Edición 375

El Matadero de Vidrio

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El premio Nobel J.M Coetzee es uno de los invitados de honor a esta versión 30 de la FILBo. No hizo discurso y sí presentó una historia especial para el evento en Bogotá

John Maxwell Coetzee es un hombre menudo, de pelo cano, de piel blanca como buen afrikáner y una voz que parece sacada de los libros de historietas, con el tono propicio para arrullar.

Y fue así como mi vecino en la segunda fila el auditorio principal de Corferias o Sala José Asunción Silva, clavó la cabeza contra su hombro derecho. No sé si sería la agitación por la larga fila para el ingreso o ver a uno de los mejores autores de la actualidad y galardonado con el premio Nobel de Literatura en 2003, lo que arrulló hasta hacerlo cabecear.

Sí. La experiencia fue la de un abuelo que lee el cuento de antes de dormir a sus nietos, generando una expectación para la moraleja del final. Esta vez, Coetzee quiso regalarnos la profundidad de su escrito titulado El Matadero de Vidrio y empiezo por la noticia (pirámide invertida): ¿qué tan conscientes somos de la destrucción de la naturaleza y de la crueldad contra los animales porque nos creemos la raza dominante y superior? , ¿Será que pensamos que esto mismo se lo hacemos a los semejantes y que de vez en cuando también somos como los animales rumbo al matadero para vivir sus últimos momentos en medio del dolor y del horror?

La historia es de una madre y su hijo. La vieja, le envía en un sobre unos planos y unos documentos de sus pensamientos y reflexiones, para construir un matadero de vidrio en el medio de la ciudad. Dice ella que si el ser humano tolera el sacrificio de reces, aves, cerdos, es porque desconoce o no ve cómo lo hacen. Pero ¿cómo sería si establecieran un matadero de vidrio en el centro de una ciudad donde se pueda ver ese momento terrorífico?

El hijo hace varias llamadas a la madre, empezando a preguntarle qué hace con esos papeles y por qué ella se los envió. "Es normal tener ataques de pánico a medida que se envejece", le suelta la mujer al confesar que está perdiendo la memoria, que a veces no sabe quién es y que le da terror que un día, la señora del aseo barra con todo y lo saque a la basura.

Así, Coetzee hace todo un recorrido hilvanado en esta historia que pasa por la profundidad de los filósofos como Heidegger, desde la esclavización de los apetitos hasta lo aparentemente superficial, como las relaciones sexuales que él sabio tenía con su alumna y las comparaciones con el sacrificio de las ovejas jóvenes, todo salpicado con reflexiones del más hondo calado, como las sencillas palabras de los matarifes si se les preguntaba por qué lo hacían: "la muerte es la muerte, somos humanos".

Coetzee tendrá varias apariciones en el marco de la FILBo, como una lectura en el Gimnasio Moderno y este sábado 29, en la biblioteca pública Virgilio Barco, a las 3:00 p.m.