Edición 364

Gloria Cepeda revivió a Miguel Hernández en Cali

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Gloria Cepeda revivió a Miguel Hernández en CaliLa fantasía se hace posible en la internet. Podemos ver en hologramas a un personaje, en imágenes verbales y podemos oír sus palabras por boca de otra persona. El video nos permite representar ante nuestros ojos la vida, obra con los éxitos y sufrimientos de un personaje fallecido.

Es lo que ocurrió ayer noche en la Biblioteca del Centenario de Cali con la memoria prodigiosa de la poeta caleña Gloria Cepeda Vargas. Ella estuvo fuera del país, casada con un venezolano ya fallecido, por unos 40 años. Hoy vive en Popayán con sus hermanas y un hijo. Su ocupación desde los 7 años es la Poesía. Desde niña las palabras recorrían sus neuronas y cabalgaban con soltura como por su camino más natural y obvio.

Posiblemente y sin rubor se podrá decir en voz no tan queda que es la poeta viva más importante de Colombia hoy en día. Su poesía posee un tono profundo, una musicalidad de treno, de dolor, de paisaje herido, de amor acrisolado sin un asomo de fingimiento ni sobredosis de alambiques. La construcción de sus versos, sin ser tortuosa, es grave, profunda, teñida de una luz interior en la que caben imágenes claras, añejas y hasta aves de pueblo y soldados sin bandera.

Su mirada es directa y como su piel, es suave pero incisiva, como su risa franca. No oculta sus intenciones y quien la lee se sorprenderá de encontrar dureza, látigo, mucha melancolía y una paz esquiva. Quien la conoce sabe de inmediato que el acero no es su medida y que su trato es transparente. Es capaz de subir hasta donde la lira le permite al ser humano, mas no es lejana a la compasión y la dulzura.

Gloria Cepeda porta una rama de olivo en su mano y una corona de flores en su frente. Es una mujer de hilo de seda. Pero no es proclive por ello a la alabanza. Sus ojos son vetas que recogen la vida en su ensenada y la devuelven, como la abeja, en néctar para quienes liban sus versos.

Goza de una memoria a prueba de cincel. Lo que entra a su cerebro allí queda grabado como en disco duro y cifrado. Allí guarda lecturas de libros, poemas, anécdotas y los usa en su discurso hilado como una gran conversadora.

Anoche fue una noche inolvidable en el Café Literario donde expuso la vida, obra, persecución, encarcelamiento y muerte del poeta de Orihuela, Miguel Hernández. El selecto grupo que acudió a la cita, la oyó, quedó atrapado con su precisión de datos, el acierto de sus juicios y la propiedad de su oratoria. Es toda una académica y mujer de la época. Lectora de avidez lobuna, extrae hasta la recóndita perla y la inserta en su lenguaje.

Al final, los asistentes conversaron con ella y la raptaron para que les recitara los versos de amor con que arrebató a los talleristas de Marga López en el pasado aniversario del Museo Rayo en Roldanillo.