Edición 385

Clubes de barrio: el origen

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Boedo es uno de los barrios tradicionales de Capital Federal. No solo por ser la cuna del equipo de fútbol San Lorenzo, la esquina del poeta, periodista y artista, Homero Manzi –referente del tango- y por los miles de inmigrantes que llegaron a sus cuadras, casonas, conventillos, como en otras localidades, como en toda la ciudad inmigrante.

Y entre las confiterías, rotiserías, panaderías, parrillas, las familias salen en grupo a comprar lo indispensable para el asado del domingo, o para acompañar a los niños a las decenas de clubes deportivos que se renuevan con las generaciones.

Si alguien se sigue preguntando por qué esta ciudad tiene prácticamente un estadio de fútbol en cada barrio, cinco categorías profesionales de primera, y cientos de equipos en todo el país, se debe a la acción que los grupos de migrantes adelantaron una vez se instalaron en lo que hoy son barrios más que centenarios.

Esos inmigrantes se hermanaron y construyeron, además de sus casas y un futuro, y nación, los barrios y los centros donde reunirse a tener vida social: bailes, actividades sociales y por supuesto deportivas. Entonces, en esos terrenos levantaron sus primeras canchas de tierra, las encerraron con malla, construyeron las graderías en madera... Y de resto es historia: River, Boca, Racing, Huracán, Independiente, San Lorenzo tuvieron historias más o menos parecidas hace más de un siglo.

Y es en Boedo donde encontramos Buenos Aires Sur, club social y deportivo que lleva 11 años de trabajo por los chicos el barrio. Allí se juega los fines de semana los partidos de una de las tantas ligas que existen de "Baby fútbol", los primeros equipos y de donde salen para integrar las categorías inferiores de los equipos profesionales. Stella, su directora, comentó al Buque que su tarea es que los chicos tengan un lugar donde aprender y alejarse de los peligros que supone las calles.

"Me vincule a esta forma de colaborar porque me gusta. Es mi forma de vida y me hace vivir: tengo 60 años y compartir con ellos me hace bien. Es lindo cuando camino y me dicen 'allá va la directora', y nada que ver, si no soy maestra".

Recuerda además que niños que iban al club a jugar, hoy regresan con sus hijos. Es una tradición que se hereda.

De igual manera pensó Gustavo, administrador del bar (cafetería) donde el café, las facturas y las tortas de ricota son indispensables para picar, antes de ver a los niños correr en la cancha de baldosa.

"Mirá, el club se llamaba Boedo Junior y el bar existe desde ese momento, hace cerca de 30 años. Pero fue modificado y arreglado desde que somos Buenos Aires Sur. Tengo dos hijos que juegan acá y les insisto que vengan siempre, que tengan ese sentido de pertenencia. Para mí, el resultado es secundario; que vengan a divertirse y salir un poco de la calle".

Gustavo afirmó que es de otro barrio pero lleva veinte años viviendo en Boedo y que lo de los clubes ha crecido en los últimos años. "Mirá, en la zona por la calle Cochabamba, donde estamos, hay otros más, como el Martín Fierro y el Kugón, que aunque no jugamos por ahora, al tratarse de diferentes ligas, hacemos clásicos de barrio. Es lindo cuando al hablar del barrio no solo se hable de San Lorenzo, sino de estos clubes donde formamos jugadores. Circunstancialmente trabajo en el bar, pero traigo a mis nenes acá, uno se retira este año, a la edad de salir que es a los 13 años, y el otro juega dos años más".

Agregó que tratan de integrar a la familia y que siempre esté presente, a través de fiestas, actividades con Taekwondo, Zumba, Voléibol y no perdió tiempo para enviar un mensaje a Colombia.

"Un saludo a todos los hermanos colombianos, soy gran fanático de su fútbol con el profe Pékerman y me pongo contento con su juego", apuntó.