Edición 375

Cómo es vivir en el barrio de Cerati

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Cómo es vivir en el barrio de CeratiVilla Ortúzar es uno de los barrios tradicionales de Buenos Aires. Está comprendido en el cuadrante que conforman las avenidas Álvarez Thomas y Avenida Combatientes de Malvinas y Avenida Incas Avenida Elcano.

Es un sector residencial de clase media, con colegios, hospitales, supermercados y casonas de los años 20 que poco a poco le han dado paso a edificios de apartamentos y residencias estudiantiles universitarias. A pesar que Facultad de Agronomía de la UBA queda retirada y bastante, mucho chico y estudiante del interior del país recala en este tranquilo barrio.

El fútbol es otro de sus componentes pese a no contar con estadio o equipo propios. Cerca está el cementerio de Chacarita (la cancha del equipo Chacarita o el funebrero queda en San Martín, cerca a Agronomía). En Agronomía está el equipo Comunicaciones o el "cartero", Villa Devoto cuenta con La Madrid, y La Paternal con Argentinos Juniors.

Cómo es vivir en el barrio de CeratiAl lado, del cementerio queda Villa Crespo, hogar de Atlanta, eterno rival de "chaca" y barrio fundacional de Atlas, el del reality de la otra pasión (hoy afincado en General Rodríguez, que es provincia, es decir bien lejitos de la capital federal).

Y hacia el occidente y colindando, luego de Incas, hasta Avenida Congreso, está Villa Urquiza, mismo modelo de Ortúzar, con el Parque Sarmiento, donde se arman unos partidos amateur dignos de los estadios circundantes, como Platense, que ya es Saavedra.

Ortúzar y Urquiza, donde Cerati también vivió, son barrios de pizzas, y las mejores empanadas que me he comido en la vida, las de La Antigua Cocina.

Cómo es vivir en el barrio de CeratiCuando el alma flaqueaba y se necesitaba de común unión con El Supremo o Dios, la iglesia de corte español, parecida a Lourdes o Porciúncula de Bogotá, es la de San Roque, cabeza del colegio o Instituto, donde Gustavo Adrián Cerati Clark estudió desde niño y hasta el grado de bachiller en 1971. Allí, niño armó su primera banda con escobas e hizo de la música su mundo.

Una de las características típicas del barrio, son los olmos, de otoño, de invierno, de primavera y verano, las calles adoquinadas desde finales de siglo 19 y el subterráneo Línea B, que como dragón gimiendo era el despertador para ir a la universidad en pleno invierno, cuando el sol se asoma hasta las 8 a.m., y a esa hora ya había que estar en el salón de clases.

Sus calles tienen esa condición típica de los barrios porteños, donde en cada cuadra o esquina uno se sorprende por lo que descubre. En otoño e invierno, las persianas viven abajo. Parece que no les gustara la luz, pero en primavera se escucha un piano hacer música para darle la bienvenida al buen aire, a las ráfagas de viento perfumado que se mezcla con los lirios y el olor dulce que cambia el de la humedad, tan presente siempre. Un nacimiento para la vida, cuando se deja atrás la muerte tan inquietante, tan presente.