Edición 363

La tozudez de las armas

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Los revólveres o el cañón, un rocket o una bazuca, o una Miniuzi, o el AK-47 no hablan, disparan. Ese es su lenguaje. Jamás aprendieron buenas maneras ni hicieron curso de diplomacia en una academia.

Las armas nunca aprenderán a dialogar, porque ellas tienen manos, dedos y corazón de acero y no aceptan en su vientre e hígado sino pólvora, TNT, plomo y, ahora, uranio e ingredientes psicoquímicos.

Pero las armas, por más mortíferas que sean, instrumento bárbaro y cruel, tienen otra capacidad peor. Para quien las lleva en su cinto, en el bolso camuflado tras su espalda o en la cajuela, son un amuleto o una pieza mágica que da poder y hace engrandecer.

Las armas despojan primero de cordura a quien las porta. Por anticipado mata a quienes viven con ellas. Los que se acostumbraron a llevarlas como compañeras andan como autómatas, decididos a enfrentarse con frialdad y saña, a quien los mire mal o a quienes tienen en la lista que les dio el patrón. Sean de la ciudad, del campo o anden por las montañas o las oficinas del gamonal.

¿A qué horas el ser humano probó el tósigo y le supo a bueno, que sabe a humo, a candela y muerte? ¿Cómo la piel humana siendo tan endeble asimila estos cuerpos extraños y duerme con las armas como con una cobra por concubina cara? ¿Será por el fascinante nombre extranjero, Remington, Pietro Beretta, Colt, Titán? ¿Será por su simbolismo de macho con su forma fálica, que  gusta por igual a hombres y a mujeres? ¿Será por el enfermizo deleite que les causa ver cómo caen sus víctimas a su impacto dejando salir un hilillo de sangre después del rictus de la boca y el último entornar de ojos como fotografiando a su victimario?

¿En dónde radica el frenesí de poseer un arma para el guerrillero, para el parrillero, para el sicario, para el militar? ¿Hay alguna neurona extraviada, verde o roja, que viene en la sangre o por atavismo?

¿Qué nos dice el DANE, qué nos dijo Freud, qué nos dijo el barbudo Lombroso sobre las tendencias de criminalidad de tanto hombre que sueña y duerme metido en la funda de su 38, en el misil que lanza desde el Tucano, entre un uniforme verde o negro o con jean y moto o con corbata y sacoleva? ¿Alguna vez Klein o Carlos el Rojo o Hitler dieron cátedra magistral sobre el terror y el miedo y esas son las claves de quienes creen que las armas nos darán la paz?

Claro mensaje dan las armas de que ellas no buscan ni alcanzan la paz. Nos dejamos creer, ingenuos, de frases como que “las leyes nos darían la libertad y las armas la independencia” o “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Mientras estemos en pie de guerra y vociferemos que con ellas estamos buscando la armonía regional y que con ellas acabaremos con el crimen organizado, no estamos sino reforzando la creación de esos pequeños monstruos de miedo e intimidación.

Las armas sólo nos traerán hambre, desolación, ignorancia, brutalidad y muerte. Recordemos a Historia que nos muestra su cuerpo ensangrentado. Troya, Ítaca, Roma, Macedonia, Egipto, Irak, Corea, Alemania, Rusia, Colombia. ¿No nos bastan tres mil quinientos años de leer el libro de la civilización para entender que este no es el camino de nuestra liberación? ¿Hasta cuándo, ilusos, nos encerraremos en la selva y nos atrincharemos en los cantones con municiones e intendencias para decirle al pueblo que con armas, soldados y aviones de combate conseguiremos el paraíso terrenal?

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.