Edición 359

Gardel, 80 años de melancolía

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Gardel, 80 años de melancolíaOchenta años sí es mucho y es poco. Es mucho porque cuánta falta nos hacés, Carlitos. Tu sonrisa que mostraba esa blanca dentadura, los ojos negros y, sobretodo, la garganta que arrastraba melancolía y las letras que iban desgranando historias, despedidas y emociones. Y es poco, porque no nos cansaremos de volver a oír tus grandes éxitos en Evocación o La Matraca, en radio o los videos.

Se ha ido y no se ha ido. Sus canciones y su registro inconfundible en el oído vuelve a impregnar de cadencia de muslos de mujer, pique de pies hacia adelante con pantalón de bota ancha en el bar o en la tienda de Guayaquil, o de Buenos Aires o del billar de pueblo en la zona cafetera y paisa.

Gardel, 80 años de melancolíaCuando suena un bandoneón o empiezan a rodar los acordes de Alfredo de Ángelis o la Típica de Francisco Canaro tocando Yo no sé qué me han hecho tus ojos o el locutor ofrece el menú de Oscar Larroca, Carlos Dante, Jorge Valdés, o cuando suena esa sinfonía Adiós Pampa mía o Madreselva en las voces de Gardel o Libertad Lamarque. Las fibras menos sensibles se conmueven y la lengua y la sangre se hacen un rollo de sollozo y arraigo.

No, no. Carlos Gardel no se ha ido. Ha permanecido en el imaginario, en el inconciente del pueblo-pueblo. Otros preferirán el rock, el reggae, la batata o el reggaetón. Pero a la greguería, al esclavo de fábrica, al empacador, al recogedor de café un tango lo sume en la gloria, lo eleva al recuerdo, le toca la fibra. No importa que alguien no sepa el lunfardo, entenderá las lágrimas de Malena o de la Muñeca brava. O se irá a casa tarareando con Roberto Mancini la música de La milonga celestial.

Gardel, 80 años de melancolíaComo en una película de blanco y negro o cinemascope, Gardel sacude nuestras vísceras o cuando suena el pasodoble El sombrero cordobés - al pasar la calle un bus con radio o junto a la plaza de un café en la mitad de la cuadra - con la Orquesta de Enrique Rodríguez y la voz de Armando Moreno o la De Ángelis y el tango Obsesión en la voz de Juan Carlos Godoy.

En verdad no todos los tangos los podrá interpretar Gardel. Pero él es su símbolo y Medellín fue su tumba de donde nunca más su sombra se movió. Ha quedado guardada su memoria en Colombia allí, en cada tienda o bar de cualquier barrio de Antioquia o Risaralda, Quindío, Caldas o Valle se le tiene un altar.

La milonga celestial

El sombrero cordobés: