y reflexión que se puede imaginar otro país distinto al que se evapora en la retórica de políticos y los artilugios de la publicidad.

Dos cosas podrían relacionarse como una fórmula original de la felicidad: la sensación de algo inacabado, en algunos casos incluso a punto de desplomarse con el impulso que nos dice que se puede tener lograr un orden orgánico, que todo lo que somos y sabemos produce un hecho íntegro y total como reflejo también de un profundo ejercicio de decantación.

En esto se nos puede ir toda la vida o suceder en un momento en el que el adentro y el afuera se sintetizan en un momento, un acto creativo, una epifanía o un texto. En el caso de Colombia esa imagen totalizante parece reposar mejor en el relato de Cien Años de Soledad, en una canción del grupo Bahía o en un poema de Barba Jacob que en la versión de país que circula en fragmentos en los medios tradicionales.

Podríamos pensar que el tiempo es blanco y lo estamos llenando de flores como una suerte de slogan dedicado a este período que vive el país. Como una manera de a travesar desde una mirada esperanzadora lo que en manos de la razón a veces cuesta explicar.

Tiempo para construir símbolos juntosEl encuentro, la música, la reflexión nos permite reinventarnos y regenerarnos, y eso es lo que está sucediendo en los Lunes de Teatro, Cuida tu Ciudad en el teatro Adolfo Mejía, antiguo teatro Heredia de Cartagena.

En un país que invierte mucho esfuerzo y dinero para sostener históricas fuerzas de izquierda o derecha. En ese contexto que bien haría una suerte de perplejidad colectiva en las que al lado de las sistemáticas tesis de la seguridad y de justicia social, todos vamos quedando en blanco sin nada que decir o pensar y solo nos queda la resurrección de acciones eficaces y creativas que se inspiran en la reflexión con los artistas y todos los agentes de la cultura.

Podríamos marginarnos de cualquier discurso provocador de posibilidades y dejar que el caos siga regulando nuestra forma de vida, bailar sobre el desastre como Zorba el Griego y esto sigue siendo una imagen inspiradora, pero construir alternativas con las voces que vienen del mundo del arte y la academia puede contener a una sociedad ataviada de dolores y rabias. Contener significa abrir espacios para que se manifieste lo no dicho y construir juntos símbolos y acuerdos.

Pasó por Colombia la Gypsykumbia una suerte de resurrección de los gitanos de Melquiades pasaron por la Feria de Cali, el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, las fiestas del mar en Santa Marta, y llegaron al Teatro Adolfo Mejía en Cartagena para hacer sonar su cumbia gitana, con ella provocaron actos libertarios, hicieron gritar a la gente su nombre al universo y dieron fórmulas para el desencanto, ellos hacen parte de los símbolos que necesita un país como Colombia todavía fascinado con los artificios de la guerra y la violencia.

Tiempo para construir símbolos juntosAl mismo tiempo pudimos pensar con Carlos Vásquez, Carolina Calderón, Lidia Corcione, y Carmen Ruiz los invitados de esa noche las relaciones del trabajo de los artistas con la creación de una cultura que fomente el cuidado de lo público.

Dialogamos con las ciudades que hemos vivido, ellas en sus esquinas guardan algún recuerdo, cada quien les conversa y le confiesa en silencio sus asuntos, andar por ellas sin pensamiento, como dice un tango, en estado permanente de contemplación de sus sucesos y aconteceres se hace posible si las hacemos más humanas, si los ciudadanos practican una suerte de dinamismo cívico que nos hace sentir que allí en esas junglas de cemento todos nos cuidamos.

Y si eso se logra en ciudades como Cartagena no solo en su parte histórica sino en todos sus rincones, entonces podríamos estar construyendo un nuevo momento de la historia de la ciudad de la mano de los protagonistas de la vida cultural y artística del país y Latinoamérica.