Edición 380

Perros y amistad, los sables de Pérez Reverte

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Lluvia torrencial que presagiaba la tormenta eléctrica que se abatiría después sobre Buenos Aires, era la antesala para el ingreso a la sala Jorge Luis Borges, donde muy en punto se escuchó a la presentadora oficial anunciar el arribo de Arturo Pérez Reverte, y para presentarlo introdujo (mal, le dijo González) al periodista Jorge Fernández Díaz, su amigo.

Sencillo como el que más. No todo el mundo es miembro de número de una academia de la lengua y menos de la española, así que si el tipo sabe algo es de las letras. Y pese a su cancha, se notaba la incomodidad propia de quien, como periodista, estuvo durante 21 años tras las barricadas en las guerras del mundo y de un lado de la barda, y ahora era el centro de atención, en el otro. Los atronadores aplausos se desagarraron.

Sonrisa a flor de boca y comenzó una charla desconectada de todo prejuicio y solemnidad. Dos amigos que durante 25 años han estado lado a lado, y que todos los encuentros que tienen son un eterno preparar, de sus obras, de sus obsesiones, de sus vidas.

Confesiones que comenzaron con El Húsar, la primera novela del español que pasó sin pena ni gloria, pero que era la punta de su imaginario literario, al recoger la historia de su tátara tátara abuelo (el abuelo de su bisabuela) que fue soldado de Napoleón Bonaparte. Desde allí, y de explicar la diferencia entre espada y sable y cómo se usaba en las cargas de caballería, fue la estocada para todos los asistentes que allí estábamos.

Especialmente cuando escuchamos de su propia boca que es un coleccionista obsesivo de sables (más de 130 en su casa, todos documentados) y que ese fue el comienzo de lo que vendría después y de configurar a su personaje más icónico, el capitán Diego Alatriste, del Tercio Viejo de Cartagena o los soldados del imperio español y su lucha contra los holandeses en Ostende, por ejemplo.

Llega la fama con la Tabla de Flandes y unos cuantos libros más de Alatriste, donde la historia novelada y el relato novelado se mezclan con la ficción, el misterio y la novela negra por supuesto: crimen y expiación. Ni hablar de las claves del Pérez Reverte periodista, como corresponsal de guerra y esa confesión hecha grito como Territorio Comanche, que llegó también al cine y producida en España. "Fue mi libro más autobiográfico", afirmó con un brillo en la mirada, de nostalgia, de dolor guarango de bandoneón, como diría Borges.

Su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires se organizó por su casa editorial Random House para el lanzamiento en Argentina de su nueva novela, Eva, la segunda parte de una nueva saga, que inició con Falcó, y donde la historia es un pretexto para volver a narrar: esta vez en la guerra civil española, donde el amor se teje entre un personaje duro como Lorenzo Falcó y Eva, agente y asesina comunista.

Aquí un mensaje de Pérez Reverte en video sobre la novela y para quien la lealtad y el valor son sus principios fundamentales, como los expuso en su novela Los Perros Duros No Bailan, que aún no llega a Argentina.

"Los perros y la amistad son mis sables", concluyó, en medio de los aplausos a rabiar de los asistentes a su charla. Luego pasó al stand donde firmó tranquilo y sonriente todo lo que le llevaban. La fila fue interminable.