Edición 367

El tango es pa´ bailar

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El tango es pa´ bailarHablamos con dos maestros del tango original en Colombia. Ambos recuerdan los antecedentes de este ritmo musical y hacen cábalas sobre la resurrección del llamado “tango orillero”. Sus historias y vertientes, sus formas de bailar y sus sonrisas en una casona de La Candelaria. Baile.

Para Hernando Gómez y Jaime Arango hijo, el tango “orillero” debe resucitar. El primero, con 84 años de vida, el segundo, puede ser su descendiente, se reúnen los miércoles a la tarde en la Tienda de Colón, un restaurante de La Candelaria, el lugar histórico bogotano, y que se convierte, a eso de las 6, en sala para la milonga.

Tan de orilla, de extremo, de margen, marginal y bastardo, este tango original, el orillero, se bailaba a los márgenes de La Boca en Buenos Aires, por el lechero, el carnicero, la prostituta y los ladrones. Era el tango de los burdeles, al que se le hizo el feo durante mucho tiempo, desde finales del siglo 19, cuando llegó por barco a América del sur y hasta entrado el siglo 20, con su internacionalización.

El tango es pa´ bailarGómez y Arango coinciden en afirmar que ese aire tan propio, tan del extremo, no tuvo su “limpieza social”, a diferencia de lo que dicen los demás expertos del tango, con Carlos Gardel y su viaje primigenio a Europa. No, Gómez, habló de las orquestas típicas del comienzo, aquellas no tan conocidas y caídas en el olvido como  la “Víctor”, que tenía cantantes famosos como Ortega del Cerro o Alberto Carol, y que nunca se presentaron en vivo. Tan sólo enviaban su material y grabaciones a la Telefunken, en Alemania, para prensar sus discos. Luego se conoció a “La Calles Angostas”, cuyo nombre se refería a la Calle, hoy Avenida Corrientes, en Buenos Aires, pero era conocida mundialmente.

“Eso fue antes del arribo masivo de los inmigrantes. Además, el tango siempre ha existido. El tango es de todos y no es de nadie, es universal. Un ejemplo de esa mundialidad lo hizo “la Víctor”, que compuso la canción “Dame la Lata” o la ficha de las colegialas, prostitutas o cazadores de sexo, con las que se les pagaba. Era el reflejo de esa época. Después vino “Lita”, que Gardel la cantó mucho tiempo después y le puso “Mi Noche Triste”. Aunque el tango se hizo para bailar”, recalca.

Eran unas orquestas que tenían ese sabor europeo del inmigrante y que con el paso de los años llegaron a los salones prestigiosos.

Esas orquestas compuestas tan sólo de guitarra, flauta y violín, los instrumentos básicos originales, que después tuvieron su fusión fundamental con el piano y el bandoneón del marinero italiano que nadie atina a identificar, se hicieron para bailar. Y Gómez lo dice con seguridad. “Cuando usted baila está concentrado en ello. Hoy, en diferentes lugares ponen tango cantado o con letra para bailar y es  un error para la danza”, afirma con la expresión adusta, su cuerpo atlético  y las pocas arrugas que tiene con  84 primaveras.

El tango es pa´ bailarPero el que más lo impulsó y le metió orquesta como tal al asunto fue Roberto Firpo, insiste.

Mientras hablan colocan algunas interpretaciones y me evoca en algo a la milonga, al candombe, los ritmos cadentes, alegres, festivos del tango. Pero de inmediato, Gloria Borbón, propietaria de la tienda y que baila con el grupo, me dice que es “fox”. ¿Fox trot? ¿El aire musical estadounidense de los 30 y que bailaban mis abuelos de jóvenes? Sí y no. Tiene la base del fox, pero es tango, mejor dicho es la fusión del fox con el tango. Pero quedo boquiabierto cuando me dicen que se trata del quinto aire del tango y que tuvo su arraigo en Colombia. Y es el quinto porque los aires del tango son el candombe y milonga, el vals y el tango como tal. Algunos meten al paso doble, pero este sí es español como los cayos a la madrileña, o los garbanzos con menudo; aunque también se baila a ritmo de tango.

De inmediato precisan que ese aire tuvo su inicio en Buenos Aires, pero su arraigo en Manizales, y fue desarrollado por el papá de Jaime, Jaime el “Ché” Arango, quien junto a Gómez son considerados como los pioneros en Colombia de ese estilo, de ese baile.

“En el lunfardo, orillero es el lumpen. Los lecheros bailaban hasta con el delantal puesto, lo hacían el brasero y el cotero que llevaban los bultos al hombro. Era la clase menos favorecida. Ahora, cuando Francisco Canaro fue a París enseñó unos dos o tres pasitos rápidos, porteñitos, sabrositos, para hacerlo simple a la hora de bailar. Fue él quien introdujo los pasos del fox al tango. No sé por qué cosas de la vida mi amigo Jaime Arango fue el primero, y con todo respeto de su hijo, que cobró por enseñar. Aunque él regalaba la clase de fox a las muchachas bonitas, aquí  en Bogotá, en 1968”, dice. “Antes lo hacía en Manizales”, afirma Arango hijo.

Jaime

El tango es pa´ bailarDespués de evocar o especular, sobre si Gardel se presentó en Bogotá, antes del viaje a Medellín, se aprestan a lo que vinieron y hacen: Gómez por historia y modo de vida, Arango por maestría y enseñanza a sus 200 alumnos en su escuela del barrio 7 de agosto; quieren bailar. Son bailadores, no bailarines como remarcan, toman a sus parejas, ordenan colocar el corte que es en el reproductor de cedés.

“Mijo, espere yo le digo cuándo tomar la foto”, me dice Arango. Hernando ya está listo con su pareja. Y antes de dar los primeros pasos y hacer una exhibición de sus años en el fox y en el tango, le dice a Arango: “Jaime, yo te pido que hagamos lo posible por resucitar al tango orillero. Ese es el origen, la raíz del tango y no se puede perder”.

Luego de ajustar pasos con su compañera Claudia, Arango recuerda sus inicios en el barrio Olaya Herrera, al sur de Bogotá y cómo, al principio, no le gustaba el tango.

El tango es pa´ bailar¿Al hijo del Ché Arango no le gustaba el tango? Sí, responde tranquilo. Asegura que era reacio al tema, porque reconoce que la relación con su padre no era la mejor. Su hermano era quien iba a la academia que montó el Ché en el sur de la ciudad, y luego venía a enseñarle los pasos. Sorprendido, su hermano le preguntaba cómo hacía para agarrarlos tan rápido, al toque, sin haber asistido a clase. Reconoce que el ritmo se lleva en la sangre, como todos los que se hicieron para bailar.

“El tango tiene buena salud y está revitalizado. En mi academia, tengo  jóvenes alumnos que lo bailan con amor, con pasión, como debe ser”, asegura.

Ahora, Claudia Patricia Gaitán Betancur, la compañera de baile de Jaime hijo afirma que tampoco le gustaba el tango, hasta que fue a una presentación en 1985, donde conoció al Ché. Y quedó prendida, desde niña.

El tango es pa´ bailar“El baile fue lo que más me atrajo. Trabajé en el Green Pereira, uno de los bares referentes del tango en Bogotá,  y allí aprendí tanguito de salón. Luego conocí al profe (Jaime) y me cambié y estoy con él como su bailarina, desde hace siete años. Hoy me encanta, me erizo, me entusiasma. Ya tengo una hija de doce años que también baila y lo hacemos las dos. Mientras yo viva y tenga mi energía seguiré adelante. Si estoy viva, tomaré la posta, porque no hay que dejarlo acabar, con voluntad y todo mi corazón puesto en el baile”, asegura.

Ambos, Gómez y Arango, con la complicidad que les da los años de trabajar y nunca haberse presentado a los concursos de tango –porque afirman siempre están arreglados- resaltan que el fox no es más que ese tango orillero, de muelle, original,  que busca no perderse en la noche de los tiempos.  Y arrancan a bailar…