Edición 367

Adiós, Omar Sharif: Lara te está mirando ir

PDFImprimirCorreo electrónico

Adiós, Omar Sharif: Lara te está mirando irVan muriendo los chachos de las películas que nos hicieron suspirar en nuestra joven juventud. Tanto ojo para ver amores y tanta lágrima para mirar cómo se aleja el tranvía de la ilusión sin poderlo frenar. El corazón se revienta y la mano en el pecho no lo puede acallar. Lara, allá en la calle, parece caminar hermosa sin saber que él la vio por última vez.

Ah, el amor, ah, los suspiros, ah, la belleza que amamos y la pasión que nos enferma sin poderla disfrutar. Komarovsky la podría tener pero jamás la amó como él la hizo sudar cual loba perseguida ni pudo delirar durante el instante aquel cuando la perdió en la lejanía.

Imposible recordarlo sin la película que hizo célebre a otro grande de la literatura, el ruso Boris Pasternak con su novela Doctor Zhivago, Nobel en 1958. Sharif, de mirada penetrante y fuego en sus ojos, nariz árabe, de respiración acezante y continente soñador es un poeta y médico de guerra que encuentra en su camino a la enfermera Lara, la diva francesa Julie Christie. Estaba casado con Tonya, una mujer preciosa, con la que tuvo a Sacha, su hijo.

No es solo esta película, es la fuerza personal del doctor Zhivago, la que nos lo trae a la memoria. Nunca habitó en un hogar. Egipto fue su casa y los hoteles, restaurantes, playas fueron su entorno. Vivió como un artista, como un ser fascinante o un califa errante y nos dejó una forma de amar, de concebir la vida.

Adiós, Omar Sharif: Lara te está mirando irFue, ante todo, un actor del celuloide y a él consagró sus pasiones e ilusiones. Como a Shariar, el de Sheherazada, recordaremos a Yuri Zhivago. Varonil, romántico, fastuoso para cortejar y aderezar la escena con la amada. Quien vio la cinta no dudará en identificarlo como un ejemplo de lo que es pasión por una mujer.

Como a él, nos suena en los oídos el tema recurrente de la melodía interpretada por una balalaika con la que la identificaba a su Lara*. La soledad no existía porque llegaba su imagen en la canción que ella representaba. Esa música era su señuelo y su presencia, retrataba su cuerpo, su sensualidad y su dulzura. Como nos puede entrar a la sala del amor, por ejemplo, el Concierto de Aranjuez.

Nos ha dejado el hombre de mundo, el médico, el caminante en la nieve, el poeta y amante. Otras películas, otros personajes nos trajo a la pantalla y fue premiado también por esas cintas. Más en el imaginario universal quedará la imagen del poeta que amó perdidamente a Larisa Antípova.

Que nos deje un ladrón de bancos, Mi bella dama, el prestidigitador Houdini causan grandes ausencias, pero jamás igual a la salida de la escena por segunda vez y, de verdad, del gran Omar El- Sharif*.