Edición 375

Cáscaras de naranja de manos de Gabriela

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Cáscaras de naranja de manos de GabrielaMe encontré una mina de sorpresas al conocer a la escritora mexicana Graciela Torres Cuerva. Fue invitada como autora de cuentos en el reciente Primer Encuentro de Poetas de México y Colombia en Morelia, México realizado del 6 al 11 de marzo pasado. Tuvo tres lecturas y dejó ver frescura, capacidad de sostener un ritmo de atracción en cada texto y dominio fluido en el manejo del idioma.

Las 14 historias de su libro saben a naranja como lo dice su título. Son deliciosos relatos familiares, íntimos, de primavera siempre y que abren ventanas de paredes que aparecen de improviso. Las palabras van jugando con ella y el lector disfruta el vaivén de las imágenes que suscita a medida que el hilo va cosiendo los párrafos.

Gabriela puede estar frisando en unos 38 a 40 años. Su fisonomía deja revelar tranquilidad y reposo en su discurso. No hay escenarios escabrosos ni necesita en su utilería elementos fuertes y disonantes. Los contrastes necesarios son de buen gusto y salta a la vista una femineidad como el aroma de la rosa o el roce del jazmín. Hay pasajes juguetones, un poco ariscos, como relincho de caballo en celo, sin exceso ni desenfado. Obvio que despierta curiosidad y el lector a veces espera una seguidilla de trompicones, pero queda equivocado.

Cáscaras de naranja de manos de GabrielaLeer y resbalarse por estas cáscaras es un pasatiempo de adultos. Cosas de mujeres y satisfacción de hombres cruzan por las líneas fáciles de cualquier página o de cualquier cuento. Hay autores, como Gabriela, que ya han pasado al otro lado de la cuadra sin mojarse aunque el vendaval acose. Sus historias llevan un ritmo que no hace sufrir, que conducen a la sorpresa o van llevando de la mano para no caer en la torpeza o el aturdimiento.

La formación de esta escritora mexicana y el camino que ha recorrido la hace poseedora de un tono universal. No cae en el habla regional ni deja dudas de significados. Recoge y pinta situaciones casi banales con la maestría de un escritor avezado. No ha necesitado acudir a voces extrañas ni a artilugios de un corte que pase la raya comedida. Sabe que despacio también se llega lejos. Y ella no se ha dejado seducir por la prisa o el afán de figurar.

Cáscaras de naranja de manos de GabrielaNo he encontrado alguien que maneje con tanta sencillez la bastardilla para levantar la mirada de un momento a otro, cuando la imaginación iba en otra dirección. A ver, profe ¿puedo verle la mano?, lo sorprende silenciosa Estrella con plataformas sintéticas, flojo, a ver, abre esos ojitos, ronroneó en la oreja de su hombre, eres nuevito, ay mi rey, pero yo te voy a enseñar, vamos a pasarla rico...le dice a Mateo.

Gabriela es una narradora de rara construcción en sus fabulaciones. Entra a cada cuento como quien ya conociera la casa que poco a poco se va dibujando sin esfuerzo. Porque su escritura es tenue, no hay violencia aunque la navaja va quitando la corteza de la fruta hasta develar la pulpa con el brillo de sus infinitos puntos.