Edición 353

Sodio

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SodioEl roce es tan placentero, suave, y envolvente, que casi olvido que mis uñas recogen la muerte debajo de sí. Casi me olvido. El limo se cae de mis orejas, y se desintegra mientras se conjuga con el agua tibia, llena de epitelial. Veo al piso. Se cae, llevándose la mugre acumulada el día anterior, veo mi mano blanca, sin peso, sin forma alguna -Na- Nadie tiene intenciones de ayudarme... pero, ¿Por qué lo harían?

"Never tell the one you want, that you do"

Esas notas acuosas sólo me ahogan, son como guillotinas sobre los blancos huesos de mi piano vertebral, su sonoridad deforma las gotas amarillas que me oxidan. Miro la caja en la que me encuentro: cuatro paredes cuadriculadas, con franjas del color de la gangrena. El tiempo se me acaba, la llama se apaga, el agua se enfría, la espuma va dejando mi monte desnudo. Veo al piso.

Las formas de la espuma y el limo son como la miel en una piel de naranja, son como las cucarachas. O ¿esa soy yo? Bueno, no yo, o eso creo... La espuma se resbala por mis muslos, sigue yéndose con el agua y el limo-Ralo era mi monte, fácil de penetrar, fácil de abrir caminos en él. La espuma sigue la ruta pactada y se va todos los días por la cañería, como mi moral. Veo al agujero plomo en el piso.