Edición 353

“Joven periodista hágase bachiller”: Garzón

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“Joven periodista hágase bachiller”: Garzón
Diana Uribe
José Domingo Bernal
Wilson Baquero
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Se cumplen 10 años del crimen de Jaime Garzón. Presentamos uno de los capítulos del libro “Hechos en Radionet”, próximo a salir, donde la figura del humorista también estuvo presente en la única cadena de noticias 24 horas que operó en Colombia. Sus compañeros de trabajo lo recuerdan.

CAPÍTULO 13. Garzón era la caricia de la palabra y del acto. Así lo recuerdan sus colegas de Radionet…

El poeta Eduardo Escobar afirma que “hay seres humanos que tienen el don de la caricia con palabras”, uno que poseía su compañero nadaísta  Gonzalo Arango. “Acariciaban con las letras, demostraban su afecto a través de ellas”. (Escobar-1996)

Garzón tenía esa facultad y la de tomarle el pelo a la vida. Era un humano con “h” mayúscula, que enseñó con su forma de ser a mirar la vida de una forma diferente y a criticar a una sociedad desacostumbrada a que le digan la verdad en su cara.

A 10 años de su crimen, cuando todavía hay muchos cabos sueltos y se tejieron leyendas nefastas sobre el papel de Jaime en cuanto a la liberación de secuestrados, así  lo recuerdan algunos de sus demás compañeros en Radionet. Es más, algunos de ellos insisten en que el legado del humorista, del crítico, no se puede dejar perder, como parece está sucediendo por aquello del olvido colectivo que aqueja a Colombia:

-Hernán Estupiñán:

Humorista, periodista, gocetas de la vida, uno de los hombres que con el humor y su ironía conmovió a este país en todos los sentidos de la palabra. Los mismos personajes que surgieron en Radionet y que el interpretó, como Heriberto de La Calle fueron hechura de Radionet.

De lo de Garzón hay que decir muchas cosas: lo primero es que su muerte partió la historia de Radionet en dos. Eso nos golpeó,  como colegas. También fue un golpe para el país.

Segundo, es una reflexión sobre la responsabilidad en el ejercicio de la profesión. Si bien es cierto que Jaime podía camuflarse en sus personajes para decir muchas cosas que nadie más se atrevía a decirlas, creo que él fue más allá de su papel de humorista, y en el papel de periodista fue demasiado beligerante, diría yo. Como él no tenía una formación académica de periodista –era un hombre de medios pero no periodista- resultó haciendo estas labores por su facilidad en el acceso, por ejemplo, a algunos jefes guerrilleros en su condición, al mismo tiempo, de funcionario del Estado que mediaba en algunos secuestros.

Se llegó después a elucubrar, incluso, que su muerte se trataba por un lío de faldas, de amores, del síndrome de Estocolmo; donde la víctima, una niña joven, se enamoró del secuestrador y el papá se dio cuenta de que Jaime Garzón tenía que ver en eso y lo mandó a matar… En fin, se tejieron todo tipo de historias, cuando hoy el país sabe que la verdad fue una sola: a Garzón lo asesinaron los paramilitares. Eso ya está absolutamente reconocido.

Y otra reflexión que se sacó de esa experiencia es que nosotros los periodistas trajinamos con los hechos de la muerte y de la vida permanentemente. Esos son los grandes temas de la humanidad: Dios, la muerte, la vida, el amor, el odio, las armas. Toda la literatura y el periodismo están llenos de ello. El problema es quedarse en ese registro y no ir más allá. A nosotros en Radionet la muerte nos tomó y nos tocó de cerca. Desde lo de Guillermo Cano, asesinado por el narcotráfico en los 80 saliendo del diario El Espectador no se había vivido en el periodismo un crimen tan grande como el de Garzón, a cinco cuadras de la emisora.

Aunque él lo presintiera un poco por la persecución que había en su contra por su manera de decir las cosas con ironía, y también por su labor de mediador en secuestros, y además, por su amistad no negada, si no más bien un poco evidente con sectores de  izquierda, la derecha lo mandó a asesinar. Pero más allá del análisis político alrededor de su crimen y de lo judicial, también hay un análisis de vida, uno filosófico: si la muerte nos tocó de cerca con el asesinato de Jaime Garzón, eso quiere decir que los periodistas somos vulnerables. En este país y en cualquier lugar del mundo, como Rusia, la guerra en Afganistán, en Irak, los periodistas han sido vulnerables y pasaron, incluso, como rehenes  a pesar de las súplicas mundiales para que no los mataran. Eso nos lleva a reflexionar que la vida no es de nosotros, ni siquiera de la misma información ni de la verdad. Somos unas personas a las que la sociedad nos ha dado el mandato tácito de defender los intereses de esa misma comunidad y la verdad objetiva. No me quiero imaginar un país sin un periodismo que destape cosas. Pero a veces los periodistas creemos que ese es un derecho ganado per sé y que somos los dueños absolutos de la verdad. No somos dueños de nada, ni de la vida. Para los creyentes, como yo, es Dios el dueño de la vida. Muchas veces a los periodistas colombianos nos han acusado de ser insensibles, de ser como los cuervos al lado de un cadáver mirando a qué hora se puede comer. Eso tampoco es tan cierto. En foros he insistido que no somos buitres, sino personas con sentimientos, consideraciones y razones, pero a veces se cae en ese tipo de actitudes.

Con la muerte de Garzón hubo una sensibilización interesante para muchos de nosotros porque la muerte nos golpeó en la casa, pero además, porque debe haber un ejercicio de memoria. No es el hecho de tenerla para ser inmortales, sino para constatar que hemos vivido, que hemos pasado por allí y que ese paso no fue infructuoso. Debe quedar una herencia espiritual y fáctica para las nuevas generaciones registrada en la prensa, porque lo que no se registra, no existe. A pesar de la tragedia y del dolor que produjeron, esos asesinatos han marcado una mella en los colombianos, en especial en los periodistas para decir “a ver, pellízquense”. Es lo que decía García Márquez, que los periodistas somos los notarios de la historia. No con la pretensión de escribirla, sino de contarla, porque infortunadamente la historia la escriben los ganadores, y en Colombia es triste ver que la hacen los delincuentes, como dijo Héctor Abad Faciolince en una columna.

Otra reflexión. ¿Debemos seguir entrevistando delincuentes? Claro, el país no es tonto ni va a tragar entero, pero en río revuelto ganancia de pescadores.

La muerte de Garzón sirvió para hacer ese ejercicio de memoria y debe seguir fortaleciéndose. (Estupiñán-2007)