Edición 374

Manuel de la Rosa, juglar de los Montes de María

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A ritmo de flamenco, jazz, blues y por supuesto porro y aires sabaneros, Manuel de la Rosa va por Colombia con su guitarra acústica, cantando, sonriendo, viviendo y mostrando una onda de resiliencia.

Y es esta, la resiliencia, la que ha permitido que la región de los Montes de María, que abarca los departamentos de Sucre y Bolívar, y epicentro de las peores masacres paramilitares y expoliación, hoy se levante y sus habitantes miren con optimismo al futuro. Al menos, que canten, pinten, se expresen como catarsis de esa negra noche que dominó durante tantos años con dolor y miseria.

Manuel se acuerda en cada palabra y gesto de su abuela de 93 años y de su madre, Cristina Mendoza, la Juglar de los Montes de María, de quienes aprendió la palabra hecha música, pero también de sus amigos con quienes armó un estudio y sala de grabación y edición en pleno San Juan. Bolívar.

Ahora, Manuel le canta a la paz donde puede. Cantó para una campaña presidencial que le apuesta a mantener ese logro importante, que nadie quiere reconocer y que sí se ataca y desprecia, como el paso de la selección Colombia al mundial de Rusia. Todo lo del pobre parecería ser robado, como decían los abuelos. El desagradecimiento nos carcome peor que el cáncer, parafraseando a Cochise Rodríguez.

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