Edición 355

El sello Obama es negro y claro

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Desde que subió al solio presidencial Barack Obama las alarmas rojas y amarillas se han apagado. El volcán encendido que prendió su antecesor ya no es de terror y guerra. El tono gris y el bronco sonido que salían de su boca causaban franco malestar. Se ha cambiado en mucho el panorama y el porvenir ya no es incierto. Hay un ambiente de calma aunque las olas de la recesión dejan su huella mucho más que la pandemia de la gripe.

El alegre paso y la mano en alto de Obama han cambiado por un rostro delgado y un semblante de trabajo. No hay arrogancias ni excesos en su porte ni en sus mensajes. La moderación parece ser la regla de su mandato. El pueblo norteamericano sabe que el tiempo es buen consejero y que la razón y el diálogo, el trabajo y el respeto que exhibe su mandatario son garantía de un buen gobierno.

Sin estridencias y aún sin el necesario respaldo del Congreso ha ido poniendo orden en casa. El desempleo es su caballo de batalla. De él habla, ha ideado planes y ha destinado recursos. Ha tenido su mano tendida a las necesidades sociales, como salud, educación, impuestos, productividad. Se ha preocupado por la ciencia, el calentamiento global y, por supuesto, por la economía doméstica.

A la industria automotriz y la banca les inyectó largo empréstito pero a finales de marzo les dijo: “O trabajan o mueren, porque el gobierno ya les ayudó”. A los grandes empresarios y a quienes gozan de cuantiosos salarios les impuso más contribución para el Estado. Es la manera de poner barrera a la recesión empezando por los sectores privilegiados que son los que perciben en sus bolsillos más beneficios. Es el mecanismo de recaudar recursos para el empleo y para frenar la inflación.

Obama ha demostrado, hasta llegar a la flacura y el rostro adusto que hoy ostenta, que el goce de los derechos humanos está por encima de buscar una sana economía o de saldar conflictos ajenos. Como lo prometió en su campaña, ha procurado acabar con la humillante situación de los presos en Guantánamo. Se ha mostrado renuente a entablar tratados con naciones donde estos derechos sean vulnerados.

Ha sido respetuoso de las relaciones bilaterales y se ha sentado a la mesa con otros mandatarios sin imperialismo ni excepciones. Ha entablado diálogos y ha visitado naciones que a los ojos de la crítica era mejor no haberlo hecho. Porque ha entendido que la palabra se ha dado al hombre para llegar a acuerdos. Su voz y su portavoz han sido prudentes para no herir susceptibilidades.  

Otro cambio que contrasta con lo que se hace en Corea del Norte, en Gaza, Irak o  Venezuela es no aumentar el gasto en armamento para la guerra o para experimentos nucleares. Y está a la espera de retirar a sus tropas de donde la experiencia ha demostrado que los propios países deben encontrar su autonomía y su destino, a lo sumo con ayuda de la ONU. La metodología de Terminator sólo queda bien para la fantasía en la película y queda como símbolo de instintos crueles y barbarie. Una miniuzi en el bolsillo de la chaqueta o el odio en la cara no son buenos consejeros.

Obama parece ir lento, pero va seguro. Sus asesores han sido buscados con lupa a y quienes se les encontró cola de paja quedaron descartados. Si por tradición hemos mirado al Norte, es hora de fijarnos en el camino que nos va mostrando Obama.

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