Edición 371

La cultura es una vaina importante y aburrida

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La cultura es una vaina importante y aburridaQue vuelva a saltar la liebre de las libres asociaciones, en este país que mantiene sus vibraciones en unos niveles tan altos, que no existe lugar para lo sutil y para juegos, como a los que nos tenía acostumbrado Prometeo 1, el chofer más intrépido de buseta en Cartagena, que llenaba de peluches de todos los colores el parabrisas e iba moviéndose por la fantástica, al ritmo de champeta.

¡Yo te apoyo! exclama de nuevo Timoteo por Olímpica Estéreo, golpean las palabras, no solo en la buseta, sino desde Bocagrande al barrio Mandela. Se golpea, se agita, no queda espacio en el cerebro para una nota sutil o un pensamiento que se pueda salvar para una digna columna de El Buque de Papel.

Prometeo reparte el fuego mítico y desperdicia ideas, es un buen ejercicio en tiempos de discursos aburridos y predecibles, que al mundo lo salva la cultura, que la cultura es una vaina importante, que lo mejor de la vida es cuando todo cesa y el cuerpo se retuerce en la hamaca para sentir el viento caribe, que transportó piratas y ahora entretiene a turistas que llegan en cruceros.

Canta raro, escribe sin importar que se te salgan las tripas, pero intenta otro estilo. Tipo boxeador, eso, como si boxearas con las palabras. Todo en este mundo está hecho para que te pongas un traje, el de profe, el de político gastado, el de como diría muy cortésmente un porteño, el de "la gran P... que te parió".

La cultura es una vaina importante y aburridaEl traje es lo de menos, eso lo sabe Prometeo, y para los buenos escritores, lo que importa es el lenguaje, la historia, la versatilidad, el resto es predecible, se llega a un punto en que con solo mirar a alguien, que se coloca uno de esos trajes, se sabe lo que te va a decir. Así que si el asunto es de swing, es de una cosa que solo tienen los que se la juegan y que saben que no tienen nada que perder o ganar.

Entonces me desvivo en unos últimos juegos. Quizás mañana me muero, para hacer un intento por no perder ese cupo tan apreciado, que es ser un tripulante de este Buque que un día se va disparar a las estrellas. Y allí colgados un ángel y un pirata podrán seguir contando la jodida Colombia que nos tocó vivir.

Renuncio a la formalidad, pero también a la bisutería. Es decir ni proclamas retoricas, ni empalagos, por ahora estoy corriendo el riesgo de lo último, para permitirme algunas reflexiones ponderadas por un sentido práctico de las cosas y por una necesidad de recuperar el conecte con esta tripulación de gente pilosa y consagrada al oficio periodístico.

Es un asunto complicado esta cosa de andar para arriba y para abajo al ritmo de la champeta, debería existir un rincón para la contemplación mística, que no sean los ojos tristes de los peluches. Algo como un rincón deshabitado de trajín y rebusque. Y sin embargo no es posible; este acoso rítmico es el que mantiene viva a la gente. Por fortuna también existe el tango, que se tomará de nuevo al Gaitán de Bogotá, el 16 de noviembre, en el primer encuentro "A paZo de tango, abracemos la paz", organizado por la Fundación Piazzolla.

La cultura es una vaina importante y aburridaY si la historia que no se ha escrito, que duerme en el inconsciente es la que va anunciar el último toque de trompetas, como sacar de ella el resto de ternura que le quedan a tanto atorrante repartido por el mundo, esa es una tarea literaria, seguimos visitando al señor K (el seudónimo de cultura) con este señor K, puede ser que algunas cosas se logren, la liturgia del encuentro y la conversación.

Por hoy solo hago un intento balbuceante, por seguir pidiendo un cupo para ser tripulante de este buque con estos juegos que no se proponen decir, ni explicar, ni justificar nada, con el permiso de los que siempre esperan formalidad y una cosa después de la otra con orden lógico. Hago un intento, de nuevo inútil, para declarar la impotencia de vivir en un país de indolentes y telúricos creadores de alegría. Les dejo un retazo de la heroica, en la que se nos van los días descifrándola.

Que la cultura es un vaina importante, y también algo aburrido, en esas seguimos y quizás lo que queda de esas continuas jornadas con mi amigo K, es la posibilidad de dejar de ser extraños y hacer de tanta cosa: un coctel de testimonios y artificios que dejan explorar una historia paralela a la de las balas, narcos y tetas.