Edición 374

Julio Sosa el neo fotoagüita

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Julio Sosa, el bogotano, no el uruguayo, afirma que la herencia lo acompañará por siempre. Delgado, con cola de caballo y una melena metalera que cae sobre su camisa blanca, el muchacho nos dice con orgullo que la cámara de cajón con la que trabaja tiene más de 100 años.

Explica con maestría cómo funciona la cámara que perteneció a su abuelo. Y saquemos cuentas: el abuelo trabajó hasta los 89 años de edad con el cajón y falleció a los 93 años, hace 15. Si la cámara tiene más de 100 años, entonces el abuelo la recibió cuando tenía 7. Prácticamente todo el siglo XX.

Desde hacía años no la había vuelto a ver, con sus aditamentos, el trípode centenario, la tapa del lente ahora es de una gaseosa pintada de dorado y el balde con el agua y el químico limpiador y fijador.

Mis hijos Ángel y Elena, de 8 y 7 años se maravillaron cuando Julio les contó cómo trabajaba. Y mucho más cuando ellos que ni siquiera conocieron el rollo, aunque los han visto en casa por mi vieja Zenith, son chicos de la era digital, de las selfies, de las electrónicas y celulares con cámara.

Y más abrieron los ojos cuando sacó el negativo con nuestra imagen y comenzó a explicar que era una foto al revés con el blanco y negro trocado. Luego, a esa foto, le daba otra toma y dentro del cajón, rebobinó en la oscuridad. Unos minutos después sacó la foto con los químicos y de una la metió en el balde. "Con esta agua y el químico que contiene le quita el ácido del revelador. Así se evita que se deteriore tan rápido".

Antes de irnos llegaron dos turistas chilenos que se sorprendieron a su vez con la cámara. "En Chile lo llamamos minutero", dijeron. Y en Brasil, Lambe Lambe, remató Sosa. Así que este invento es el más antiguo del que se tenga noticia. Claro, los chilenos contaron que una vez en Santiago alguien armó un cajón, pero le escondió una impresora de última generación. No muy religioso el invento y sí engañaba a los turistas.

"Aquí en Bogotá pasó igual con un tipo, pero yo mismo lo denuncié. Eso es estafa y aprovecharse de la gente. Afecta este, que es el negocio que ha sido parte de la historia y de la tradición de la ciudad", concluyó al mejor estilo de un tango, el Julio Sosa bogotano.