Edición 368

Hedor

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Hedor¿Qué se repiten?-¡ten!-tentativas de vivir o imaginar. ¡No!, pesadillas, sólo eso se repite. Vino, caca, chistes. Fue una buena tarde, me agrada su compañía, hay que repetir estas reuniones más seguido. No hay que darle cabida a la soledad. Pero, ¿ella necesita cabida?

La duda metafísica no nos interesa, la llaga de mi espalda, sí. El péndulo es una patraña, la pestaña en el ojo nos ciega. Pero no faltaron las risas y el narcisismo, eso es infaltable aunque hay que guardar un poco para la muerte en la cama. A veces se nos olvida. Es tan verde, apenas manchada de pequeñas gotas rojas, nos confunde. Pero... no olvides las risas y el narcisismo. No faltaron. ¿Te sientes un poco errático, acaso? Tranquilo, una botella más y veras cómo llegamos al parnaso.

¿No te interesa? -Sí-, lo sé. No dejaste de hacer comentarios, algo escatológicos, al respecto. Pero sé que no te agradan los tecnicismos ni parecer un pseudo-intelectual. Me sigue abrumando que, cuando al preguntarte sobre la palabra, tú dijiste: "Sólo es ca(ca)pa". Me agradas, no puedo negarlo ni tampoco quiero pretenderlo. Me desorbitas, me llevas a un hueco y me enjaulas. Todos te aíslan, no les agradas, pero a mí me excitas.

Sé que yo a ti. Vi cómo observabas mis piernas y cómo te sonrojabas al oírme hablar de psicoanálisis, sobre todo cuando, con ganas de parecer inteligente, decía "Falo" dentro de todas las teorías que hablamos, medio ebrios, menos tú. Te vas, sólo con un cigarrillo y mi encendedor. No te lo pedí de regreso, será la excusa perfecta para acercarme nuevamente a tu olor de naftalina y humedad, a tu voz baja, y al desdén hacia las palabras. ¿Lo sabes, verdad? Por eso miraste tu mano antes de insultar a todos, para estar seguro de que era mi encendedor.