Edición 371

Como si los primates hablaran

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Como si los primates hablaranLas fotografías de Angélica Martínez son una reflexión sobre la biodiversidad del país y el peligro que representa el tráfico ilegal de especies.

El Amazonas es como un pequeño universo. El río, el bosque y sus habitantes establecen un complejo entramado de relaciones que dan origen a este cosmos verde, fértil y mágico. Cada creatura o elemento cumplen una función en el sistema. Es un ejemplo de equilibrio y sabiduría, la perfección que la naturaleza ha tardado siglos en alcanzar.

Pero es un equilibrio frágil. La dinámica natural de los ecosistemas puede verse alterada si falta una de las piezas, por insignificante que parezca. Es el caso de los primates, pues ellos, saltando de árbol en árbol, van dispersando lo que será el futuro del bosque.

En este contexto se inscribe el quehacer de la Fundación Maikuchiga, que opera un centro de rehabilitación para animales –monos, principalmente– víctimas del tráfico ilegal de especies, y de la fotógrafa Angélica Martínez, quien ha documentado estos procesos desde 2009. Una labor que sirve como materia prima para la exposición "Primates Amazónicos Maikuchiga", organizada por el Museo de Historia Natural y la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional, en Bogotá.

Como si los primates hablaranLa muestra es una oportunidad para conocer y generar conciencia sobre la importancia de proteger la biodiversidad. Colombia, por su posición geográfica privilegiada, es uno de los países más ricos en especies de primates en el mundo. Pero esta diversidad se encuentra amenazada por la pérdida de hábitat, producto de la deforestación, y actividades como la cacería y el tráfico ilegal. Se estima que un tercio de las más de 30 especies presentes en el territorio colombiano se encuentran en peligro de extinción.

Para ello, incluye tres cuadros pintados por la bióloga estadounidense Sara Bennet, el diminuto y delicado esqueleto de un mono tití, montajes en taxidermia –el arte de disecar pieles de animales– y cráneos de diferentes especies de primates. Estas piezas dialogan con las imágenes de Martínez, que van desde idílicos países del Amazonas hasta íntimas escenas con las "historias de micos", maikuchiga en lengua Tikuna.

La fotógrafa define este trabajo como "el registro visual de un enriquecedor viaje a la selva, en el cual se unieron la experiencia de vida, la biología y la fotografía para descifrar el lenguaje que está más allá de las palabras". Ciertamente lo logra. A través de su cámara, cuenta las historias de estos seres carismáticos, superando la barrera lingüística que los separa de los humanos.

Como si los primates hablaranSon historias felices como la de Rocío, una mico churuco que fue rehabilitada y luego liberada en la selva tras ser rescatada en Leticia. Pero también hay historias tristes como la de Mario, otro churuco que murió cuando apenas era una cría, un ejemplo del destino que corre la gran mayoría de los pequeños primates que son separados de sus madres para convertirlos en mascotas.

Llega a este poderoso efecto al poner el foco de sus fotografías en la mirada de los monos, a veces desprevenidas, a veces tristes, consiguiendo que el espectador se cuestione sobre si estas criaturas tienen o no alma. Es como si los primates hablaran, solo que a través de sus ojos expresivos, sin necesidad de las palabras.

El trabajo de Martínez resulta tan bello porque, en el fondo, con su cámara logra humanizar a los primates. Sus imágenes revelan a unos seres muy parecidos a los hombres, con los cuales no es difícil establecer una conexión. Lo único que hay que hacer es escuchar –o mejor ver– las historias que ellos tienen que contar.