Edición 355

Los caminos

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Los caminosLos latidos del corazón aumentan mientras mis piernas atraviesan en un santiamén los pasillos del Instituto Nacional de Cancerología en Bogotá; laberintos interminables que desembocan en un salón inundado de personas afligidas que pretenden evadir los cuerpos adoloridos.

Abro la cortina de la camilla 38 y mi madre no está en el lugar que la había dejado. Giro mi cuerpo tratando de buscar un rostro conocido y lo encuentro buscando el mío.

- ¿En dónde está mi mamá?

Los caminos- En la otra habitación – responde una voz distante.

Un escalofrío invade mi cuerpo. Cierro los ojos y mis manos aprietan la botella con agua y la gasa que compré en la farmacia de la esquina del Instituto. Hoy escuché la misma frase en dos oportunidades y pude recordar la ruta innombrable: siga por el pasillo y gire a la derecha.

Recorro el túnel y respiro profundamente mientras evoco un sinnúmero de imágenes: Virginia Leguizamón, mi madre, mis hermanos y yo estamos recostados en la cama de mis padres y ella nos acaricia la cara; Julio Salas, mi padre, lanza una almohada y el rostro de su compañera le dibuja una sonrisa, varias velas iluminan la habitación de mis padres y mi mamá lanza un par de dados de varios colores.

Un lloriqueo incesante emerge de la habitación. Abro la puerta y Henry Tasamá y Carmen Leguizamón, mis abuelos, se abrazan mientras mi hermano mayor acaricia los pies de mi madre.

Los caminosLos contemplo y respeto sus aflicciones. Esquivo a mi hermano y me acerco pausadamente, levanto mi mano y acaricio sus mejillas sin colores.

- Ya no hay más dolor mamá.

* Comunicador Social y Periodista. Especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo. Educador para la paz y los Derechos Humanos.