Edición 359

La vida y la muerte: esencia de Gabo

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La vida y la muerte: esencia de GaboUna pregunta de mi hijo Ángel, de cinco años, desencadenó este escrito sobre la obsesión de Nobel fallecido: la muerte y la inmortalidad.

Papá, ¿qué es la muerte? Preguntaste tranquilo, con curiosidad, expectación. Era un Jueves Santo y regresábamos de visitar los 7 monumentos o iglesias católicas, como nos dice la tradición o el fetiche que surge para estos días.

Desde hace días te quedó en tu mente fértil la imagen de Cristo que vimos en una rápida pasada a una iglesia. Ver la figura de Jesús sufriendo, agonizando, reventado, lacerado, raspado, crucificado, lanceado, debió causarte cierto grado de trauma, porque al escuchar nuestra respuesta de por qué se venera una imagen de yeso con tamaña muestra de crueldad humana no es tan fácil de explicar y menos de entender.

Cristo murió, sí, lo mataron los judíos y romanos, pero vive en nuestros corazones. Su legado, el del amor, vive y palpita en tu corazón. Y creo fue suficiente para sembrarte la semilla de la espiritualidad. O bueno, que la recordaras porque eres el Ángel que Dios nos envió a nuestras vidas para iluminarlas y completarlas. Antes tuyo y de tu hermana, el vacío se llenaba con cine, viajes, libros y otros lo hacen con un perro.

Entendiste que Cristo murió, pero que se está en cambiar esa forma traumática de veneración y las imágenes de otros templos, con curas progresistas donde Jesús está elevado abriendo los brazos y sonriendo. Mejor nos vamos por allí, por esa explicación.

La vida y la muerte: esencia de GaboNo obstante, el tema te quedó rondando enredado entre tus crespos, y disparaste: ¿qué es la muerte? Nos miramos con tu madre y solo atinamos a sonreír ante tamaña corchada.

-Bueno, dijo tu ma: es cuando dejamos de respirar, de caminar, de comer, de hablar, de correr.

-Es cuando tu cuerpo deja de funcionar y nunca más vuelves a abrir los ojos, ni a sonreír, rabiar llorar- expliqué.

Y te miramos descubriendo tu cara seria, de no quedar nada satisfecho con la explicación tan floja que te dimos.

E insistimos: -morir es dejar de trabajar, de enfrentar, de resolver. Morir es no volver a soñar y fallecer en vida, marchitarse en cuerpo y alma, dejando que el físico se acabe, se oxide, se deforme, se pudra. Morir es ver que la vida te pasa por tu cara, dejándote ahogado en la frustración y todo porque tú no quieres vivir. Morir, en suma, es dejar de vivir.

Creo nos fuimos al otro extremo. Pero cuando llegamos a casa, nos llegó el mazazo. Había muerto García Márquez. Fue un día de muerte y vida. En la mañana nos enteramos del accidente que le costó la vida a Cheo Feliciano: a lo largo de la jornada vimos a Cristo crucificado y ahora el señor García perdió la batalla que sostuvo durante dos décadas contra el cáncer y que los medios y su entorno desconocieron y siempre ocultaron.

Noticias y especiales televisivos para intentar darles a ti y a tu hermana, alguna explicación convincente de quién se trataba y qué tamaño mundial tenía el finado.

La vida y la muerte: esencia de GaboLo mejor fue leerte los inicios de sus obras, siempre traspasados por la muerte (Ante el pelotón de fusilamiento...; o, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro...).

Pero en medio de la muerte hay vida y en los mismos inicios traumáticos del Nobel fallecido (el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo...) Y tu asombro me confirmó que vas por la línea correcta, la del descubrir y despertar ante los libros, la llave del conocimiento y de la vida en medio de tanta muerte de hoy.

Creo que eso sí lo entendiste, porque preguntaste cuántos libros más había escrito "Gabiielll".

A García Márquez aprendí a descubrirlo y leerlo bien, ya grande. Como dice Juan Esteban Constaín, la mejor manera de matar la magia de leer es cuando se obliga a leer y mucho más a escritores como García Márquez; si lo abordamos como tarea, como obligación, puajjj, se da el efecto contrario. Y entre su obra hay altas y bajas.

Debo confesar además que Cien Años de Soledad no me llegó tanto, como El Amor en los Tiempos del cólera y que lo leí en Buenos Aires a los 37 años. El Relato de un Náufrago fue la tarea de colegio, pero conté con el milagro de tener profesores, como Delia, Carlos Rodríguez y Jorge Ortiz que nos estimularon a leer y no nos impusieron los autores a las malas.

La vida y la muerte: esencia de GaboAhora, la semblanza del general Bolívar encerrado en su laberinto de frustración y derrota rumbo a Santa Marta con la neumonía a cuestas que le costó la vida, es una verdadera joya periodística, una novela con esa impronta de periodismo que era el arte que lo inmortalizó: la alquimia perfecta entre la ficción y la realidad, que dicho con sus palabras, esta última es mejor que cualquier invento de la mente.

García M. logró la transmutación que Melquiades nunca pudo: la de volver los cacharros oro; él volvió los cuentos de los abuelos en el oro literario que ya es escaso, que es un tesoro. Este año se fueron Fuentes, Mutis y ahora Gabo. Y de esos ya no quedan. (Vargas Llosa es un resentido y su Nobel fue político).

Gabo se fue a hacerle compañía a Tranquilina, Nicolás, a Remedios convertida en mariposas, a Úrsula cien años, en la soledad de Macondo, que es la soledad de nuestras ciudades y con la paradoja que siempre lo inquietó y regó en sus obras: la relación entre la vida y la muerte...